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lunes, 26 de noviembre de 2012

Lo que se ve. Tiempo




Quizás lo más importante de internet, del grupo de amigos y de amigas que se relacionan por internet, sea el tiempo que consciente y voluntariamente se regalan. No me refiero al tiempo que se pueda perder en internet, sino a ese otro tiempo, ese que es, en el fondo, la propia vida, que se emplea en estar con el otro, en interesarse por cómo está, en distraerlo, en intentar concienciarle, en consolarlo, en provocarle alguna sonrisa. A veces estas personas nunca se han visto, nunca se han dado un beso ni un abrazo, no conocen el tono de sus voces ni el color real de sus ojos. Es posible que se idealicen y que se inventen una imagen del otro algo irreal, pero lo cierto es que dan de sí lo mejor que tienen, que el regalo que hacen de su tiempo y de su vida es desinteresado y que, aunque no siempre se lo digan, se quieren.

lunes, 13 de febrero de 2012

Enamorarse en internet



Me dijiste que te habías enamorado por internet y te contesté que nunca cometieras tan grave error. No puedes perder de vista que las relaciones en la vida real no son iguales que las que tienen lugar en el mundo virtual, el mundo de internet. En la vida real un yo se relaciona con un tú al que se le ven los gestos, la mirada, la sonrisa, del que conoces sus olores, su forma de moverse, su manera de ser cuando no pasa nada y cuando pasa y tantos aspectos físicos tan importantes. Nada de esto lo vives en internet. La persona concreta con la que yo me relaciono en internet en realidad no existe. Es una creación mía. A partir de unos datos que yo he leído en la Red, yo me imagino a alguien a quien le asocio esos datos, pero no debo olvidar que esa persona no es más que fruto de mi imaginación. Para ello, para inventarme a esa persona, yo mezclo lo que leo, lo que veo, pero también lo que necesito, lo que me gustaría encontrar, lo que creo que significa lo que esa persona dice. El tú con el que yo me relaciono es una construcción mental mía que no tiene por qué corresponderse con nadie en la realidad. A ese tú imaginario yo le puedo mostrar mis afectos, puedo mostrarle cierta confianza, puedo dialogar con él y puedo esperar de él ciertos detalles y ciertos comportamientos, pero nunca puedo tratarlo como si existiera en la realidad. Creo que deberías pensarte bien esto, incluso si te enamoras en la vida real.

sábado, 23 de julio de 2011

Letras que hago mías: Gerard Mortier / 5




P. Luego está Internet, que ha revolucionado la industria y ha dinamitado el viejo concepto de autoridad.

R. Como ve [dice señalando la mesa de su despacho], no tengo ordenador. No he estudiado el caso de Internet y no quiero sacar conclusiones sobre algo que no he estudiado. Tengo colaboradores más jóvenes que lo usan y sé que la web es fundamental. La Red es un medio que debemos usar, sin duda. La pregunta es, de nuevo, cómo. ¿La autoridad? A finales del siglo XVIII perdió su autoridad la Iglesia; luego, la fue perdiendo el Estado poco a poco. Por eso, los masones y algunos intelectuales, como Goethe, promovieron la elaboración de una ética individual. Para eso debe servir la educación, para formar esa ética. Actualmente la autoridad es el mercado. Y ese es un problema serio. El que tiene el dinero marca el precio y quiere también marcar el valor.

Pero no soy pesimista. Para mí no es importante que la cultura europea sea la más fuerte sino que sus valores sobrevivan. Pero no soy un profeta, debo vivir hoy luchar contra el consumismo y la frivolidad. No podemos cambiar a la humanidad pero sí influir en algunos lugares, no queramos dominarlo todo. En pequeñas células podemos hacer cosas muy interesantes. Es maravilloso ver la emoción de 15 estudiantes emocionados con una pieza musical o con un poema.

jueves, 26 de febrero de 2009

El Carnaval e Internet



Hay un cierto punto de vista desde el que el Carnaval e Internet tienen algún aspecto de coincidencia que resulta interesante.

Yo creo que el Carnaval no es un momento en el que, bajo la apariencia de un disfraz, se adquiera transitoriamente una personalidad distinta de la propia. Más bien me parece que es al revés, que, estando uno disfrazado todos los días y teniendo que ser no exactamente como uno es, en Carnaval te quitas el disfraz y te pones uno de algo que no vas a ser en toda tu vida, pero que te ayuda a ser como verdaderamente eres, al menos mientras puedas ir bajo la absurda apariencia de Napoleón o de una monja. El disfraz va anunciando que hay un cambio. Y eres tú el que ese día puedes vivir efectivamente tal cambio para ser, no lo que te obligan a ser, sino lo que en el fondo eres. En Carnaval, según lo veo yo, no te vistes de otra cosa, sino que te desnudas de lo que habitualmente vas vestido, que es algo que te resulta forzado y no del todo gratificante.

Esto que ocurre en Carnaval puede ocurrir también en Internet. Es cierto que la absurda, aunque comprensible, manía del anonimato recorre blogs, chats, foros y todo aquello en donde puedes entrar y decir algo. Pero también es constatable que hay quienes se quitan el disfraz cotidiano cundo se sientan ante las teclas y dicen lo que de verdad piensan, y no mienten ni engañan, y usan su libertad para colaborar a crear un mundo en el que sean reales los valores en los que creen.

En todo caso, en Carnaval te desahogas siendo lo que quieres ser, aun a sabiendas de que al día siguiente todo volverá a la lamentable normalidad. En Internet, en cambio, haces lo mismo, pero lo que escribes queda ahí. Tú quedas ahí escrito, si has tenido la valentía y la honestidad de ser tú mismo el que has escrito aquello.

En cierto modo, en Internet todo el año es Carnaval. Y también podría leerse así el célebre estribillo de aquella chirigota que decía “Menos trabajo y más Carnaval”.
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