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domingo, 26 de febrero de 2017

Buenas noches. Iguales


No se trata de ser hombre, sino de ser persona. 
No se trata de ser mujer, sino de ser persona. 
No se trata de que lo masculino sea superior a lo femenino ni de que lo femenino predomine sobre lo masculino. 
Se trata de que todos y todas seamos personas iguales con iguales derechos. 
Lo contrario está en la base del machismo y de su posible consecuencia, la violencia de género. 

Buenas noches.


lunes, 27 de abril de 2015

Buenas noches. Fotografía




Me gusta la fotografía. Me gusta descubrir lo que encierra la realidad y que puede que no se vea a simple vista. Me gusta descubrir la belleza que hay en las formas, en los colores, en las expresiones, en la Naturaleza, en las ciudades, en la vida. 

Me gusta fotografiar cuerpos, esos templos de curvas, de geografía carnal, de miradas y sonrisas llenas de vida, de posturas posibles e imposibles. 

Pero me sorprende que el noventa y muchos por ciento de las fotografías de cuerpos que encuentro sean de mujeres. A mí me gustan mucho más los cuerpos de las mujeres que los de los hombres, pero ¿cómo se ve este asunto desde el punto de vista de las mujeres? 

¿Acaso no ven belleza en los cuerpos de los hombres? 

¿Por qué a la hora de fotografiar desnudos acudimos siempre a un cuerpo de mujer? 

¿Es que la fotografía está colonizada también por el machismo? 

Me gustaría que me dijeras algo, tu opinión, sobre este asunto. 

Buenas noches.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Buenas noches. No lo entiendo




Lo que menos entiendo de algunas mujeres es cómo son capaces de enamorarse de ciertos hombres. 

Buenas noches.

lunes, 26 de mayo de 2014

Lo que veo cuando miro. Dioses




Cuando los dioses son más importantes que los hombres, me parece que es que algo empieza a ir mal. Buenas noches.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Buenas noches. El modelo divino




En esta gran obra de teatro que es el mundo no hay papel que esté peor diseñado que el de los dioses, el del dios de cada cual.

Los dioses crearon, según dicen, todo este escenario en el que estamos, pero, vistos los resultados, parece que lo hicieron de cualquier manera y como a la ligera. Algunos de los seres creados, posiblemente en espera de alguna prebenda, dijeron una vez que eran dioses buenos, y es verdad que, si creemos lo que dicen los papeles, hubo una época en la que bajaban a este mundo cruel y le cantaban las cuarenta o le cortaban de un tajo el cuello a cualquier ladrón, asesino, cretino, lentejero o traficante de maldades que se encontraban por allí. Pero llegó un momento en el que parece que se cansaron y ahora permanecen impasibles ocurra lo que ocurra, aparezca la maldad o no lo haga. Durante siglos, muchas criaturas, incluso los representantes oficiales de estos dioses, han maltratado a las mujeres, a los sabios, a los demócratas, a los pobres y a los adversarios, pero sus divinidades lo han tolerado todo sin rechistar.

Y es que los dioses, salvo algunas escasas, aunque espectaculares, apariciones posteriores, se fueron pronto de vacaciones y aún no han vuelto. Muchos humanos se han dado cuenta de que esto de los dioses tenía aspecto de ser más bien una gran estafa mundial y se han olvidado de ellos. Otros, más temerosos y más dados a la creencia fácil que al laborioso saber, aún albergan la esperanza de que aparezcan algún día, aunque tampoco dé la impresión de que tengan claro para qué.

Lo peor de todo es que cada vez a más personas les gusta esto de las vacaciones largas, del no hacer nada, aunque se caiga el mundo a pedazos, de la insensibilidad profunda mientras se esfuma la vida y el futuro. Ni se les ve ni se cuenta con ellas para nada. Han copiado espléndidamente el modelo divino.

Buenas noches.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Buenas noches. En otras manos





Desde que el ser humano apareció en la Tierra, toda la organización social, económica, ideológica y política, todo el pensamiento, la cultura y la justicia han estado en manos masculinas. Toda la porquería actual tiene el sello masculino. En mi opinión, ya va siendo hora de ir poniendo todo esto en manos de los jóvenes y de las mujeres. Es la única esperanza. Buenas noches.

jueves, 12 de julio de 2012

Dioses, hombres y desastres



Cuando los hombres se inventaron los dioses, ni su ignorancia ni su escaso grado de desarrollo les permitía vivir con el mínimo de seguridad que el ser humano requiere para desenvolverse con un cierto sosiego sin recurrir a esas creaciones divinas. El único precio que pagaron por esta osadía fue el de la fe en ellos.

Eran aquellos hombres y mujeres, en general, buenos, rudos y poco evolucionados, pero nobles. En los dioses que creaban proyectaban sus propias virtudes, elevadas al infinito, y depositaban sus esperanzas en forma de un futuro feliz.

Pero la vida es muy dura. La lucha por la existencia desgasta mucho y va degradando al ser humano, quitándole cada vez una porción mayor de buena voluntad y, consecuentemente, rebajando la calidad de las divinidades creadas.

Aquellos hombres antiguos eran capaces de representarse a sus dioses como todopoderosos jueces que sometían a los hombres a las pruebas más extremas. como cuando uno de ellos puso a prueba la fe de un principal del grupo ordenándole que diera muerte a su hijo. El pobre hombre, abrumado ante la omnipotencia de su dios, se dispuso a hacer reales los deseos caprichosos de su señor, pero entonces, éste, haciendo uso de las virtudes honorables que le habían atribuido, como la misericordia y la piedad, le detuvo la ejecución poco antes de que llegara a su término. Los humanos interpretaban este suceso diciendo que su dios apretaba, pero no ahogaba, y profiriendo twits parecidos, pero todo se movía dentro del marco de una función en la que se palpaba un clima de una cierta bondad y de un posible plan con final feliz.

Los hombres modernos y sus dioses se han convertido ahora en otra cosa. La categoría moral de los dioses antiguos ha dado paso a unos becerrillos de oro, no se sabe si de ley o no, a los que suelen referirse cada vez más como "los mercados". En realidad, no son más que dinero, pero son seres invisibles, como todos los dioses, con una omnipotencia muy parecida a la de los antiguos, aunque sin que su personalidad esté adornada nada más que por la codicia.

Los mercados gobiernan en el mundo como lo hacían antes las primeras grandes creaciones humanas. También ahora hay sacerdotes y ministros, unos más sabios que otros, unos con más fe que otros, unos con más grandeza que otros. Estos individuos, como casi siempre, se siguen arrogando el poder de interpretar en exclusiva los designios divinos y de imponer a sus súbditos, sean fieles o no, las apetencias de la mercadería suprema.

Pero los mercados y sus sacerdotes no son buenas cosas. En la evolución hacia atrás del mundo, del hombre y de sus divinidades, la ancestral misericordia, la piedad reconfortante y la salvación feliz, final y eterna se han perdido. Los dioses ya no se apiadan de los hombres, porque estos dioses actuales no son fruto del imaginario creativo humano, sino de su estupidez y de su voluntaria y abrazada ignorancia. Los dioses de este siglo aprietan y ahogan. Sus sacerdotes ya no son esos reconfortantes hombres que ayudaban a sufrir las penas con entereza y con esperanza, sino crueles ejecutores de los designios divinos, incapaces de pararles a los hombres en el último momento su brazo exterminador.

El hombre del mundo de hoy, con una vida edulcorada con fantasías vacuas y con la manía permanente de huir de su realidad, camina sin sentido y sin rechistar desde la nada a la miseria, obedece cándidamente a sus dioses y se autodegrada fatalmente porque ha perdido la más humana de sus virtudes: la conciencia.