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jueves, 4 de septiembre de 2008

El Guerra / y 10


Un último detalle de este curioso güichi. Junto al Bote, pueden observarse unos cencerros. Uno de los asistentes tuvo la amabilidad de desvelarme cuál era su función. Como se ve, los hay de tres tamaños. El pequeño sirve para comunicar a la clientela enterada de la clave, que el que va a abandonar el lugar es un cabrito. Si el que se larga es más que un cabrito, o sea, un cabrón, El Guerra echa a sonar el cencerro mediano. Pero si el individuo en cuestión es un verdadro cabronazo, lo que suena es no sólo el de mayor tamaño, sino unas campanas que hay escondidas debajo de la barra, para que el mundo se entere de quién es el que anda por allí.

Quien haya llegado hasta aquí en esta saga sobre el güichi de El Guerra debe saber que, además de la gracia y de la buena gente que se puede encontrar allí, puede tomarse un jamón extraordinario, un queso excepcional y unas chacinas espléndidas a unos precios infrecuentes por lo bajos. Y también unos vinos que saben estar a la altura de la situación.

Larga vida a El Guerra, a los simpáticos y cachondos asiduos que paran por allí y a su curioso güichi.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El Guerra / 9

El güichi tiene también su Bote. Como puede observarse, en primer plano aparece un remedo de preservativo rupestre y textil, muy en tono carnavalero. Debajo de él, una bolsa, formada por la funda de un jamón, con una caja de Viagra, que aclara el destino de los fondos que se recauden con las propinas.

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martes, 2 de septiembre de 2008

El Guerra / 8

Uno de los señores se empeñó en que viera una foto para que comprobara quiénes asistían a aquel güichi.


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Como puede observarse, el tercero por la derecha es el Rey, sabiamente incluido allí por uno de los cachondos asiduos al lugar.
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En la siguiente fotografía se observa que el lugar tiene también su lista negra formada por morosos que, cualquiera sabe por qué, comieron y bebieron, pero no pagaron.
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lunes, 1 de septiembre de 2008

El Guerra / 7

Cuando volví a la barra del bar, los cuatro o cinco señores que estaban allí me recibieron sonrientes y me preguntaron si había sido interesante la visión de los servicios. Les dije que sí, claro está, y procedieron a enseñarme algunas otras peculiaridades del lugar. Por ejemplo, esta carta de presentación del dueño del lugar, dentro del más puro estilo carnavalero


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O esta otra, que invitaba a consumir lo más recomendable del lugar.

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domingo, 31 de agosto de 2008

El Guerra / 6

Antes de abandonar la zona de servicios del güichi, penetré en el de señoras, por ver si se incrementaba la colección de consejos a seguir. Sólo encontré el que reproduzco a continuación. Como se puede observar, se siguen en él las normas de rima de las cuartetas carnavaleras, si bien alguien, con escaso rigor ortográfico, incrustó un comentario a modo de contrapunto realista.

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sábado, 30 de agosto de 2008

El guerra / 5

Todas estas recomendaciones hay que entenderlas dentro del marco del Carnaval. El Bar, cuyo nombre real es Peña Carnavalesca "La bandurria", está situado en el cogollo del barrio más carnavalero de la ciudad.


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Una panorámica general de este cuarto de baño ilustrado es la siguiente:

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viernes, 29 de agosto de 2008

jueves, 28 de agosto de 2008

El Guerra / 3

Una vez dentro, encendí la luz y me encontré con un espejo en el que había pegados una retahíla de mensajes y de advertencias relativos a lo que se venía a hacer allí.

Hay que tener en cuenta, para comprender lo que se ve en este Bar de El Guerra, que todo en él está empapado de Carnaval y del espíritu de las chirigotas de Cádiz. Por tanto, nada de lo que se ve aquí va en serio, sino que está pasado por el tamiz, más grueso o más fino, de la guasa.

Por ejemplo, allí rezaba lo siguiente:

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miércoles, 27 de agosto de 2008

El Guerra / 2

La segunda puerta tenía el siguiente cartelito


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Aunque yo las distinciones de género nunca me las tomo muy en serio, por respeto al lugar entré en la primera, porque en mi organismo todavía no encontré nada parecido a un conejo y sí, en cambio, algo que recuerda a los huevos, aunque, a decir verdad, la cantidad de tres me dejó pensando un rato.

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martes, 26 de agosto de 2008

El Guerra / 1

En la plazoleta de las Vacas de la Isla de San Fernando hay un bar pequeño, un güichi. Un güichi es lo mismo que un bache en Cádiz o que un tabanco en Jerez, es decir, un bar en el que se bebe y se toma alguna tapita de calidad. El dueño del bar es Pepe "el Guerra", que es como todo el mundo le llama. Por las mañanas seis o siete señores "paran" allí, se toman unos vinos y hacen un derroche de gracia como en muy pocos sitios se encuentra.

Un día, a mediodía, entré en el güichi y fui recibido con mucho respeto, porque respetuosa y, además, graciosa es la clientela de El Guerra. Pedí una cerveza y me fui al servicio a orinar. Había dos puertas. En la primera me encontré con esto:





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