Mostrando entradas con la etiqueta rapidez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rapidez. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de septiembre de 2019

Buenas noches. Deprisa




Un enorme número de observaciones metódicas ha demostrado que los brutos lo hacen todo deprisa. 

Buenas noches.




viernes, 1 de junio de 2018

Buenos días. Rapidez




Cuanta más rapidez, menos disfrute. 

Buenos días.


jueves, 14 de julio de 2016

Buenas noches. Velocidad


Como no estemos atentos, la velocidad, que domina ampliamente el espacio social, se nos va a meter en la vida y vamos a comenzar a comer rápidamente, a andar con prisas, a pensar con demasiada ligereza, a creer que con tres palabras que oigamos ya hemos entendido todo el mensaje, a no gozar de lo que vemos, ni de lo que oímos, a vivir corriendo, a desear que venga pronto el finde o el verano o el invierno y a no tener la calma suficiente como para que la vida sea una experiencia verdaderamente humana. La palabra ‘despacio’ está cayendo en desuso. 

Buenas noches.

martes, 30 de septiembre de 2014

viernes, 1 de noviembre de 2013

ya





Es como si nada hubiera ocurrido. Te levantas, te acuestas, te levantas, te acuestas, te … intentas vivir con toda la intensidad de la que eres capaz de hacerlo. Te echas al mundo a sacarle sus esencias. Ríes, sonríes, amas, lloras, te enfadas, gozas, abrazas, te acercas, huyes, vives. Todo eso es verdad. Lo trágico es que ¡ya estamos en noviembre! ¡Qué prisa tiene el calendario! ¡Qué rápida va la vida!

domingo, 28 de julio de 2013

Buenas noches de verano. 27/7/2013





La rapidez suele ser síntoma de debilidad, de no ser capaz de controlarse, de un cierto vacío. La actuación hecha con calma es el sosiego de la vida.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿Qué hacen a su lado?



La sociedad evoluciona a una velocidad vertiginosa. Por ejemplo, el fuego tardó 400.000 años en socializarse, en hacerse normal en la sociedad. Sin embargo, el teléfono móvil lo hizo en sólo 14. Es por eso que, ante tanta rapidez, me llaman tanto la atención dos fenómenos. Uno, el de los que se ganan la vida parados como estatuas vivientes en las calles de las ciudades. Otro, el de las mentes de los inmovilistas y de los conservadores que aún defienden que nada debe cambiar. Claro, a ellos les va bien así y les gustaría que hubiera un frenazo universal, una parada cósmica. Pero los que no tienen nada que conservar ¿qué hacen a su lado?

lunes, 22 de noviembre de 2010

Una marea



Nada más aparecer, me colocaron en la orilla. Me dijeron que aquel era mi espacio y mi tiempo. La alegría solemne de la luz, el fresco relajante de la noche, el punzante olor del mar, el imponente sonido de las olas y la suave compañía de la arena me hicieron crecer sintiéndome feliz. Poco a poco, casi sin notarlo, el mar fue subiendo de nivel. Al principio me refrescaba los pies y me masajeaba las piernas. Cada vez había más agua y la arena de la playa se reblandecía a causa de mi peso y de la cantidad creciente de líquido que llegaba hasta mí. Me fui hundiendo lentamente y sin remedio en aquella mezcla. Con una rapidez alarmante fui sintiendo que a cada momento me era más difícil mover las piernas, que mis brazos se volvían inútiles, al igual que mis oídos y mis ojos se tornaban inservibles. El último torreón de vida que me quedaba era la respiración y el olfato a través de la nariz, pero una ola cargada con demasiada energía me la anuló para siempre. Allí quedé sepultado bajo la dulce apariencia de la arena y de las cálidas olas del mar.

Como todos los que fuimos depositados en la playa en aquel espacio y en aquel tiempo, no duré más que una marea.