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viernes, 10 de marzo de 2023

Exposición de obras de Juan Muñoz / 2 de 2

Días pasados comentamos la obra de Juan Muñoz Con la corda alla bocca, que puede contemplarse en la exposición que la Comunidad de Madrid organiza en la sala Alcalá 31, de Madrid. Hoy vamos a comentar la denominada Plaza. Esta obra pertenece al Kunstsammlung K21, de Düsseldorf, y no ha vuelto a verse en España desde que el artista la creara para la exposición que tuvo lugar en el Palacio de Velázquez, en Madrid, en 1996.




Está formada por veintisiete personajes, todos ellos con rasgos orientales. Posiblemente esto sea para que, como suele ocurrir en occidente, nos parezca que son todos iguales. Todos van vestidos de manera similar. Todos se ríen, aunque no se sabe de qué. Todos hablan, pero no se oye nada. No se trata de un conjunto de seres humanos concretos, sino del ser humano. Creo que se trata del ser humano contemporáneo, el que, aunque no lo queramos reconocer ni hablemos de ello, está una vez más perdido en una profunda crisis existencial. Este ser humano actual, que no acierta a conjugar sus enormes deseos de individualidad con sus necesidades de socialidad, que quiere relacionarse con los demás, pero que tantas veces el intento no llega más allá de unas risas superficiales, que a la vez quiere crear una sociedad, pero que huye de ella en cuanto puede, que cree que el ser humano no se va haciendo a lo largo de la vida, sino que ya es lo que es y no tiene que buscar nada más.



Todos los personajes parecen prácticamente iguales. Todos se ríen, pero ¿de qué se ríen? ¿de lo mismo? Nosotros solemos ir por la vida cargados con nuestros problemas, más bien tristes y, en todo caso, serios, pero ellos, todos, sorprendente y chocantemente se ríen. Es como si no tuvieran problemas, y si los tienen, no se ve que los afronten.

Ninguno de los personajes tiene pies. ¿Qué quiere decir esto? Quizás que no se pueden mover, que están anclados física e intelectualmente en lo mismo, en lo de siempre, sin posibilidad de salir de ahí.




Todos se relacionan entre sí, pero ¿cómo es esta relación? De nuevo creo que aparece aquí la ética. Lo que debería ser un criterio básico y profundo para establecer relaciones sociales lo disfrazamos de economía, de sociología, de política, o huimos descaradamente de hacernos estos planteamientos hacia territorios menos problemáticos y más agradables.

Para que el espectador pueda hacer estas reflexiones u otras, Juan Muñoz nos ofrece una serie de figuras que se expresan a su manera ante el espectador, pero dejando fuera a éste. Es una Plaza en la que no puede entrar, en la que ocurren cosas, pero siendo él ajeno a todo ello. Esta es una técnica de distanciamiento creativo que funciona como una provocación para el espectador. A este no le permiten pasear entre los personajes, no puede acercarse demasiado a ellos. El acercamiento debe ser mental, intelectual. Debe pensar para entender. El hecho de que esto hoy sea un difícil asunto no hace más que mostrar la profunda crisis humana en la que vivimos, de la que nadie habla y que tanto disfrazamos con las más variadas ocurrencias.

La exposición puede verse de martes a sábado de 11.00 a 20:30 h., y los domingos de 11:00 a 14:00 h. Estará abierta hasta el 11 de junio. El 17 de junio se abrirá en el Centro de Arte Dos de Mayo, en Móstoles, la segunda parte de la exposición, en esta ocasión titulada con un verso de T.S. Eliot, En la hora violeta.

Me parece muy interesante la lectura del artículo de Ianko López, Juan Muñoz: reivindicación del artista madrileño que el mundo amó, aparecido en El País del 8 de febrero de 2023. https://elpais.com/eps/2023-02-08/juan-munoz-el-artista-que-veia-el-futuro.html

También este otro de Ángela Molina, titulado Juan Muñoz, templo del silencio, aparecido en el mismo perióidico el 3 de julio de 2015. https://elpais.com/elpais/2015/06/05/eps/1433509094_873815.html#?rel=mas


martes, 7 de marzo de 2023

Exposición de obras de Juan Muñoz / 1 de 2

Juan Muñoz era un artista español nacido en 1953 y fallecido en 2001. Aunque se dedicó a varias facetas del arte, su actividad más conocida es la de la escultura. También por este motivo es conocida su mujer, Cristina Iglesias, autora de la imponente puerta de entrada del edificio de ampliación del Museo del Prado.

En 2009 el Museo Reina Sofía realizó una enorme exposición de la obra de Juan Muñoz. En ella pudimos contemplar buena parte de la obra de este gran artista, llena de teatralidad, de misterio, que crea una peculiar comunicación con el espectador y que reintroduce el figurativismo en la escultura. Ahora, y hasta el 11 de junio, la madrileña sala Alcalá 31 ofrece una colección de sus últimas obras titulada Todo lo que veo me sobrevivirá. Algunas, como la denominada Plaza, no vistas en España desde la exposición de 1996 en el Palacio de Velázquez, en Madrid, para la que fue creada.



Quiero detenerme brevemente en la obra de 1997, titulada Con la corda alla bocca (Con la cuerda en la boca), que aparece en la fotografía. Se trata de un homenaje que el artista hizo a la trapecista que Edgar Degas pintara en 1879 en su obra Mademoiselle La La au cirque Fernando.

La obra de Muñoz tiene, en general, un cierto aire de tristeza y de dramatismo. La que comentamos puede parecer, desde lejos, la representación de un ahorcado expuesto a la visión del público. Pero, vista de cerca, observamos una cuerda que pende del techo, en cuyo extremo una persona cuelga en el aire mordiendo con su boca la cuerda.

Una obra de arte es un acto de comunicación abierta, que comienza en lo que realiza el artista, posiblemente con una intención determinada, y termina en la interpretación personal y vital que hace cada espectador. Es una de las grandezas del arte: que un mismo objeto puede dar lugar a infinitas interpretaciones, todas las que pueden ofrecer quienes lo contemplan.



Relato aquí lo que me produjo a mí esta obra. A ti, lector, si vas a verla, es posible que te diga otra cosa. Yo vi una representación de la vida cotidiana de cada uno de nosotros, no de lo que hacemos concretamente en cada momento, sino de lo que significa nuestra situación vital en el mundo en el que estamos, de nuestra vida y de nuestra muerte. Aviso aquí a quienes no les guste pensar en estas cosas, sobre todo en la muerte, para que puedan dejar de leer esto en cualquier momento.

Creo que nuestra vida es la resultante, por un lado, de unas condiciones externas. Es como si tuviéramos un cuerpo exterior al nuestro que influyera en nosotros tanto como el de carne y hueso que portamos cada día. Esas condiciones externas están representadas por la cuerda. La cuerda puede romperse, de golpe o poco a poco, o puede mantenerse así durante mucho tiempo. Nuestra vida dependerá de eso. Luego está nuestro propio cuerpo físico, que tiene una fuerza limitada para mantenerse unido a la cuerda durante un tiempo. Y también está nuestra mente, que toma la decisión de estar en esa postura, como hace con todas las situaciones que vivimos a lo largo del día. Si uno de los tres elementos falla, el cuerpo cae y la vida se destroza. La fragilidad existencial que muestra la escultura de Juan Muñoz es la misma que tenemos nosotros cotidianamente y que debería llevarnos a pensar con intensidad que hay que vivir la vida, cada instante de la vida, como si fuera el último de la vida, porque la cuerda puede romperse en cualquier momento, las fuerzas pueden fallar o nuestras decisiones pueden ser erróneas. El fantasma de la muerte habita detrás de cada una de las situaciones que vivimos. Por eso hay que hartarse de vivir a cada momento, y construir nuestra vida como cada uno crea que debe construirla, en medio de los otros, con los otros y estableciendo con los otros la relación que creamos más racional y humana. Ahí es donde en una vida humana debe entrar la ética. La obra de Juan Muñoz la veo en el fondo como una invitación a la ética.