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martes, 20 de septiembre de 2016

Buenas noches. Ceder el paso



Cederle el paso a las mujeres, por ser mujeres, (ojo: estoy hablando de la actitud y de la intención con la que se hace) es, sobre todo, una manera de tratarlas como seres diferentes, con quienes conviene tener detalles de ese tipo en asuntos secundarios, en lugar de tratarlas con igualdad real en todos los asuntos, incluidos los importantes. Es, además, una antigüedad y una ordinariez. Otra cosa es ceder el paso a cualquier persona con la que se vaya, sea hombre o mujer, si eso va a significar para ella una ventaja.

A quien, sin ninguna duda, hay que cederles siempre el paso y hay que procurar que discurran siempre delante de nosotros es a todos los que presenten signos inequívocos de gilipollez. Por ejemplo, a esos individuos que ves pasar a toda velocidad desde el paso de cebra, o a los ciclistas que bajan una cuesta por la acera como si estuvieran bajando el Angliru, o a quienes van por la calle hablando a gritos de cualquier cosa que no nos interesa, o a quienes van con la música cansina puesta en el móvil sin auriculares, o a quienes van apestando por cualquier parte o a quienes molestan de manera estúpida. A todos esos y a todas esas hay que cederles el paso para que se alejen pronto. Tenerlos delante es, por otra parte, mucho más seguro que tenerlos detrás, porque los controlas y ves lo que hacen.


Mi abuela solía despedir a cualquiera diciéndole 'Vaya usted con Dios', pero si se trataba de alguno de estos pelmas molestos, le decía 'Vaya usted mucho con Dios', como queriéndole decir que se fuera tanto con Dios como para que se quedara allí con él. Yo, cada vez que veo a un cretino con esa existencia veloz o ruidosa, también se lo digo. 

Buenas noches.

miércoles, 20 de abril de 2016

Buenas noches. Duda




No sé si te ocurrirá también a ti o no, pero cuando yo estoy cansado, veo con mucha mayor claridad todo lo que no me gusta. 

Por ejemplo, me doy cuenta muy bien de la gilipollez que encierran como un tesoro los gilipollas, o de lo desagradable que se pone a veces el mundo cuando proliferan los salvajes, o de lo estúpido que soy cuando hago algunas cosas que hago. 

Es tal la nitidez con la que tengo estas visiones que me suele entrar la duda de si son más realistas las visiones que tengo cuando estoy cansado que las que alcanzo a ver cuando no lo estoy. 

Buenas noches.

viernes, 17 de abril de 2015

Los viernes, etimologías. Gilipollas



GILIPOLLAS

Este es un insulto moderno (primer testimonio en 1961, Gironella, "Un millón de muertos" y entró en el DRAE en 1992), muy arraigado y con gran carga expresiva en España, pero desconocido en Hispanoamérica. Su origen es muy discutido. Está claro que antes existió el caló o gitano jilí, y de ahí gil, que sí está extendido en América, con el significado de tonto, como en el viejo tango de Discépolo: "Lo que más bronca me da / es haber sido tan gil". Pero según otros hubo un mozarabismo previo, hirripishi, que significaría algo así como coño-picha, maricón, vamos, que asimilado al gitanismo gil habría evolucionado a gilipichi, antecedente de gilipolla. La asociación de la estupidez con los órganos sexuales se encuentra en muchas lenguas, testa de cazzo, parvo do caralho, dickhead..., bien por dejarse nublar la razón por la libido, bien por el atontamiento posterior al acto sexual. Y son frecuentes tontolaba (asimilando el haba al glande o a trabajar en el campo, o sea paleto) y tonto del culo. Pero hay además una etimología popular muy extendida, la anécdota de un aristócrata del siglo XVII, don Gil, que siempre salía de paseo con sus dos hijas, pollas, cuando polla significaba muchachita, dando lugar a la frase "Ahí van Gil y pollas".

La riqueza del idioma parece inagotable a la hora de insultar. Abundan los insultos que significan torpe, tonto, o de campo, o de pueblo, o indefensión, o pobreza: cretino, lerdo, majadero, patán, mendrugo, zoquete, mentecato, tarugo, palurdo, pazguato, mastuerzo, petardo, tarado, panoli, papanatas, mequetrefe, pelele, payaso, descerebrado, desustanciado, sinsustancia, pavisoso, tolay, zote, pedorro, lelo, alelado, atolondrado, zopenco, mameluco, pardillo, botarate, chirimbaina, gañán (en la Mancha significa labrador, sin matiz peyorativo), gaznápiro, gilipuertas, calamidad, pasmarote.

A veces se acude al reino vegetal, con distintos significados: alcornoque, melón, capullo, lechuguino, berzotas. O al reino animal: besugo, merluzo, cabestro, borrico, gorrino, gurriato, percebe, sabandija.

Unas veces se alude al físico: chiquilicuatre, alfeñique; muchas veces a lo moral: bellaco, malandrín (los preferidos por don Quijote), energúmeno, baboso, mamporrero, cafre, chulo, chuleta, chulángano, barrabás, fariseo, tunante, zascandil, pamplinas, pelma, brasas; o a lo social: piojoso, donnadie, zarrapastroso, mindundi, mangarrán, mangurrián, gandul, huevón. Fantoche, quizás derivado de fantasma, es citado en aquel tango de Cadícamo y Cobián, "Nostalgias", quizás la canción en español más versioneada: "Llora mi alma de fantoche / sola y triste en esta noche..."

Es impresionante la riqueza de compuestos: pintamonas, robaperas, soplagaitas, meapilas, carapijo, caraculo, tuercebotas, zampabollos, perroflauta, pagafantas, pelagatos, barriobajero, lameculos, pichabrava, bocachancla, tragaldabas, tiralevitas, pollopera, malasangre, malasombra, chupasangre, chupóptero, malfollada (este solo para mujeres), abrazafarolas, tocapelotas y cantamañanas. Ah, se me olvidaba, hijoputa, hijo de la gran puta, hijodeperra, hidepuerca...

Muchos de estos términos solo son coloquiales, no cultos, y pertenecen a un momento y a una zona, están fuertemente dialectalizados. Esta selección pertenece al centro de España a principios del siglo XXI.

¿Es cruel el lenguaje? Más bien son crueles las relaciones sociales y el lenguaje es el instrumento, riquísimo, al servicio de esa crueldad. A veces yo creo que el insulto, aun siendo un acto de agresión, es menos grave éticamente que la injusticia, la violencia física, el robo, la extorsión, el abuso, la explotación...

sábado, 26 de abril de 2014

Lo que veo cuando miro. El gilipollas del día




Llevaba andados 4 km y 850 metros de los 8 km y 180 metros que me he hecho hasta ahora, sin que estuviera pensado hacer ninguno, cuando de forma imprevista apareció el gilipollas del día. El fenómeno adoptó la forma de niñato montado en una bicicleta mirando para atrás y sin estar dispuesto a frenar en el paso de cebra por el que yo estaba cruzando. El niñato tenía cara de bobo adocenado, expresión de estúpido sin remedio y una mochila en la espalda, como si viniera de sufrir de algún instituto.

-Pero cooooño, mira para adelante y para en los pasos de cebra. ¿No ves que esto es un paso de cebra y que tienes que parar? -le dije.

-¿No ves que estoy mirando p'alante? -me dijo el niñato, como si me conociera de toda la vida y sin la menor intención visible de pedirme disculpas, en el momento en el que abandonaba la calzada y se subía en la acera para seguir pedaleando en ella.

A los pocos metros, volvió a mirar para atrás y me volvió a decir, confirmando la previsión inicial de gilipollez:

-¿No ves que estoy mirando p'alante?

Del paso de cebra no dijo nada, porque posiblemente nunca había llegado a sus neuronas la información de que tenía que parar en ellos para que pasaran los peatones.

Lo dejé ir hacia su destino, que posiblemente fuera la nada, sin ni siquiera mandarlo a ningún sitio infame. ¿Para qué? Esa terrible manía inhumana de que vale todo y de que cada uno hace lo que le da la real gana, pase lo que pase y pese a quien pese, que este neoliberalismo de mierda nos ha metido en la sociedad, no se va a arreglar mientras haya descerebrados con forma humana por el mundo. Cada vez es más normal que la gente vaya a lo suyo, que te atropelle de mil formas y que ni siquiera te pidan disculpas.

Tanta caminata era para ir al supermercado más lejano y así aprovechar para andar y ponerme cachas, que ya hay que ir preparando el verano y hay que impresionar en la playa. Busqué, siguiendo la consigna, algo agradable en él que compensara la visión del gilipollas y encontré una chica en la pescadería que fue amabilísima ante una pregunta mía y una cajera que sonreía y todo. Yo llevaba aún metido en el cuerpo el ritmo alegre y optimista de las músicas que me habíais recomendado por la mañana y pensé en pedirle a la cajera que se echara un baile conmigo, pero la verdad es que no me atreví, no fueran a llamarle la atención. Y, además, yo tengo todavía grandes restos de timidez. Esta tarde seguiré andando. Hoy hay mucho que hacer. Buenas tardes.


domingo, 30 de marzo de 2014

Buenas noches. Gilipollas



Para entender el significado de las palabras es muy útil acercarse a su etimología, digan lo que digan y hagan lo que hagan Wert y sus cómplices del PP. En este caso, la etimología de 'gilipollas' es compleja y hay varias teorías para explicar su origen.

Una de ellas la considera como la unión de la palabra 'gil' o 'gili', que procede del habla de los antiguos gitanos españoles y que significa tonto, bobo, con el término 'polla', que hace referencia al pene. En este sentido, llamar gilipollas a alguien sería como decirle que piensa con el pene, no con lo que debería pensar un ser humano. Para quienes sea importante considerar al ser humano como un ser racional, este sería un insulto muy serio.

Otra teoría relaciona el término con un antiguo aristócrata español, don Baltasar Gil Imón de la Mota, que tenía dos hijas con las que solía pasear por la calle. Al verlos, algunos decían que pasaban 'Gil y sus pollas', de donde derivó 'Gil y pollas'.

El mismo tinte machista tiene otra teoría que pone el origen de la palabra en la Edad Media, en momentos en los que estaba muy mal visto que una pareja tuviera hijas y no hijos. (Todavía esto es lamentablemente frecuente en muchas culturas). Si un hombre sólo tenía hijas, es que tenía la polla tonta, era gilipollas, no sabía lo que tenía que hacer con la polla para tener varones.

En todo caso, la palabra gilipollas se usa para llamar tonto a alguien de una manera fuerte. En este sentido, ya conté aquí alguna vez las sabias enseñanzas recibidas de un catedrático de filosofía, que me ilustró para distinguir a un tonto de un gilipollas. 'No se puede andar por la vida sin distinguir con claridad a un tonto de un gilipollas', me decía. Y explicaba que un tonto es alguien que se equivoca. Si sólo es tonto y se le pide que recapacite, se dará cuenta de su error y lo rectificará. En cambio, si es gilipollas y se le sugiere la posibilidad de que se esté equivocando, lejos de admitirlo, dirá que él no se equivoca nunca, que hasta ahí podíamos llegar y que los equivocados seremos nosotros. Es decir, que el tonto tiene remedio, pero el gilipollas, no. 'Lo peor de todo es lo que abundan estos gilipollas', añadía el catedrático. Y no le faltaba razón. Buenas noches.

sábado, 29 de marzo de 2014

Buenas noches. El significado de las palabras




Si no sabemos lo que significa ser gilipollas, puede que lo seamos sin saberlo o puede que sea más fácil que tengamos que aguantar a alguno por no poderlo identificar antes.

Si no sabemos en qué consiste explotar a las personas, es posible que nos estén explotando sin que nos enteremos.

Si no sabemos en qué consiste la procrastinación, habrá algún día que estemos procrastinando y no tengamos ni idea de que lo estamos haciendo.

Cuantas más palabras conozcamos y mejor sepamos su significado, más sabremos de la realidad y más seguros estaremos en la vida. Conviene leer. Buenas noches.

sábado, 13 de octubre de 2012

Mirando por la ventana. Wert no es tonto



Fotografía de la Cadena Ser

Wert no rectifica y asegura contar con el respaldo del Gobierno



Ya lo he contado aquí alguna vez, pero me ha vuelto a venir a la mente al observar las evoluciones (es un decir) del tipo este tan peligroso, el “ministro” Wert, con el que los dioses nos han castigado a través del voto de unos ciudadanos, al parecer, poco aficionados al conocimiento. Me refiero a la diferencia entre un tonto y un gilipollas.

El asunto me lo aclaró un curioso catedrático de filosofía con el que coincidí en un instituto, hace ya mucho tiempo. No recuerdo de qué estábamos hablando, pero era de algo que había hecho alguien. Se me ocurrió decir que aquello era una tontería, a lo que el preclaro profesor me respondió, muy tajante:

  • No. Eso no es una tontería. Es una gilipollez.
  • Bueno, hombre, más o menos es lo mismo ¿no? -le contesté.

Y muy serio, como si hubiéramos tocado una de las verdades esenciales de la existencia y fuera muy conveniente aclarar de una vez por todas la cuestión, sentenció:

  • No, señor. No es lo mismo ser tonto que ser gilipollas. ¿No sabe usted la diferencia entre un tonto y un gilipollas?
  • Pues no, acláremela, por favor -le dije.
  • Es que no se puede andar por la vida sin saber distinguir a un tonto de un gilipollas. Esto es muy importante.

Aquél hombre era un catedrático de los de toda la vida y yo era un pobre profesor que acababa de sacar la oposición y que llegaba a mi primer destino. Es posible que por eso me hablara de usted y desde arriba. El caso es que, muy en su papel, me contó lo siguiente.

  • Un tonto es alguien que se equivoca, que comete un error. Pero si a un tonto le explica usted que se está equivocando, si sólo es tonto, se da cuenta, reacciona subsanando el error o cambiando de opinión e, incluso, le pide disculpas por haberse equivocado. Un tonto, por tanto, tiene arreglo.

Su tono era pontifical, pleno de seguridad y de dominando la situación. Lo siguiente ya lo dijo más caldeado, como si en alguna ocasión hubiese sufrido algún tipo de consecuencias indeseadas relacionadas con lo que iba a decir.

  • En cambio, un gilipollas es un tipo que también comete errores, pero que no tiene arreglo. Ya le puede usted explicar al gilipollas en qué consiste su error, por qué se está equivocando o qué es lo que no está teniendo en cuenta, que, por principio, jamás admitirá que no tiene razón. Puede que, además, añada cosas tales como que él no se equivoca nunca o que el que está equivocado es usted, porque de eso él sabe mucho. El gilipollas no tiene arreglo y por eso es muy peligroso. Hay que huir de los gilipollas como de la peste. Y lo malo es que son muy abundantes. Están en todas partes. Vaya usted por donde vaya o entre en donde entre, siempre habrá algún gilipollas presente.

Yo lo miraba atentamente, asintiendo levemente con la cabeza y sin tener nada que aportar ante la calidad del retrato psicosociológico que me había hecho.

  • Veo que, al menos, ha aprendido usted algo útil hoy -dijo. Y cambiamos de tema.

Me pareció una distinción realista e interesante y, siempre que ha venido a cuento, se la he contado a los alumnos. Hoy, leyendo la insistencia de Wert en no rectificar, me he vuelto a acordar de aquella conversación y he llegado a la conclusión de que Wert realmente está equivocado, pero que no es tonto.

sábado, 10 de septiembre de 2011

No es lo mismo un tonto que un gilipollas




Me dijo una vez un catedrático de Filosofía, relativamente conocido y del que no aprendí ninguna otra cosa, que no se podía andar por el mundo sin saber distinguir a un tonto de un gilipollas. El tonto, me dijo, es el que se equivoca. Pero si al tonto le explicas que se está equivocando, recapacita, se da cuenta y rectifica su error. En cambio, al que es no sólo tonto, sino gilipollas, ya le puedes estar haciendo ver su error que jamás lo admitirá. Dirá que él no se equivoca nunca y que seguramente eres tú el que está equivocado. Lamentablemente, el gilipollas no tiene remedio. Y lo malo es que abunda una barbaridad, concluyó.

¿Por qué será que me he acordado ahora de esto? No sé en quién o en quiénes habré podido yo estar pensando.

lunes, 7 de junio de 2010

gilipollas



Aparte de las consecuencias de lo que haga, lo que más me molesta del gilipollas es la irremediable y casi constante necesidad que tiene de demostrar que lo es, además de la inconsciencia con que se manifiesta.