Son demasiadas las veces que los algoritmos te muestran una extraña realidad de rostros perfectos, de figuras increíbles, de melenas despampanantes. Y tú, que te ves en ese espejo, te pierdes ya que, el cristal digital, no suele reflejar el alma y el cuerpo de una persona normal y corriente. Son muchas las ocasiones en que un vídeo nos muestra el caminar despampanante de una mujer despampanante, con un, permítanme el “innecesario” extranjerismo, outfit insuperable. O, al menos, así lo percibimos cuando, sin querer, o queriendo, abrimos nuestra cuenta de Instagram, de TikTok, de Pinterest, incluso, de la semiexclusiva cuenta para bommers y generación X, Facebook. Es como si todas o casi todas las féminas del mundo ─ virtual─ gozasen de una piel de porcelana, de los carnosos labios sensualmente carnosos, de una dentadura inmaculada y de unos pechos esculturales, por decir lo más destacado. Vamos, que, por obra y gracia del algoritmo, se ofrece la perfecta mujer en un cristal que, a la vez, nos traiciona ya que, ¡pobre!, somos nosotras mismas las que no nos incluimos dentro de ese canon de estética esplendorosa, llena de glamour, en el que influencers mayores de 55 años, aparentan 40 o chiquillas de 18 maquillan sus tiernas pieles con cosméticos antiarrugas...
Puedes leer el artículo de Alicia López Martínez pulsando aquí.
.jpg)
.webp)
.jpg)



.webp)
.webp)



.webp)
