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lunes, 9 de diciembre de 2013

Buenos días. Lo pequeño





No había grandes cosas que ver, salvo la fuerza alegre del Sol en todo su esplendor. Por eso me dediqué a ver las pequeñas, las cosas pequeñas, sobre todo el atractivo color de las pequeñas hojas de los árboles. Para hacer que venga el invierno con elegancia, las hojas se visten de esos tonos marrones, cercanos al dorado, propios de la madurez, de la generosidad, de las cumbres otoñales, caen como sólo ellas saben hacerlo y ceden el paso a lo nuevo que venga. Como en tantas cosas en la vida, a veces hay que morir para que nazca lo nuevo, hay que negarse para que aparezca lo positivo. Buenos días.

jueves, 11 de octubre de 2012

Buenos días. España evoluciona




Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que España, que era una -aunque había dos-, grande -a pesar de lo cual no cabían todos- y libre -sobre todo para los que tenían poder-, se definía, por quien tenía atribuciones para definirla, como “una unidad de destino en lo universal”. Esto de la unidad -otra vez- en lo universal tenía un tufo fascista insoportable, pero volvía locos a los que profesaban la funesta manía de querer someter a los demás bajo las suelas de sus rancias ideas. Estas palabras tan solemnes -en el fondo, tan vacías- les solazaba el espíritu, les disparaba las glándulas y la hormona de la metafísica patriotera se les ponía por las nubes, hasta el punto de que se colocaban en las mismas puertas de la otra vida, aunque con los pies muy bien asentados en esta. Yo creo que lo que les atraía de todo este montaje era que lo consideraban como un negocio espiritual que les proporcionaba bienestar anímico aquí y, encima, creían que les garantizaba el acceso futuro a reinos eternos, que se supone que también estaban llenos de unidad y de universalidad, para que no desentonaran.

Pero, a pesar de todo el afán conservador que se quisieran echar sobre la brillantina estos negociantes disfrazados de hombres píos, las cosas cambian. Aunque alguien se acostumbre a volver la cara para otro lado e ir mirando de reojo, la sociedad evoluciona y las palabras van perdiendo el aire que las mantenía infladas, hasta quedarse convertidas en desechos antiguos e inservibles. Así, el negocio espiritual, que catapultaba a la estirpe española hacia el más allá, se fue transformando inadvertidamente hasta situar en el trono que antes ocupaba el espíritu, la más reconfortante y placentera materia, revestida de ganancias, dineros y prebendas encerradas en el glorioso saco del capitalismo.

De esta manera, la España que unos padres acostumbrados a mirar al sol consideraban una unidad de destino en lo universal, fue transformada por sus hijos, que no dejaban de contemplar al astro rey, pero que ya solían usar gafas de colores oscuros y cremas solares para evitar ciertos peligros, en algo mucho más eficaz, más beneficioso y más lucrativo: la marca España.

En esas estamos hoy.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lo grande y lo pequeño


Lo grande: la tasa de morosidad, los mercados financieros, los créditos fallidos, los activos dudosos, el euribor, la burbuja inmobiliaria, el cuarto de punto, los mercados de valores, los reajustes lógicos, el nivel de los 10.000 puntos, los signos de reactivación, los brotes verdes, los bonos y las obligaciones, el beneficio neto y el beneficio bruto, el recorte del dividendo, las relaciones multilaterales, el IPC, el PIB, la OMS, la OTAN, el FMI, el BM, el G20, el calentamiento global, los pactos, la Reserva Federal, el déficit, los presupuestos, la presión recaudatoria, la liquidez.

Lo pequeño: me he quedado sin trabajo, ¿por qué el niño no querré estudiar?, qué caro está todo, cada vez hay más gente que me miente y se queda tan tranquila, los personajes públicos deberían darse cuenta de que lo que dicen y lo que hacen son un modelo para muchísima gente, qué lejos está Sonia últimamente, qué lejos la siento, estoy cansado, muy cansado.

Y en medio, muchas veces sin darme cuenta, estoy yo, inundado por lo grande, absorbido por lo pequeño, sin saber a dónde mirar.

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