En los últimos años se escucha con relativa frecuencia en las cenas familiares, las redes sociales y los patios de los institutos españoles, la frase: “El feminismo ha llegado demasiado lejos”. Lo que hasta no hace mucho se había convertido en un consenso social sólido, -que mujeres y hombres deben tener los mismos derechos y que la violencia contra la mujer es una lacra específica contra ellas-, ha comenzado a resquebrajarse. Aparece un negacionismo reactivo, una suerte de resistencia que niega la violencia machista y que, contra cualquier viso de sustentación argumentativa, presenta al hombre como una víctima del sistema actual...
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