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sábado, 7 de noviembre de 2015

Buenas noches. Sal



Sal de ti. 
Sal de tus seguridades, de tus rutinas, de tus trincheras, de tus recetas, de tu pueblo, de tu mundo. 
Sal. 
Abre los ojos. 
Pregunta mucho. 
Escucha más. 
Relaciónate con todo y con todos. 
No reprimas tus sentimientos. 
Dale vida a tu cuerpo y a tu mente. 
Ábrete a mundos nuevos. 
Descubre en otros lo que no ves en ti. 
No pierdas ni un momento de tu vida en odios, ni en rencillas, ni en malos rollos ni en nada que te empequeñezca. 
Baila con la belleza. 
Sufre con la desgracia. 
No pienses que hay nada tuyo en el mundo. 
Invéntate cada día. 
No busques la felicidad, sino el amor. 
Sal a buscar todo esto y, si lo encuentras, vuelve a salir a buscar más. 
Todo lo que merece la pena está ahí fuera. 

Buenas noches.



miércoles, 13 de mayo de 2015

Buenas noches. Inventar




El cielo es el mismo siempre y, sin embargo, cada día se inventa a sí mismo, y aparece como nuevo, como si fuera distinto del que vimos el día anterior. 

Como deberías hacer tú y como debería hacer yo. 

Buenas noches.

jueves, 6 de marzo de 2014

Buenas noches. Provocación




Cada nuevo día debes tomártelo como una provocación, porque, en realidad, lo es. Puedes rechazarla y huir y refugiarte en la seguridad de la rutina, en la mortecina repetición de lo de siempre. Pero puedes también aceptar el reto e inventarte el día robándole algo nuevo a la existencia. Si quieres tranquilidad, repite todo lo vivido, pero si lo que deseas es intensidad, entonces, inventa, invéntate. Buenas noches.

jueves, 5 de mayo de 2011

Reinventarse





No hace mucho reflexionaba yo sobre la necesidad de reinventarme después de tomar una decisión importante. Lo veía como un momento relativamente lejano, puntual, fruto de un cambio concreto y profundo. Hoy, leyendo el artículo de Rosa Montero, Montañas, en El País de 3 de mayo de 2011, he visto que estaba en un relativo error. No hay que reinventarse en algún momento difícil de la vida, sino cada día. En eso consiste la juventud, la fuerza, el oxígeno, la posibilidad de la alegría, las ganas de vivir y la vida: en reinventarse cada día.

Este es el artículo de Rosa Montero:

Montañas

Gema M. G. tiene 38 años y lleva nueve padeciendo la enfermedad de Parkinson, una cruel dolencia neurodegenerativa que además le cayó encima demasiado temprano. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? Estas son las preguntas que obsesionaron a Gema durante varios años, las preguntas enloquecedoras e inevitables de quien, de repente, es aplastado por una desgracia irreparable, por una de esas desgracias/alud que se te vienen encima y acaban para siempre con tu vida anterior.  Pero que tu realidad tal y como antes la conocías haya sido destruida no quiere decir que la vida se acabe: los humanos somos bichos tenaces.

Desde luego no es fácil: Gema tardó años en poder empezar a reinventarse y, por descontado, tiene que seguir peleando cada día. La gente suele identificar el Parkinson con los temblores, pero lo peor son los ataques de rigidez. No mitifiquemos ni edulcoremos el sufrimiento: vivir con algo así es mucho más duro. A cambio, es probable que sea más intenso, y los momentos hermosos, más hermosos.  Ya diagnosticada, Gema la guerrera ha tenido un hijo, ha aprendido diseño web y sigue trabajando (es profesora de música). Cuando la enfermedad la paraliza, Gema ha tenido la formidable ocurrencia de poner música y echarse a bailar. Hace falta valor para intentar danzar cuando tu cuerpo está desconectado y tieso, pero el truco funciona: se acortan las crisis, son más llevaderas. El Parkinson está originado por una insuficiencia de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer. Y resulta que en enero se publicó en Nature un estudio demostrando que escuchar música puede generar subidas de dopamina. El hallazgo de Gema, producto de su fortaleza y de sus ganas de vivir, es tan interesante que, al parecer, unos neurólogos se están planteando estudiar su caso. Si uno no se rinde puede mover montañas.