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sábado, 2 de julio de 2016

Buenos días. Necesidades




Las necesidades nos hacen débiles, especialmente la necesidad de éxito. 

Buenos días.

jueves, 17 de marzo de 2016

Buenos días. Debilidad


Fragmento de una obra de Marina Núñez.

La debilidad se convierte en fortaleza con el esfuerzo. 

Buenos días.


lunes, 14 de diciembre de 2015

viernes, 4 de julio de 2014

Buenas noches. Están convencidos




Oyes hablar a algunas personas y parece que están absolutamente convencidas de lo que dicen. Ni una sombra de duda. Ni una mueca de debilidad. Qué desgracia tienen. Buenas noches.

jueves, 15 de mayo de 2014

Buenas noches. La sonrisa




La fuerza del ser humano bueno está justamente en donde quien no es noble cree que está su debilidad: en su sonrisa. La sonrisa les descoloca siempre. Buenas noches.

viernes, 19 de octubre de 2012

Mirando por la ventana. Viento




El fútbol y la tele te comieron la vida y te dejaron tan débil que te doblabas ante cualquier viento que apareciera.

jueves, 13 de enero de 2011

El centro del mundo




Jack tiene la costumbre y la necesidad de sentirse el centro del mundo. Quiere que todo marche a su compás. Considera que es el rey de todo lo creado y, de hecho, habla así, se sienta en donde cree que se sienta el rey, se considera el jefe, manda, controla, dispone, juzga y vive como si todo el universo girara a su alrededor. El día que se dé cuenta, porque se dará cuenta, de que no es el centro del mundo, incluso de que el mundo no tiene centro, va a agarrar un colocón metafísico-psicológico que no se lo va a quitar de encima ni rezando. Y es que la debilidad produce grandezas huecas, ridículas y molestísimas.

martes, 14 de septiembre de 2010

Debilidad




Tenía el cielo a su lado, pero no lo veía porque no lo miraba. En realidad, no era capaz de mirarlo. El infierno de la obsesión, del fanatismo, de la fijación, de la imposibilidad de apoyarse en sí mismo y, a la vez, la necesidad de identificarse con los posibles éxitos ajenos le impedía gozar con lo que seguramente le podría proporcionar verdadero placer. No tenía más que cerrar los ojos para no ver lo que veía y alargar la mano, para encontrar algo distinto de aquello que era lo único que observaba desde hacía tanto tiempo. Pero no podía ser. Su debilidad humana se lo impedía.

viernes, 23 de abril de 2010

Miedo


Insisto en el tema del miedo. Lo he explicado también en clase. Toda la educación tradicional está organizada en torno al miedo. Le llamaban temor de Dios, pero no era más que vivir temiendo que todo terminara en la condena eterna del infierno, en lugar de en el paraíso. Si no vivías de una determinada manera, poco excitante y nada apetecible, podías acabar mal tus días. Te pintaban un infierno inhumano, con tormentos eternos y sufrimientos insoportables. Cuando ya te habían inoculado el gran miedo, comenzaban con los miedos más cotidianos. Miedo a tu padre, más que a tu madre. Miedo a las autoridades, a los profesores, al qué dirán, a los vecinos, a la gente, a cualquier cosa. Se trataba de crear seres dóciles, sin capacidad de protesta ni de reivindicación, cuyo móvil para actuar fuera siempre acompañado por el miedo.

Lo peor de todo era que no actuabas por convencimiento, porque tu razón te impulsara a hacer tal cosa o a encaminarte en determinada dirección, sino que todo lo hacías por miedo. Estudiabas por miedo, te relacionabas con miedo, te divertías con miedo, decidías con miedo y terminabas dándote miedo de no tener miedo en alguna ocasión.

Cuando decidías –si lo decidías- quitarte el miedo de encima, te dabas cuenta de que lo que habían tatuado en tu alma desde tu tierna infancia era prácticamente imposible de quitárselo del todo. Si haces que lo primero que vea un pato recién nacido sea un pato de trapo, pensará durante toda su vida que ese muñeco es su madre y no se separará de él. Es una impronta que le durará toda su vida. Así ocurre con el miedo.

No le metas a tu hijo el miedo en el alma ni, mucho menos, a tu hija. Hazlos fuertes. Acostúmbralos a que actúen por convicciones y no por miedos. Búscate tú también los miedos en tu interior, ponlos debajo del tacón y písalos con toda la fuerza que te den tus ganas de vivir. Que no te dé miedo hacerlo.