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sábado, 25 de agosto de 2012

Buenos días. Cerrazón


Se van cerrando las ideas. Se van cerrando las posibilidades. Se van cerrando las alternativas. Se va cerrando la comprensión de la realidad. Se van cerrando las relaciones. Se va cerrando la alegría. Se va cerrando la mente. Se va cerrando la vida.

Que tengas un buen día.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Sí, sí, sí.




Jack, cuando habla, sólo tolera un "sí, sí, sí" o un "claro, claro, claro" en el interlocutor. En cuanto oye un "bueno, hombre, es que a lo mejor...", se le disparan las alarmas y te rocía con napalm palabrero machacante y te obliga a volver al "sí, sí, sí" o al "claro, claro, claro". Si no puedes irte, lo mejor es el frecuente cambio de tema de conversación.

martes, 11 de mayo de 2010

La puerta


Hoy he comprendido que no se debe cerrar antes de tiempo la puerta de lo que pueda pasar. Durante mucho tiempo tuve muy presente que siempre ocurre lo inesperado, pero a veces parece que lo olvido. Hay que procurar no vivir como si todo dependiera únicamente de uno mismo. No todo tiene arreglo, pero muchas cosas tienen más arreglo del que uno le ve cuando se las plantea en soledad. O sea, que hay que dejar abiertas las puertas e introducir más perspectivas. Es sano y útil.


miércoles, 26 de noviembre de 2008

Desnudez / 4


Es miedo. Lo que hace que muchos no quieran desnudarse es el miedo. A veces incluso ese miedo se convierte en odio. Algunos huyen de desnudarse físicamente en público porque creen que los demás los van a juzgar y que van a salir malparados si los comparan con otros. No saben que suelen ser ellos los únicos que juzgan y que comparan y que los que se desnudan con naturalidad prefieren emplear el tiempo en gozar de la desnudez y no en hacer competiciones absurdas.

Peor me parece la afición por no desnudarse a la hora de hablar. Hablar desnudo es pensar de forma abierta y decirlo con honestidad, contando con la posibilidad de no tener razón y, sobre todo, escuchando al otro y viendo lo que de razón puede tener el otro. El otro es la vía natural de crecimiento y de aprendizaje.

El que no está dispuesto a desnudarse se suele vestir con la armadura de lo que siempre supo, de lo que le contaron, de lo que le valió un día y de lo que quiere que le valga a todo el mundo porque le valió a él. Y repite una y otra vez siempre lo mismo, y no deja hablar porque no deja de hablar, y, si oye, oiga lo que oiga, no le valdrá nunca lo que le digan.

Es posible que estos que no están dispuestos a desnudarse oculten lo que de verdad piensan con el mismo miedo con el que ocultan sus cuerpos para no ser vistos. El vestido es la mentira del cuerpo. La cerrazón es la mentira del pensamiento.