La historia del arte occidental ha funcionado, durante siglos, como un sistema de legitimación cultural profundamente selectivo. Los museos, las academias y la propia historiografía no sólo organizaron estilos y periodos; también definieron quién merecía ocupar un lugar dentro del relato cultural europeo. Existe una normalidad aparentemente neutra que durante siglos convirtió la ausencia de mujeres en algo natural. Y esa ausencia acaba moldeando la percepción que tenemos de nosotras mismas dentro de la cultura. La escritora y crítica italiana Anna Banti reflexionó precisamente sobre esa fractura en la memoria histórica femenina. En uno de sus relatos planteaba que los hombres parecían heredar una conciencia de continuidad histórica, una genealogía de referencias y antecesores, mientras que las mujeres quedaban sistemáticamente separadas de esa tradición...
Puedes leer el artículo de Sara Álvarez Pérez pulsando aquí.


.jpg)
.jpg)



.png)


.webp)
