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miércoles, 1 de mayo de 2013

Buenas noches. La intención




Miro la realidad social y política española y me vienen a la memoria los años en los que fui director del instituto en el que estaba. Fueron años duros porque en el sistema español un director de instituto no tiene gran poder de decisión. No es, por ejemplo, como en Francia, sin ir más lejos. Aquí el director está en medio de una red de influencias, de peticiones, de órdenes y de intereses en donde es muy difícil hacer las cosas bien. Recuerdo que yo me planteaba al principio a favor de quién tenía yo que enfocar mis esfuerzos, quiénes eran los que daban sentido a mi actuación, quiénes deberían ser los objetivos prioritarios. Porque allí apretaban la inspección, los profesores, los alumnos, los padres, los conserjes, los proveedores y alguno que pasaba por allí, cada cual con sus cosas, con su poder y con sus exigencias. Me di cuenta enseguida de que lo que tiene sentido en la enseñanza es lo mejor para los alumnos, sin que eso signifique lo peor para los demás. Pero el objetivo prioritario debería ser que los alumnos estuvieran en las mejores condiciones posibles para que su rendimiento fuera el mejor. Me pareció que eso era ética y profesionalmente lo mejor.

Y traigo esto aquí porque viendo la situación política española y la actitud de este Gobierno que tenemos, que no sólo no se atreve a llevarle la contraria a los ricos y a los privilegiados, sino que está destrozando brutalmente todos los derechos que se habían conseguido anteriormente, me parece que su actitud ni es buena profesionalmente ni lo es éticamente. Son malos tiempos estos que nos han tocado vivir.

Y en estos malos tiempos es bueno que nos refugiemos un rato en nuestro pequeño o gran mundo de amigos y amigas en quienes podemos confiar y con quienes podemos ver la vida de manera más humana. Por eso me gusta acordarme de ellos y de ellas en el momento en que lo agradable y lo placentero es lo más necesario, ese momento en el que desconectamos y nos abandonamos para volver mañana con los ánimos más cargados. Reparte todo el cariño que puedas y que quieras. Buenas noches.

sábado, 20 de octubre de 2012

Mirando por la ventada. Anulados





Buscan anular al adversario.
Buscan anular al diferente.
Buscan anular al inmigrante.
Buscan anular al que no traga.
Buscan anular al que no tiene.
Buscan anular al dependiente.
Buscan anular al enfermo.
Buscan anular al alumno.
Buscan anular al parado.
Buscan anular al que protesta.
Buscan anular al que molesta.
Buscan anular al que antes hipotecaron.
Buscan anular al pensionista.
Buscan anular al pequeño empresario.
Buscan anular al funcionario.
Buscan anular al artista.
Buscan, seguramente, anularte a ti.
Buscan, seguramente, anularme a mí.
Lo que probablemente no sepan es que ellos,
en tanto que seres humanos,
hace mucho que están ya anulados.


viernes, 25 de febrero de 2011

Negro futuro



Llego a clase el día que tienen examen de mi asignatura. Nadie repasa nada, salvo dos, que tienen un papel delante y lo miran con un cierto aire de concentración. Antes de repartir las hojas de papel, tengo que esperar algún tiempo para que se sienten, se callen y quiten de la mesa las mochilas, los cuadernos y los libros. Les digo que quien quiera preguntarme algo venga a mi mesa, para no molestar a los demás. Preguntan casi todos, pero desde su mesa y con unas caras que parecen decir que no tienen ganas de levantarse. Están acostumbrados a practicar la ley del mínimo esfuerzo. Antes de contestar, preguntan si deben hacerlo dando las explicaciones convenientes o si basta con decir lo imprescindible. Por ver qué hacen, les aviso de que si alguien quiere más papel, que venga a recogerlo a la mesa. Uno que está a dos metros de la mesa intenta estirarse para alcanzar una hoja, pero sin éxito. Lamentablemente se tiene que levantar, aunque sólo un poquitín, lo indispensable para llegar a la meta. Otro tose, pero no tiene pañuelo ni de tela ni de papel ni de nada. Otro más pregunta algo que ya he aclarado antes, pero, además, como tiene un piercing atravesado de lado a lado en la lengua, no se le entiende lo que quiere decir hasta que lo repite varias veces. Es muy deprimente ver a estos viejos inútiles de quince años.


jueves, 27 de enero de 2011

¿Dónde estoy?


     - ¿Tiene alguno de vosotros algo en contra de que pueda haber personas  homosexuales?

Nadie dijo nada. Un alumno de 2º de ESO levantó la mano. Cuando le invité a que hablara dijo:

-          A mí no me gusta que se besen.
-          ¿Y eso?
-          Es que es como cuando vino el Papa, que se besaban …

Y comenzó a hacer un movimiento con la mano girándola de atrás hacia delante como el que describe una circunferencia en el aire con una cierta intención de ir hacia una especie de más allá.

-          ¿Qué es lo que quieres decir? ¿Por qué no te gusta que se besen dos homosexuales?
-          Es que no me gusta que…

Y seguía haciendo en el aire el mismo movimiento giratorio.

-          Pero ¿por qué no te gusta? ¿qué es lo que quieres decir?
-          Jo, profe, no lo sé explicar. ¿No ves que soy sólo un niño?

Quería decir que no le gustaba que se besaran sólo para provocar. El suceso fue muy tierno y nos reímos todos, pero yo me volví a plantear a quién le estoy dando clase, hasta dónde puedo llegar para que entiendan ciertos temas, cómo tratar estos asuntos cuando los alumnos son tan diferentes aunque tengan la misma edad e incluso qué pintaba yo allí.

Una vez le pregunté a un alumno en qué consistía tener amigos. Mientras me respondía que poder jugar a la pelota con ellos, me di cuenta que en el pupitre de atrás había una alumna embarazada.

No tengo aún nada claras las respuestas a estas preguntas.

miércoles, 9 de junio de 2010

Sujetador



Creo que hubo sintonía, sentimientos comunes, afectos que iban y venían. Fui capaz de decirles que los quería, pero también de echarles más de una bronca. Hacían brotar la desesperación cuando les preguntaba algo y respondían con el silencio colectivo, alguna que otra vez roto con fortuna por quien había estudiado o por quien recordaba algo de lo que habíamos visto. Muchas veces los cursos son lo contrario de los días, que amanecen al final y se pasan, en cambio, durmiendo la noche muchos meses. Todos estos meses yo me los pasaba preguntando y los alumnos de 2º de Bachillerato mostrándome con mucha cordialidad que no tenían ninguna respuesta certera para lo que les preguntaba.

Un día, cuando la desesperación me llegaba ya al nivel de la garganta, les dije que se me estaba cayendo el alma a los pies. Como las gotas de humor son más efectivas que las del vinagre, les añadí que para evitar que se me cayera al suelo, iba a comprarme un sujetador para el alma. La broma la repetí en varias ocasiones y logré que se dieran cuenta de que no sabían lo que tenían que saber, pero no que pusieran lo necesario para lograr la sabiduría. Llegó, al fin, la amanecida del final de curso y la subida del nivel de conocimientos hizo que una corriente de optimismo subiera con fuerza desde el suelo hacia las alturas de la esperanza y que el alma, que andaba en caída libre, se mantuviera en el camino a una cota prudente, eso sí, sin necesidad de haber usado el alivio de ningún sujetador.

Con el curso acabado empezaron las despedidas. No pude asistir a lo que llaman la graduación, cosa que sentí antes de que ocurriera, pero de lo que me alegré mucho después. Al día siguiente fuimos a cenar y allí tuvieron la gentileza de repetirme los trozos de su discurso que habían pronunciado el día anterior y que se referían a mi persona. Hicieron algunas referencias llenas de gracia a cosas que yo había dicho en clase y, lógicamente, sacaron a relucir que se me caía a veces el alma a los pies. Pero, dicho lo cual, y ante mi sorpresa inevitable, sacaron de algún lugar en el que lo tenían escondido un hermosamente feo sujetador verde, con las copas forradas con encaje blanco, en una de las cuales había una inscripción que decía:
“Sujetador para el alma”
Sentí, simbolizado en aquel artefacto, el cariño que se había fraguado en todos los años en los que hemos estado juntos, y eso me llenó de emoción. Enseguida me imaginé la situación que se habría creado el día anterior, en la graduación, si me llegan a hacer entrega del sujetador delante de padres, colegas, compañeros y del resto de la concurrencia. Así que les dije con todo cariño que lo suyo empezaba por “Ca” y acababa en “azos”.

Como era de esperar, me pidieron que me lo pusiera, olvidándose de que era para el alma e intentando que me lo pusiera como si lo usara para lo que estaba pensado, esto es, en el pecho. Me acordé de todas las redes sociales, de todos los blogs y del malvado que inventó Internet. ¿Cómo iba yo a exponerme a la nube de cámaras expectantes que intentaban inmortalizar la imagen? Se me ocurrió recordar que alma viene de “anima” y que esta del alma fue una de las primeras ocurrencias míticas que se dieron en la historia de la humanidad para explicar por qué una persona viva se movía y, en cambio, no lo hacía cuando estaba muerta. Y yo, si me siento, estoy quizás menos vivo que si me levanto, luego las posaderas deben ser un elemento importante para simbolizar el alma. Pensé también en la evolución, en cómo el indudable atractivo que suponen para los hombres los pechos de la mujer son la sustitución bípeda de la emoción que producía, cuando andábamos a cuatro patas, el trasero de quien estaba delante. Así que rápidamente asocié el alma con el culo, me instalé allí el sujetador y dejé que me fotografiaran de espaldas.

Pese al apuro de la pose, me gustó la ocurrencia. Lo guardaré con cariño y lo enseñaré cada vez que pueda. Y, lo que es más importante, me acordaré de él cuando se me baje el alma a los pies para tener presente que, por debajo de los roles que desempeñamos en la vida, hay siempre un poso de humanidad que aflora en cualquier momento.

Gracias, alumnos. Gracias, amigos.


sábado, 10 de octubre de 2009

¿Obedecer?


- Imaginaos que entra un niño pequeño con la intención de meter los dedos en el enchufe. Lógicamente, yo le digo que no los meta, que eso no se hace porque se va a hacer daño. ¿No me debería obedecer?

La respuesta no fue unánime. Salvo una minoría que dijo que sí, el resto se decantó por cosas tales como “Lo hará si quiere”, “Que haga lo que quiera”, “¿Y por qué te iba a tener que obedecer?” “¿Y si nadie le ha dicho que tiene que obedecer?”…

No creo que sea sólo cosa de la edad. Si con 14 años razonan así, mal están las cosas. Y realmente están mal. No tienen ni idea de la necesidad de una obediencia racional, esto es, no son conscientes de que tienen que obedecer y, además, de que tienen que saber por qué deben obedecer. Hay unas cuantas generaciones que pertenecen a la clase bruta. Me refiero a las de los padres de estos alumnos, claro.

Les expliqué que cuanto tengan hijos, deben decirles lo que tienen que hacer y acostumbrarles a que sepan por qué deben hacerlo. Es la única manera de que se vayan haciendo seres humanos y de que vayan abandonando la animalidad inicial.

- Entonces, ¿también debemos obedecerte a ti? Y ¿por qué?

La pregunta creo que indicaba que algo habían entendido. Pero con la distancia me parece que el que un alumno le pregunte eso a su profesor es para que nos pongamos a pensar de dónde venimos, a dónde vamos a ir a parar y dónde y con quién estamos.

A ver si llegan pronto las tarimas, palabra que ¡qué casualidad! encierra dentro de sí esta otra: trama.

.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Alumnos


¿A qué hora se acostarán los niños de E.S.O.? 

¿Por qué llegarán tarde tantos de ellos a la primera hora? 

¿Por qué se pasan la primera parte de la mañana bostezando? 

¿Les controlará alguien su horario? 

¿Habrán adoptado un hábito sano de descanso? 

¿Cómo es que muchos de ellos llegan sin desayunar? 

¿Por qué es cada vez más frecuente oírles decir que están allí por obligación, que si no, no estarían? 

¿Por qué, ellos o sus padres, dan teléfonos falsos, de forma que no hay manera de contactar con sus padres? 

¿Por qué están aumentando los casos de violencia de los padres hacia los profesores? 

¿Por qué hay alumnos que cuando les das un ejercicio, te dicen que no les des papeles, que ellos no han ido allí a trabajar, sino sólo a estar? 

¿Por qué ....? 

Uff.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Venganza resentida


Esta pintada la encontré en la fachada de un colegio religioso concertado en La Isla de San Fernando. Seguramente, un alumno con algún que otro suspenso en junio, se desahogó pintando esto de todos los sufrimientos habidos durante el verano.


Es curioso que la pintada no ha sido borrada en algún tiempo. Qué mejor propaganda podría tener el colegio ante los padres, que ven cómo un alumno es obligado por los profesores a estudiar todo un verano. Lloverán las peticiones de plaza en ese colegio, seguramente, y por eso no lo habrán borrado. Pero lo que me parece que los padres tampoco sospechan --una buena parte de los padres no suele saber ni sospechar nada. Este es el problema-- es que si su hijo es capaz de poner esa pintada sólo porque ha tenido que estudiar en verano ¿qué hará cuando el revés en la vida sea mayor? ¿qué hará cuando pierda su equipo, o cuando descubra que su novia ya no lo quiere, o cuando lo echen del trabajo?