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viernes, 17 de noviembre de 2017

Buenas noches. Violaciones



Creo que, en lugar de limitarnos a mostrar nuestra pena y nuestra solidaridad con las mujeres víctimas de la violencia de género, el mensaje que habría que difundir debería ser de este tipo:

“Hombre: Eres tan ser humano como cualquier mujer. No tienes ni más derechos ni menos que las mujeres. Tienes que respetar escrupulosamente a todas y cada una de las mujeres. No eres nadie para obligarles a que satisfagan tus deseos. No puedes tratarlas como si fueran inferiores a ti, porque son iguales que tú. Entérate bien: Ninguna mujer está a tu servicio, ni siquiera tu pareja.Ser hombre no te da ningún derecho a tratar a las mujeres de forma irrespetuosa ni con palabras, ni con hechos ni siquiera con gestos. Debes saber que si haces algo de esto, estarás cometiendo una inmoralidad. Si esto no lo entiendes, al menos, que sepas que te pueden denunciar por tratar así a una mujer. Todos y todas somos iguales en derechos. Te lo repito: Todas y todos somos iguales. Aprende a ir por la vida como un ser humano y no como un animal.Y si te empeñas en creerte superior y en actuar como un machista, somos cada vez más quienes vamos a procurar que caiga sobre ti todo el peso de la ley”. 

Buenas noches.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Machistas: seres inhumanos que hay que denunciar



Ana Pérez Cañamares cuenta este breve, pero intenso, relato del sufrimiento de muchas mujeres en las que, junto al mundo en el que viven con todos, surge otro mundo, que se ven obligadas a vivir en la intimidad y del que hay que ayudar a que salgan.

Hay que condenar rotundamente la conducta de estos seres irrespetuosos que manejan a las mujeres a su gusto y que causan un daño enorme, con tal de obtener su propio placer. No basta con lamentarse con las víctimas: hay que denunciar a los machistas. Y hay que reeducarlos.

"La primera vez que me tocaron contra mi voluntad debía de tener nueve o diez años. Iba en el metro, con mi madre, en un vagón lleno. En un momento dado noté que alguien me tocaba el culo y las piernas, mientras me levantaba la falda. Recuerdo que no dije nada, ni una palabra. Me quedé tiesa como un palo, inundada por sentimientos de miedo y culpa (¿me estarían tocando por aquella falda que me había cosido mi madre, era demasiado corta o transparente, qué había hecho yo para que aquello sucediera, qué me haría aquel tipo si yo osaba delatarlo?). Recuerdo que me obsesionó la idea de que mi madre no se enterara para que no me regañara o para protegerla de no sabía muy bien qué. Así que aguanté callada mientras me manoseaban, hasta que bajamos del vagón. Y ni siquiera entonces pude decir nada. Mi madre nunca se enteró

Cuento esto porque he visto en el telediario que a la chica violada por La Manada, el abogado le ha preguntado si intentó zafarse. Cinco maromos curtidos en gimnasio te empujan a un portal y tú tienes que intentar zafarte para que te crean. Tienes que ser una mártir, tienes que vencer tu miedo a que te apaleen, tienes que defenderte aunque temas por tu vida, aunque estés en shock y no puedas ni moverte ni gritar. Y por si eso fuera poco, se ha admitido como prueba el informe de un detective sobre la actividad de la chica los días posteriores. Si fue a comprar el pan normalmente, si sonrió, si te tomó una caña con las amigas.Si intentó seguir con su vida en vez de ceder al llanto o pensar en suicidarse o qué sé yo.


Y recuerdo mi silencio en el vagón y el silencio de después. Como seguí hablando y sonriendo a mi madre a pesar de sentirme sucia, asqueada.


Y por aquella niña de nueve o diez años, y por la chica violada, ahora tiemblo de rabia. Miserables ellos. Miserable esta sociedad que no se espanta, sino que lo consiente y lo ampara."

sábado, 23 de septiembre de 2017

Buenas noches. Historias de este país / 2



En otra ocasión tuvimos que esperar un buen rato en la parada de un autobús. Estábamos en una avenida amplia, con cuatro carriles, dos en cada sentido, separados por una isla de peatones con árboles y plantas. Detrás de la parada había un bloque enorme de viviendas, de esas que llaman pomposamente 'una urbanización', con una piscina y unos jardines en su interior. Caía un sol de justicia.

De repente, de la llamada urbanización salió una pelota grande, verde, que voló cerca de nuestras cabezas, botó en los primeros carriles, por los que en ese momento no pasaba ningún coche, y fue a perderse en la isla de peatones o más allá. En seguida salió del bloque de viviendas un niño de seis o siete años, de ojos azules, rubio y con cara de ser el hijo del dueño del mundo, dispuesto a recuperar la pelota. Le advertí de que tuvieran cuidado con lo que estaban haciendo, porque estaba en peligro la seguridad de los peatones que estábamos allí. Sin cambiar la fría expresión de su rostro me dijo algo que me pareció que sonaba a 'Lo siento', recuperó la pelota y volvió a adentrarse en la llamada urbanización.

En la parada del autobús estaba también una señora mayor, que lucía un cuidado peinado en su cabello rubio. Algo debió de olvidarse la señora en su casa porque decidió volver por donde había venido. Nada más salir de la marquesina que cubría la parada, volvió a surgir del interior de la urbanización la misma pelota que, en su vuelo veloz, pasó rozando la cabeza de la señora. Al instante salió el mismo niño que antes había dicho que lo sentía, o algo parecido, el cual, sin mostrar el menor rasgo de arrepentimiento ni un atisbo de propósito de enmienda, había seguido jugando con la pelotita y dando rienda suelta a sus apetitos más primarios. Me pareció que el cinismo y la desvergüenza de los que hacen gala ciertos personajes dedicados al gobierno de este país habían prendido con fuerza en la mente de ese pobre niño que ya, en su dulce infancia, apuntaba maneras. La señora, que había presenciado ya el primer vuelo de la pelota, reprendió al niño diciéndole que a ver si no se iba a poder salir a la calle sin el riesgo de que le dieran un pelotazo.

La señora se lo dijo gritándole, porque ante una agresión -aunque no fuera consumada- de este tipo, lo normal es reaccionar con una fuerte protesta. Al niño le dio igual porque se hizo de nuevo con la pelota y volvió con ella al refugio dorado de su urbanización. Pero, en cuanto entró, salió de ella otro jovencito, este de unos catorce años de edad física, alto, descalzo y con un principio de cresta en su cabeza rubia. Mirando fijamente a la señora, le soltó:
-Señora: a mi hermano no se le grita. Estamos en nuestra urbanización y en ella hacemos lo que nos da la gana.

Me vi obligado a intervenir, no solo en defensa de la señora, sino intentando que aquel maleducado en estado medio salvaje comprendiera que en su urbanización podían hacer lo que quisieran, pero que si eso afectaba a los peatones y a la calle, deberían dejar de hacerlo. Fracasé en mi intento, porque aquel ser antropomorfo, antisocial, que parecía un proyecto avanzado de individualista neoliberal y que no daba muestras de tener neuronas en funcionamiento no parecía salir del imperioso deseo de satisfacer sus propios apetitos y de su rechazo visceral a que nadie le llevara la contraria. Después de un intercambio inútil de palabras en las que el jovencito, como si fuera un aprendiz de leguleyo dispuesto a enrolarse en cualquier mafia en busca de beneficios fáciles, me argumentó -móvil en mano- que en su urbanización estaba prohibido jugar con un balón 'de reglamento' -ignoro a qué reglamento se refería, si al de fútbol, al de baloncesto o a otro-, pero no con una pelota de goma. Como el pobre chaval no había entendido nada de lo que le habíamos dicho ni la señora ni yo y ya estaba emprendiendo la retirada hacia su refugio, opté por decirle en voz alta:
-Lo que tienes que hacer es coger un libro y ponerte a leer.

A lo que, sin pensárselo dos veces, me respondió:
-Y tú lo que tienes que hacer es coger un móvil y aprender a usarlo.


Me hizo gracia la impertinencia del jovencito contestón y en mi fuero interno le agradecí la impagable imagen sociológica del país que me había ofrecido entre balonazos frustrados y diálogos imposibles.

Buenas noches.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Buenos días. Respeto



Es indispensable que aprendamos a vivir desde el respeto. 

Buenos días.


domingo, 6 de agosto de 2017

Buenos días. Prioridad



Antes de fijarte en su cuerpo, mira a ver qué idea tiene del respeto. Es mucho más importante. 

Buenos días.


sábado, 29 de julio de 2017

Buenas noches. Conciencia




Si fuéramos de verdad conscientes del inmenso valor humano, vital y cultural que se puede encontrar en una biblioteca, en un museo, en un teatro o en cualquier lugar que albergue obras de arte o en donde se cree arte, guardaríamos un respetuoso silencio y lo contemplaríamos como quien se pone delante de un tesoro. Pero para que esto ocurra hay que tener sensibilidad y conciencia del lugar en el que se está. 

Buenas noches.

sábado, 8 de julio de 2017

Buenas noches. Respeto



¿Quién habla hoy de respeto? ¿Dónde se habla hoy de respeto? ¿En las familias? ¿En las escuelas? ¿En la televisión? ¿En los medios de comunicación? Yo no oigo hablar del valor del respeto, de la importancia básica del respeto. Si no se valora el respeto, ¿cómo vamos a respetar a los otros, a los diferentes, a las mujeres, a quienes no piensan como uno, a los desconocidos? La barbarie se está adueñando de nuestras relaciones. Y sería tan sencillo que pusiéramos el respeto en el lugar más alto entre nuestros valores y que lo intentáramos justificar... 

Buenas noches.


domingo, 11 de junio de 2017

Buenas noches. Platos



Hay platos que, por la calidad que encierran y por el cariño con el que han sido realizados, merecen ser degustados con una atención exquisita, con modales que estén a su altura y con el respeto que se debe a todo lo que es amor revestido de cualidades sensibles. 

Buenas noches.


martes, 16 de mayo de 2017

Buenos días. Osadía 116




Atrévete a considerar el respeto a todo y a todos como el valor más importante en tu actuación en el mundo. 

Buenos días.

martes, 9 de mayo de 2017

Catetesis



A pasos agigantados estamos perdiendo el respeto hacia los demás, la conciencia de la propia dignidad y el sentido del ridículo. 

Es una catetesis colectiva y rápida.

viernes, 14 de abril de 2017

Buenos días. Osadía 84


Atrévete a cumplir las normas de tráfico. 

Todas. 

Buenos días.


jueves, 13 de abril de 2017

Buenos días. Osadía 83



Atrévete a respetar los derechos de todos y de todas, porque todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. 

Buenos días.

viernes, 24 de marzo de 2017

Buenas noches. Respeto


El respeto suele estar más cerca del silencio que de la verborrea. 

Buenas noches.


miércoles, 22 de marzo de 2017

Buenas noches. Amistades



Aunque la amistad sea, a veces, imposible, no se deberían perder ni la sonrisa ni el respeto. 

Buenas noches.

lunes, 27 de febrero de 2017

Buenas noches. Interrupciones



Una de las formas más irrespetuosas que podemos ejercitar con las personas es interrumpirlas cuando están hablando. 

Buenas noches.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Buenas noches. Vivir


Sin libertad, no hay amor. 
Sin igualdad, no hay amor. 
Sin respeto, no hay amor. 
Sin confianza, no hay amor. 
Sin nobleza, no hay amor. 
Sin amistad, no hay amor. 
Sin crecimiento, no hay amor. 
Sin alegría, no hay amor. 
Sin generosidad, no hay amor. 
Sin amor, nada merece ser vivido. 

Buenas noches.


martes, 24 de enero de 2017

Buenas noches. Ética



El orgullo, la soberbia, los deseos discriminatorios, la ausencia de respeto, la codicia, los intereses particulares, todo lo que caracteriza a la derecha conservadora y retrógrada degrada la política y la convierte en un negocio público, más o menos disimulado, pero que todos podemos ver. El problema de fondo no es tanto que la política sana y democrática quede destrozada, sino que lo que queda hecha trizas es, una vez más, la ética, que, se quiera o no, es el alma de la sociedad. Y, con la ética, el ser humano. 

Buenas noches.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Buenos días. Convivencia


El respeto es la base sobre la que se puede construir la convivencia. 

Buenos días.


lunes, 7 de noviembre de 2016

Buenas noches. Apuntando



La educación, el sistema laboral, el trato a las mujeres, la consideración de los diferentes, el respeto a los demás, el uso de lo público, la relación con la Naturaleza, la valoración de la cultura: todo parece que apunta a lo salvaje. 

Buenas noches.

viernes, 21 de octubre de 2016

Buenos días. Respeto




El respeto a las personas -no a las ideas, que siempre deben ser criticadas- es síntoma de grandeza. 

Buenos días.