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jueves, 11 de diciembre de 2014

Buenas noches. Normalidad




Estamos tan acostumbrados a convivir con la injusticia, con la explotación, con las desigualdades, con un trabajo esclavizado y con las violencias, que nos llegan a parecer normales. ¡Qué anormalidad! 

Buenas noches.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Buenos días. Injustos



Cuando en lugar de intentar comprender, nos dedicamos a juzgar, se incrementa el riesgo de que seamos injustos.


Buenos días.

viernes, 18 de julio de 2014

Buenas noches. Malos amigos



La ignorancia es amiga de la brutalidad, a veces de la crueldad, y siempre de la injusticia. Debemos analizarlos, por si acaso. 
Buenas noches.

lunes, 17 de junio de 2013

Buenas noches. Lo mío y lo nuestro




Lo mío es hijo de un supuesto mérito.
Lo nuestro es la consecuencia de la necesidad.

Lo mío va contra ti.
Lo nuestro va a a favor de todos.

Lo mío crea la desigualdad.
Lo nuestro allana las diferencias.

Lo mío tolera las injusticias.
Lo nuestro intenta que todo sea justo.

Lo mío me ciega.
Lo nuestro nos da luz.

Lo mío me aísla.
Lo nuestro me integra.

Lo mío va contra los demás.
Lo nuestro nos acerca.

Tenemos que elegir.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Lo que se ve. El dinero y la conciencia




Hay dos grandes poderes en el mundo: el dinero y la conciencia. La conciencia puede dominar el dinero, puede comprarlo y venderlo e, incluso, prescindir de él. El dinero, en cambio, no siempre puede dominar la conciencia, aunque muchas veces lo consigue. Ciertamente, la lucha más eficaz contra el poder del dinero, contra los estragos del dinero, contra las injusticias del dinero, contra las desigualdades del dinero, contra la crueldad del dinero sólo se da a través de la conciencia. Por eso es más difícil tener conciencia que tener dinero.

miércoles, 30 de julio de 2008

No justicia

Rafael Ricardi Robles tiene 48 años. Desde hace 13, cuando contaba con 35, ha vivido en la cárcel, condenado erróneamente por un delito de violación que no cometió.

Hace 8 años, un informe del ADN encontrado en la investigación sobre la violación descartó que él fuera el autor de la misma, pero nadie hizo nada por salvarlo, hasta que identificaron a F.P. y J.B. como los autores del delito.

Mientras tanto, tuvo que asumir su culpabilidad para poder acogerse a los beneficios penitenciarios, tuvo que sufrir la pérdida de la pensión que cobraba por una lesión que le había producido un accidente de moto en su juventud, tuvo que perder la niñez y la juventud de sus dos hijos, tuvo que soportar, siendo inocente, los códigos de conducta que rigen en las cárceles para los violadores y tuvo que perder 13 años de su vida.

Ahora, en libertad condicional, dice que cree en la justicia y que sigue creyendo en Dios. Es curioso que su fe religiosa admitida desde siempre ayudara a su condena, pues, al parecer, uno de los verdaderos autores hablaba de Dios antes de cometer el delito. Reconoce que la mujer violada es una víctima, pero que él también lo es. Está asustado con el revuelo mediático que se ha originado a su alrededor y afirma que tanto él como su familia lo han pasado muy mal, pero que él sabía que algún día su caso se solucionaría.

Su hija, Macarena, intenta hacer con su padre lo que él no pudo hacer con ella: enseñarle las cosas buenas de la vida, ante las que su padre se queda con frecuencia alucinado. Con su padre en la calle, dice que “podemos ir todos con la cabeza bien alta. Lo he pasado mal, siempre como la hija de …”.

Rafael Ricardo Robles tiene una espina clavada: “Duele y jode que nadie te haya pedido aún perdón después de tantos años”.

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