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jueves, 1 de diciembre de 2016

Buenas noches. Amiguismo




Eran débiles y les gustaba el poder. No vieron otra manera de vivir sus contradicciones que practicar el amiguismo. Creían que sólo ellos tenían la verdad y el derecho pleno a existir. Los demás, mientras los aceptaran y les apoyaran en sus juicios y en sus caprichos, podrían sentirse seguros. Fueron creando un grupo aparentemente cohesionado, pero aislado de quienes tenían criterio, de quienes eran más fuertes, de quienes tenían más razones. Hacían mucho daño, pero no lo sabían. Hacían mucho el ridículo, pero tampoco tenían conciencia de ello. Aunque transigieran con su estilo, nadie, salvo ellos, los valoraba positivamente, pero tampoco se daban cuenta. Estaban solos, pero, como sólo se miraban a sí mismos, se sentían acompañados y seguros. Pasó el tiempo y se quedaron en la soledad de los idiotas, de los que están fuera. Hicieron intentos por salir de su núcleo para que los demás los reconocieran, pero fracasaron. Estuvieron toda la vida fraguando su aislamiento y terminaron solos. Eran unos estúpidos suicidas, pero nunca cayeron en la cuenta. 

Buenas noches.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Buenas noches. Aislantes


Los auriculares, el móvil, el ordenador, la playstation, la televisión, los lenguajes de argot, hablar a gritos, la música a un volumen altísimo, la música cansina y repetitiva, el acoso, la sobreprotección, el exceso de trabajo, el incumplimiento de las normas, el individualismo y la falta de empatía nos pueden aislar de la sociedad. 

Incluso, pueden causar repulsión. 

Buenas noches.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Buenas noches. Lazos



Una cosa es la soledad, que estriba en no tener a nadie a quien querer, y otra es el aislamiento, que consiste en romper los lazos que nos unen con la realidad, con el mundo en el que estamos. 

Me parece que es cada vez más frecuente que se rompan los lazos que nos invitan a darle algo al mundo, pero no los que nos permiten recoger lo que el mundo nos aporta. 

Buenas noches.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Buenas noches. Aislamiento



Llevaba los auriculares incrustados en las orejas y el móvil en la mano. No le perdía ojo. Tampoco parecía que lo que ocurriera en el mundo le interesara mucho. Era alto, grande y fornido. Se levantó del asiento sin mirar la barra que, cerca del techo, bordeaba el pasillo para que los viajeros se agarraran a ella. Se dio un golpe tal en la cabeza que le dolió a todos los que íbamos en ese momento en el autobús. Debía de tener los huesos duros porque ni se inmutó. Siguió con su móvil, se bajó y no quitó el ojo de la pantalla.

Cuando nos bajamos del autobús, anduvimos y nos paramos en un paso de peatones. Había allí un tipo joven, pero sin auriculares. En su lugar llevaba unos cascos que daban la impresión de no dejar pasar ningún sonido del exterior que entorpeciera la audición de lo que en ese momento estaba disfrutando aquel ausente del mundo. También llevaba su móvil en la mano y su cordón auricular que lo unía al aparato materno. En su ausencia vital de la realidad, se había situado medio metro dentro de la calzada. Pasó un autobús por allí y no le cortó las uñas de los pies, todas a la vez, porque los dioses estaban de vacaciones. Ni se inmutó. Con una tranquilidad pasmosa, se echó un poco hacia atrás y se instaló en el borde de la acera.

Ella iba con unos pantalones blancos impolutos. Yo estaba en el metro, sentado en un banco del andén esperando que llegara el tren. Se acercaba a donde yo estaba, con sus auriculares instalados y su móvil en la mano. Algo hacía con su pulgar en él. Quiso sentarse en la otra punta del banco. En un tono algo elevado le dije ¡no!, porque había en esa zona una pintura roja, como hecha con un lápiz de labios. No me oyó. Se sentó y siguió con su maniobra manipuladora. Me olvidé de ella.

Era alto y metido en carnes. Iba por la acera con sus auriculares y mirando con mucha atención su móvil, en el que escribía algo que le tenía absorto. En su trayectoria vital por aquella calle había una cagada de perro fresca y de dimensiones considerables. No la vio, pero la pisó y se resbaló, con tan mala fortuna que fue a dar con su trasero en las inmediaciones de la deposición. No se enteró demasiado del incidente, porque siguió escribiendo, allí sentado, hasta que consideró que su discurso había acabado. Fue entonces cuando se dio cuenta y cuando exclamó: ¡Hostias, qué asco! Se levantó, se miró el pantalón y siguió con su móvil. De vez en cuando se miraba el trasero, pero pareció que se lo tomaba como si no le hubiera ocurrido nada.


Si quieres aislarte del mundo o si prefieres evadirte o si no quieres saber nada de lo que ocurre a tu alrededor, instálate unos buenos auriculares y pégate el móvil a la mano sin perder la vista de él. De lo que se trata es de salirse de este mundo con comodidad.

Buenas noches.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Buenas noches. Absortos




Entré y me encontré con unas caras de atención, de concentración y de aislamiento del mundo tales que por un momento creí que aquel vagón del Metro estaba lleno de frailes modernos vestidos de paisano y leyendo absortos sus devocionarios. 

Pronto me di cuenta de que en realidad eran simples viajeros que chateaban con sus contactos o que jugaban atentamente al Candy Crush. 

También pensé en el enorme parecido entre lo que hacían los frailes y lo que ejecutaban estos viajeros.

Buenas noches.

martes, 17 de septiembre de 2013

Elegancia 106




El teléfono móvil te comunica con una persona, pero te suele aislar de todo lo demás.