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domingo, 10 de abril de 2016

Un trabajo bien hecho




En un principio existía en España el bipartidismo. Luego, se creó la idea de que los dos partidos que existían eran lo mismo y que había que acabar con el bipartidismo. Se dijo que lo que había era viejo y que había que dar entrada a lo nuevo, dando por descontado que lo nuevo era ya bueno. Ingenuamente pensé que lo que se pretendía era que apareciera un pluripartidismo y que esta pretensión llevaría aparejada una voluntad de crear pactos que hicieran gobernable el país. Se rompió el bipartidismo y aparecieron múltiples partidos, unos más exigentes que otros, unos con más deseos de pactar que otros. Alguno de los partidos era tan exigente que, a pesar de tener una minoría que, benévolamente mirada, podía llegar a la quinta parte de la cámara, exigía que el país fuera gobernado con sus particulares criterios, pasando por encima de los del resto de partidos. Era como si prácticamente estos no existieran. Lo que parecía ser nuevo fue pronto evolucionando hacia lo viejo y, aunque no llegaba a identificarse con ello, iba manifestando vicios muy antiguos. Parecía que la inicial guerra contra el bipartidismo no era para que apareciera el pluripartidismo, sino para que irrumpiera un monopartidismo protagonizado por ellos. La exigencia era de tal fuerza que no les importó arriesgarse a que de nuevo pudieran mandar los que habían generado la situación que se estaba viviendo. Con independencia de la existencia del resto del país, que, lamentablemente, pensaba y votaba de manera distinta a ellos, querían que se gobernara como a ellos les parecía bien. No les importaba demasiado tampoco que se contradijeran con frecuencia, que rompieran por su cuenta las negociaciones, que la democracia sufriera con su actitud y que el posible pacto entre varios fuera con ellos una misión imposible. Era como si su razón se pudiera y se tuviera que imponer, por ser suya, por encima de las demás razones. Así el país ha ido pasando del desgobierno al imposible gobierno. Un trabajo bien hecho.

viernes, 26 de febrero de 2016

Lo que veo



Yo creía que el deseo de acabar con el bipartidismo respondía a una intención de abrir el abanico ideológico español a nuevas opciones, con las que habría que lograr tanto gobiernos con mayor representación, como pactos estables, en los que hubiera acuerdos en asuntos básicos y comunes.

Pronto me di cuenta de que esto no era exactamente así y que lo que comenzaba a aparecer eran ciertas actitudes exclusivistas, que se consideraban portadoras de la única solución posible y que descalificaban cualquier otra opción que no fueran las suyas. Estas intenciones, situadas a ambos extremos del espectro político, no veo que logren expresar con claridad un deseo de establecer pactos, sino, más bien, algo así como la intención de llevar a cabo la imposición de los propios criterios, aunque para ello los demás tengan que doblegarse o desaparecer del mapa. Ya hemos tenido ocasión de vivir esta actitud desde el gobierno de la derecha durante cuatro años, con la herencia de destrucción que nos ha dejado, y ahora parece que desde el otro extremo se apuntan maneras en el mismo sentido.

No veo la menor intención de pactar en algunos sectores. Por poner un ejemplo, ¿se imagina alguien un pacto educativo en España, en el que participaran el PP y Podemos, además del resto de partidos? Yo, tal como están las cosas en la actualidad, no.


Roto el bipartidismo, me parece que lo que hay que plantearse en serio es si queremos una especie de gobierno de coalición, en el que entren todos, aportando y cediendo, y en el que vayamos avanzando todos, aunque sea poco a poco y trabajosamente, o si queremos una especie de revolución que, si es lenta, será, con la dispersión actual, a costa de que siga gobernando la derecha, y si es brusca, no quiero ni imaginarme en qué pueda consistir. Puede que esté equivocado, pero esto es lo que, con preocupación, veo.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Lo que veo cuando miro. El partido único



Comenzaron queriendo echar abajo el bipartidismo. Pensé que pretendían una situación a la italiana, con varios partidos que se las ingenian para gobernar, aunque cuando lo consiguen dure poco la legislatura. Yo no le veía la gracia ni la eficacia a la medida, pero era esto lo que decían.

Cuando pensaba que lo que buscaban era un pluripartidismo, empezaron a difundir que PP y PSOE eran lo mismo. Supongo que lo decían porque con un gobierno europeo dominado por el neoliberalismo de la derecha y por los ricos del Fondo Monetario y del Banco Central, en ningún país se puede ser alegre y libremente de izquierdas. Véase lo ocurrido en Francia y lo que está ocurriendo en Grecia. El PSOE se vio obligado en su momento a hacer concesiones para que España no fuera intervenida y eso lo interpretaron como que pretendía lo mismo que el PP. ¿Qué hubiese podido hacer otro partido de izquierdas en el poder?

Ahora que el PSOE ha ganado las elecciones en Andalucía, se trataba de que Podemos demostrara que lo que querían era pactar, llegar a acuerdos, hacer posible un gobierno en un contexto pluripartidista. Pues, por lo que se ve, no hay manera de pactar. Parece que con vistas a las elecciones no se puede ceder nada ante el PSOE, después de haberlo puesto a parir tan duramente. Si Podemos lo hace, es posible que piensen que en un electorado con poca experiencia de pactos -igual que ellos- perderían credibilidad.

Yo creo que poco a poco van poniéndose las cosas algo más claras. Hoy he visto en el muro de una seguidora de Podemos la imagen con la que ilustro este comentario. Resulta que al PP hay que tirarlo a la basura, y al PSOE, también. Lo de acabar con el bipartidismo, en realidad, quería decir que había que acabar con los dos partidos principales. ¿Para qué? Pues parece evidente que para ponerse ellos, que traen lo nuevo y la solución a todos los problemas. Acabar con el bipartidismo no era entrar en un pluripartidismo, sino en un monopartidismo, en el de su partido.


Y esto sí que me parece francamente peligroso. De partidos únicos yo no quiero saber nada, que ya la historia nos ha mostrado lo que dan de sí. No me extraña que muchas personas sencillas les tengan miedo. Espero que este experimento siga bajando en las encuestas y en las votaciones, porque no me imagino nada bueno con ellos en el poder.

lunes, 4 de mayo de 2015

Lo que veo cuando miro. Tumbos




Mientras aquí, en España, en lugar de fomentar la participación de los ciudadanos en política, de procurar la formación política de las personas y la intervención desde dentro en los partidos, nos dedicamos a intentar romper el bipartidismo y que se gobierne como se pueda -si se puede-, en Italia comienzan a emprender el camino de vuelta, hartos ya del pluripartidismo, cuya principal consecuencia es la ingobernabilidad. Si no fuera por que está en juego la vida de cada uno de los ciudadanos, sería este un buen espectáculo digno de contemplarse desde la tribuna. 

Tienes más información aquí.

Buenas tardes.

martes, 24 de marzo de 2015

Buenas noches. Gritos




Les oigo gritar: 
'Hay que acabar con el bipartidismo'. 

Les miro a los ojos y entiendo que lo que quieren decir es hay que acabar con los dos partidos. 

Observo esa peculiar sonrisa que esbozan y comprendo que quieren acabar con los dos partidos para ponerse ellos. 

A su lado, muchos otros gritan y, al fondo, la democracia llora. 

Buenas noches.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Penúltima reflexión



Toda la derecha, la extrema, la moderada y la coyuntural, está unida.

Quienes no quieren el bipartidismo en la situación actual lo que van a conseguir es destrozar a la izquierda, con el amplio aplauso callado de la derecha.

Si es esto lo que quieren conseguir, creo que deberían decirlo claramente.

Si no quieren esto, deberían pensar en lo que realmente están consiguiendo.

En todo caso, me parece que estos movimientos deberían realizarlos al principio de la legislatura, no al final.