jueves, 11 de julio de 2013

Buenas noches. ¡Ay, cómo te quiero!






He tenido la suerte de contemplar un ¡Ay, cómo te quiero! Un beso en el cuello. Las manos que se entrelazan. Las sonrisas que saltan al mundo sin hacer ruido y que se encuentran en un camino sencillo. El estar a gusto. Las risas que coinciden en el tiempo. El tiempo que se para. La eternidad que se hace real. A mí se me enternece el ánimo. Estoy solo, frente a ellas, escribiendo desde antes de que llegaran. Ellas, ajenas a mí, pero yo, sintiendo que ellas todavía no son normales para mucha gente en este mundo. Miro por la ventana. La gente sigue de fiesta, más o menos vestidos, más o menos ruidosos, pero aquí, a mi lado, dos mujeres están viviendo su profunda fiesta y se están diciendo sin aspavientos, con palabras sencillas, que se quieren. Sus miradas destilan amor, ternura, vida. Las manos que acarician se extienden hacia los brazos con suavidad, con una exquisita delicadeza, como sin querer que se note demasiado. Luego, bajan a las piernas. Hay un beso pedido que se concede con rapidez, con mucho cariño, con un cruce calidísimo de miradas y con alegría. ¿Quién puede ir contra esto?

A ti no te van a pedir besos esta noche cuando te entregues al sueño, pero tú deberías darlos a todas aquellas personas a las que sabes que les vendría bien. Hazlo. Tu mente te lo agradecerá. Y ellas, también. Buenas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes expresar aquí tu opinión.