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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Buenas noches. Fanático




El fanático no se da cuenta del peligro que tiene tanto de autodescalificación como de que lo descalifiquen, al menos, por terco. No se entera por su sordera. No lo ve por su ceguera.  

Buenas noches.

lunes, 16 de octubre de 2017

Buenas noches. Tres en uno




El fanático cree que existe la verdad, que él la posee y que todos los demás deberían aceptarla. 

Son tres errores grabados a fuego en su mente. 

Buenas noches.

viernes, 28 de abril de 2017

Buenas noches. Complejidad


Cuando nos damos cuenta de lo compleja que es la vida, nos resulta absurdo seguir admitiendo dogmas. 

Y la existencia de fanáticos nos resulta ridícula. 

Buenas noches.


sábado, 11 de junio de 2016

Buenas noches. Odio y oído



Observo mucho odio, mucho. Es un odio siempre vertical, porque en lo horizontal sólo cabe el amor. Se odia de arriba a abajo y de abajo a arriba. Se odia con la mirada, con los gestos, con las palabras, con los hechos, con los ninguneos, con los desprecios, con las descalificaciones, con las mentiras, con el cinismo, con la desvergüenza. Quien odia no dialoga, porque no deja hablar ni escucha, no tiene oído para el otro. El odio genera una sociedad odiosa, desagradable y en guerra. El odio produce más odio y fanatismo e intransigencia. En el colmo del disparate, hay quienes odian y no son conscientes de que están odiando. No le veo solución a este odio presente, salvo una decisión improbable de tener mucho más oído. 

Buenas noches.


lunes, 12 de enero de 2015

Buenas noches. Fanatismos




Tenemos que descubrirlos, analizarlos, controlarlos y rechazarlos. Los fanatismos son los enviados de la muerte en la vida. Acaban con todo lo fresco, con toda la creatividad, con todo lo que tiene algo de futuro. Hay muchos tipos de fanatismos, unos muy peligrosos y otros menos, pero casi siempre ignoramos que nos poseen. 

Buenas noches.

miércoles, 16 de julio de 2014

Buenas noches. Fanatismo



Nunca había visto otra cosa ni le interesaba verla. Creía que todo lo que tenía valor era lo que él creía que tenía valor. Su desconocimiento, su ignorancia y su cerrazón le llevaban a estar convencido de su error. Era un fanático. Buenas noches.

martes, 30 de abril de 2013

No generalicemos tan a la ligera




Ya me tenía cansado, pero ahora me está empezando a preocupar esa simpleza tan en uso que consiste en generalizar para describir lo que pasa.

Ya está bien de aguantar esa cantinela de que todos los políticos son iguales y que la crispación que se palpa en el ambiente es fruto de todos ellos.

He visto a muy pocos -la verdad es que no recuerdo a ninguno- políticos de izquierdas generar crispación. Si defender políticas en favor de la colectividad, que buscan el bien de todos y que permiten que todos puedan vivir con dignidad y ejercer sus libertades irrita a la derecha, eso no es crispación. Eso es que la derecha no quiere perder sus privilegios y reacciona a través del odio contra todo lo que huela a socialismo.

En cambio, veo a la mayoría de políticos de la derecha defender posturas de intransigencia, de fanatismo, de incultura, de individualismo feroz, de pisotear los derechos de los demás, de mentir sin disimulo, de tratar como tontos a los ciudadanos, de no ceder en nada en sus privilegios, de atacar constantemente, con razón o sin ella, a los adversarios políticos, a los que trata de enemigos, de querer tratar a los trabajadores como si fueran esclavos, de tratar a las mujeres como si fueran paridoras a su servicio, de negarse a ceder ante cualquier posible acuerdo, etc. etc. Y eso sí genera crispación. Eso es poner en práctica tratos inhumanos sin más excusa que la de favorecer sus negocios y sus intereses materiales.

Ya está bien de aguantar la cantinela estúpida de que todos son iguales. Lo que se va a lograr así es que se desestructure la sociedad, que se desmovilice y que venga un espabilado de derechas e imponga una dictadura económica aún peor que la que estamos sufriendo. ¿Hacia dónde queréis que vayamos? ¿A quien queréis apoyar?




martes, 14 de septiembre de 2010

Debilidad




Tenía el cielo a su lado, pero no lo veía porque no lo miraba. En realidad, no era capaz de mirarlo. El infierno de la obsesión, del fanatismo, de la fijación, de la imposibilidad de apoyarse en sí mismo y, a la vez, la necesidad de identificarse con los posibles éxitos ajenos le impedía gozar con lo que seguramente le podría proporcionar verdadero placer. No tenía más que cerrar los ojos para no ver lo que veía y alargar la mano, para encontrar algo distinto de aquello que era lo único que observaba desde hacía tanto tiempo. Pero no podía ser. Su debilidad humana se lo impedía.

lunes, 12 de octubre de 2009

Hypatia de Alejandría


Hypatia de Alejandría fue una interesantísima pensadora neoplatónica que vivió entre mediados del siglo III y principios del IV y que destacó en el campo de las matemáticas y en el de la astronomía. Su vida y su muerte fueron una consecuencia del fanatismo con el que algunas mentes resuelven su incapacidad para aceptar el pensamiento y la ciencia.

Alejandro Amenábar acaba de estrenar una película en la que relata la vida de esta mujer. El periodista Jacinto Antón publicó recientemente un artículo sobre ella, cuya lectura te recomiendo y que puedes obtener aquí.

Quiero llamarte también la atención sobre la crítica que de la película ha hecho en El País Carlos Boyero. El crítico parece desconocer algunos detalles de la vida de la pensadora y deriva de ahí alguna objeción injusta hacia el director. Y en un momento de su trabajo desliza la siguiente idea.

“Tu cerebro puede conectar con ella, pero en mi caso no me llega al corazón. Y lo estoy deseando continuamente, pero no consigue meterme dentro de ella.”

Estamos otra vez ante el papel fundamental, al parecer imprescindible, del corazón a la hora de captar la realidad. De nuevo la incomprensible exigencia de una corazonada para poder entender un problema histórico, ideológico y, en todo caso, real. Parece que el cerebro no es suficiente para abordar una problemática o una película, a partir de todos los datos que le aportan los sentidos, y que es imprescindible echar mano del corazón para poder establecer una conexión eficaz. El hombre como animal ex racional y convertido de nuevo en animal sentimental, como en los años de la dictadura franquista. El modelo debe ser el que ofrece Belén Esteban: poco que pensar y mucho que sentir. Cuando la actividad resulta al revés y hay poco que sentir, pero mucho que pensar, se concluye que algo está mal hecho y que la obra debe estar coja de alguna pata.

No me extraña que estas actitudes tan cordiales estén generando mentes incapaces de soportar tres ideas seguidas sin esbozar una mueca de cansancio o un bostezo de aburrimiento. Como nos acostumbremos a sentir los problemas y no a entenderlos, el mundo caerá en manos de los especialistas en manejar sentimientos, justamente los herederos del fanatismo que denuncia la película, y esto no va a haber quién lo arregle.

Me gustaría que pusieras aquí tu opinión sobre la película.

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Contra el fanatismo

Amos Oz, nacido en Jerusalén en 1939, es uno de los escritores actuales más importantes en el mundo. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén y simultanea desde entonces su faceta de escritor con la de profesor en diversas Universidades, como las de Oxford y Ben Gurión, ésta en Israel.

Posee el título de Caballero de la Legión de Honor, concedido en 1997, el Premio Libertad de Expresión, concedido en Noruega en 2002, el premio Goethe, otorgado en Alemania en 2005, y el Príncipe de Asturias, en 2007.

En uno de sus muchos e interesantes libros, titulado Contra el fanatismo, publicado en España en la Biblioteca de ensayo de la Editorial Siruela en 2003, define de manera muy clara y esclarecedora el fanatismo de la siguiente manera:


“Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma o de otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencilla razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto. El señor Bin Laden y la gente de su calaña no sólo odian a Occidente. No es tan sencillo. Más bien creo que quieren salvar nuestras almas, quieren liberarnos de nuestros aciagos valores: del materialismo, del pluralismo, de la democracia, de la libertad de opinión, de la liberación femenina… todo esto, según los fundamentalistas islámicos, es muy pero que muy perjudicial para la salud. Con toda seguridad, la meta inmediata de Bin Laden noera Estados Unidos. Su meta inmediata era convertir a los musulmanes pragmáticos, moderados, en auténticos creyentes, en su tipo de musulmanes. El Islam estaba debilitado por los “valores norteamericanos”. Pero para defender el
Islam no sólo hay que golpear a Occidente y golpearlo fuerte. No. Al final, hay que convertir a Occidente. Sólo prevalecerá la paz cuando el mundo se haya convertido no ya al Islam, sino a la variedad más rígida, feroz y fundamentalista del Islam. Será por nuestro bien. Bin Laden nos ama esencialmente. El 11 de septiembre fue un acto de amor. Lo hizo por nuestro bien, quiere cambiarnos, quiere redimirnos.”



Ahora, mira a tu alrededor y mírate a ti mismo, y trata de descubrir los detalles grandes o pequeños de fanatismo que pueda haber. Y tengamos cuidado.






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