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domingo, 8 de marzo de 2015

Buenas noches. Las diferencias




Nadie pide ni quiere la identidad ni la uniformidad. En ellas no hay ni puede haber diferencias. 

Lo que se quiere es la igualdad, la inclusión de las diferencias en un ámbito en el que todas ellas puedan existir. 

Todos y todas diferentes, pero iguales en derechos.

Buenas noches.

jueves, 29 de noviembre de 2012

jueves, 31 de julio de 2008

Identidades

Nací en La Isla de San Fernando, en Cádiz, un lugar agradable al que me gusta volver de vez en cuando a tomar contacto con personas, con lugares y con sabores conocidos desde la infancia. Me siento isleño y gaditano, pero, a pesar de ello, no siento ninguna necesidad vital de identificarme con esta tierra.

Soy, consecuentemente, andaluz, y me gusta mucho visitar y vivir las ciudades andaluzas, disfrutar de alguna de las formas de ser que se dan allí, de sus fiestas y de sus alegrías. También quiero estar atento a sus problemas, pero tampoco siento ninguna necesidad vital de identificarme con lo andaluz.

Vivo en Madrid y voy con mucha frecuencia a León, pero tampoco siento ninguna necesidad vital de identificarme ni con lo madrileño ni con lo leonés.

Mirando desde un poco más arriba, soy español y soy europeo y soy occidental. Soy también del sur de España y de Europa y del norte del planeta, pero no siento ninguna necesidad vital de identificarme ni con naciones ni con continentes ni con puntos cardinales.

Mi piel es blanca, aunque en verano en la playa se vuelve un poco más oscura, pero tampoco siento la necesidad vital de identificarme con los que tienen la piel del mismo color que la mía.

Soy hombre, varón, pero no me siento con la necesidad de identificarme con los varones, ni mucho menos con los que profesan esa suerte de disparate existencial y criminal que es el machismo.

He sido bautizado, confirmado y variadamente sacramentado en la Iglesia Católica, pero no siento ninguna necesidad vital de identificarme con ella ni con ninguna otra religión. Ni siquiera siento la necesidad de identificarme como ateo. En todo caso y, si no hubiera más remedio, me reconocería como agnóstico, pero dejaría de hacerlo enseguida ante el menor inconveniente.

Entiendo que haya personas que sí sientan la necesidad vital de identificarse con todas o con algunas de estas características, pero yo no experimento nada de esto. Es más, dicho sea con todo el respeto hacia estas personas, aunque no hacia sus opiniones, hacerlo me parecería un signo innecesario de debilidad y de provincianismo mental.

Lo que sí me siento es ciudadano del mundo y, además, tengo una enorme dificultad para detectar y reconocer fronteras de todo tipo. Y me siento también, y sobre todo, un proyecto de ser humano. Sí tengo la especial necesidad de conocer lo que significa un ser humano, de saber actuar como lo debería hacer un ser humano y de colaborar a crear un mundo que pueda denominarse un mundo humano. Quiero ser un ser verdaderamente humano. Esta es mi verdadera y única identidad.

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