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sábado, 11 de junio de 2016

Buenas noches. Odio y oído



Observo mucho odio, mucho. Es un odio siempre vertical, porque en lo horizontal sólo cabe el amor. Se odia de arriba a abajo y de abajo a arriba. Se odia con la mirada, con los gestos, con las palabras, con los hechos, con los ninguneos, con los desprecios, con las descalificaciones, con las mentiras, con el cinismo, con la desvergüenza. Quien odia no dialoga, porque no deja hablar ni escucha, no tiene oído para el otro. El odio genera una sociedad odiosa, desagradable y en guerra. El odio produce más odio y fanatismo e intransigencia. En el colmo del disparate, hay quienes odian y no son conscientes de que están odiando. No le veo solución a este odio presente, salvo una decisión improbable de tener mucho más oído. 

Buenas noches.


jueves, 11 de junio de 2015

Ruido




Tenía razón Sabina: hay mucho, mucho ruido en esta sociedad. Demasiado ruido. En los ambientes abiertos a veces el ruido es ensordecedor. En los espacios pequeños resulta a menudo insoportable. En nuestro propio interior nos atolondramos con demasiada frecuencia. El silencio huyó despavorido hace tiempo. El diálogo se hizo moneda de coleccionistas ante las prisas, los monólogos, la necesidad de hablar y la rareza de escuchar. Con ruido no se puede hacer nada serio, ni pensar ni hablar ni crear. Todos los males evitables entran en la vida haciendo ruido. Necesito un mundo de silencios, de pausas, de gestos, de manos, de miradas, de sonrisas, de caricias, de abrazos, de escritos breves, de susurros, de contemplación. Quizás sea un mundo raro, como yo, que cada día creo que soy más raro, afortunada y desgraciadamente. Buenas noches. Besos y abrazos y silencio.

domingo, 4 de enero de 2015

Buenas noches. Desnudos




Siempre me desnudo el alma cuando quiero hablar con alguna persona. Y cuando esa persona se desnuda también, surge la emoción, el diálogo, el cariño, la vida buena. 

Buenas noches. 

Pensando en A.N.

sábado, 12 de octubre de 2013

Buenas noches. Enseñar y aprender





No puede haber una política buena y sana sin que lleve consigo una pedagogía. El político tiene que explicarle racionalmente al pueblo lo que hace, por qué lo hace y cuáles van a ser las consecuencias, tanto si se hace, como si no se hace aquello de lo que se trate. A la vez, el político tiene que estar abierto y escuchar lo que le dice el pueblo, tiene que establecer cauces de diálogo y de comunicación para no quedarse al margen de la sociedad que lo vota, porque si eso ocurriera, podría llevarle, incluso, a tomar medidas en contra del pueblo. No debería haber política sin un mecanismo eficaz de enseñanza y de aprendizaje entre el político y el pueblo.

Lo mismo ocurre en la vida cotidiana de las personas. Deberíamos mostrar con claridad y con nobleza a nuestra pareja, a nuestras amistades, a las personas con las que trabajamos y a todas aquellas con las que vivimos cuáles son nuestros valores, nuestros criterios, nuestras dudas, nuestras convicciones y todo aquello que pueda haber en nosotros y que pueda ser valioso para los demás. Y deberíamos también aprender de todas estas personas lo que pudiera servirnos para vivir mejor, más humanamente.

La vida buena es siempre una vida joven, en la que no hay nada definitivo, sino que todo está sujeto al aprendizaje mutuo y al diálogo. Buenas noches.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Lo que se ve. Ausencias




La dignidad, la decencia, la honestidad, la compasión, la humanidad, la igualdad, el diálogo, el espíritu constructivo, la importancia central de la ética, la humildad, la prudencia, la racionalidad son, entre otros, valores cada vez más escasos. Su ausencia es la que hace que el mundo sea malo.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Cómo dialoga el PP




Acabo de oír en la radio al presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, del PP, claro. Cuando le han preguntado que opinó Artur Más sobre lo que él dijo ayer en la Conferencia de presidentes, ha manifestado que el señor Más no contestó nada y que si lo hubiese hecho y hubiese dicho algo, él “hubiese seguido diciendo lo mismo”.

Este es el concepto de “diálogo” que usa el PP, o sea, una sucesión de monólogos, en los que lo que diga el otro no se oye o no se toma en cuenta, porque no se está dispuesto a conceder que el otro pueda tener algo de razón. Yo voy a lo mío, parece que dicen, y me da igual lo que pienses porque no te voy a hacer ni caso. Para ellos, el diálogo es un paripé, a veces necesario para guardar las apariencias, pero con el que, de entrada, no se quiere llegar a ninguna parte

Esta actitud con la que se trata al otro es la propia de quien practica la dictadura, el autoritarismo, el fascismo, la chulería, el desprecio y la cerrazón mental. Esta gente tiene el poder, pero sospecha que no tiene la razón. Por eso suelen huir de los periodistas, de la confrontación, del diálogo y de los pactos. No sé que pactos se podrían hacer alguna vez con gente de esta “calidad” intelectual y humana.

Y un aviso para todos pero, especialmente, para la juventud. Tiene que quedar claro que esto no es dialogar. Estas actitudes no son humanas, son rechazables éticamente y no conducen a situaciones positivas ni constructivas. Lo más importante del diálogo no es lo que se dice, sino la actitud de escuchar lo que dice el otro. Estos aficionados a la política, tan mal formados humanamente, deberían saberlo. Pero lo que quieren, sobre todo, parece que es mantener abierta la puerta del fascismo y de la dictadura.

miércoles, 4 de enero de 2012

La verdad



Prefiero no estar nunca en posesión de la verdad. No sé muy bien en qué pueda consistir la verdad, pero, en todo caso, no creo que existan muchas verdades, prefiero tener una opinión razonada que pueda ofrecer un grado suficiente de certeza. Esto me parece más humano, me hace estar más abierto a las opiniones de los otros y me producirá menos conflictos con los demás.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Incomunicación / 2


Cuando nadie escucha, la comunicación es imposible y, además, alguien suele salir mal parado.