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domingo, 20 de septiembre de 2015

Vaya birria de mundo



Vaya birria de mundo estamos construyendo. Menos mal que yo intento montármelo como mejor me parece, porque si cayera en la mediocridad que observo -y no creo que me libre de que algo se me pegue- estoy seguro de que no sería ni medianamente feliz.

Como todos los días, he ido a andar. Hoy han sido casi dos horas. 8 km. y medio. Cuando venía de vuelta, un niño y una niña de unos 5 o 6 años jugaban a la pelota con un balón como los de fútbol en plena acera. No les importó lo más mínimo que estuviera pasando yo: ellos seguían. Como por poco no me dieron un balonazo, les dije que aquél no era sitio para jugar, sino para andar, para pasear. El niño puso cara de no entender que lo que le decía fuese razonable y casi se ofendió. Yo seguí mi camino pensando en dónde estarían sus padres. Enseguida oí que los niños corrían calle abajo. Miré por si había pasado algo y vi un coche parado, el balón en medio de la calzada, el niño ya había cruzado la calle y estaba al otro lado de la acera y la niña intentaba dirigir el tráfico diciéndole al coche parado que siguiera adelante. De los padres o de las madres no tuve noticia en todo el episodio. Supongo que, al igual que sus hijos, estaban salvajes y, además, idiotas. No creo que tuvieran la menor noción de que existen normas que hay que cumplir, que hay que ir enseñando a los niños a ser prudentes y que no pueden hacer en cada momento lo que les dé la gana, lo que les pida el cuerpo. Esto no es más que una fábrica de salvajes y de inútiles. Los mandé a todos a hacer puñetas y seguí mi camino disfrutando del maravilloso Sol que la Naturaleza nos ha regalado hoy.


Cuando, ya en casa, he enchufado el ordenador, he tomado el suplemento de hoy de El País. Como siempre, he empezado a leerlo por el final. En este caso, por el artículo deJavier Marías. Me ha confirmado que este mundo es una birria. Y estoy convencido de que las birrias se transforman con mucha facilidad en mierdas.