Maldigo a quienes, por su deseo de dinero, aceleraron sin piedad ni prudencia la muerte de Maricarmen y a quienes no hicieron nada por evitar una vida y una muerte así.
No recibió un trato humano, como no lo reciben todas las maricarmenes que hay en nuestro país.
Estas son gentes crueles, egoístas, codiciosas, insensibles, brutas, degradadas y no actúan como seres humanos, quizá porque no saben, o no les interese saber, qué es un ser humano.
Ojalá la vida les haga comprender lo que fue Maricarmen y lo que es vivir como Maricarmen.

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