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sábado, 27 de junio de 2015

Buenos días. Comparte




Comparte, si lo necesitas, tus penas, pero, sobre todo, comparte tus alegrías. 

Buenos días.

lunes, 19 de enero de 2015

Buenos días. Unen y separan




No sé por qué las desgracias nos suelen unir y, en cambio, las alegrías tienden a separarnos. 

Buenos días.

martes, 29 de abril de 2014

Buenos días. Alegrías y penas




Las alegrías compártelas en público, pero las penas, si es posible, exprésalas en privado. Es que suelen ser demasiado contagiosas. Pero no te las tragues ni las rumies en soledad. A estas alturas ya debes saber quién te puede escuchar. Buenos días.

lunes, 14 de abril de 2014

Buenas noches. Alegrías




Con lo corta que es la vida y la cantidad de posibilidades de dar alegría que nos callamos. Buenas noches.

sábado, 5 de abril de 2014

Buenos días. No te lo tragues




Comparte tu alegría. Sé breve, por si acaso la otra persona está haciendo algo, pero compártela. No te tragues ni tus penas ni tus alegrías, que engordan mucho la mente y le hacen perder la buena línea. Buenos días.

martes, 14 de mayo de 2013

Buenos días. Penas y alegrías





Las alegrías pasan una detrás de otra, sin tiempo para entrar en contacto entre sí. Las penas, en cambio, parece que se quedan a conocerse, a hacerse fuerte entre ellas y a anidar allá donde se encuentren. Las alegrías vienen y cumplen su función con sólo su llegada. Las penas, en cambio, parece que nunca terminan de dejar su mensaje y nos exigen un esfuerzo tremendo para intentar que se vayan. Quizás la clave esté en hacerles mucho más caso a las alegrías que a las penas, justo al revés de lo que solemos hacer. Porque las penas exigen tu atención y, si no la tienen, se aburren y se marchitan. Y lo que peor les sienta es que descanses. Te invito a que hoy no te fijes en las penas, que te instales una sonrisa en los labios y que te eches a vivir. Buenos días.

lunes, 29 de abril de 2013

Buenas noches. Alegrías




Deberíamos cultivar cosas tales como la prudencia, la paciencia -no al estilo Rajoy, claro, no quiero jugar con la vida de nadie-, el sosiego y la esperanza. Hay veces que la vida nos presenta situaciones que podrían ser desagradables y es posible que nos inclinemos antes de tiempo por la peor de las soluciones. Es un gran error. Hay que saber esperar. Cuando las cosas están claramente mal, cuando no hay de qué comer ni dónde vivir, no hay que esperar, sino hacer algo, lo que sea. Pero cuando lo que ocurre es que se teme uno lo peor, hay que esperar siempre. Yo hoy tenía la tentación -es verdad que leve- de inclinarme en dos situaciones distintas por soluciones desagradables. Me he llevado dos grandes alegrías. Una amiga, con un proyecto de todo un año, ha conseguido lo que pretendía. Otra amiga, extraña y brevemente desaparecida, ha aparecido y está bien. No le he dicho nada de esto a ninguna de las dos, porque es cosa suya comprobarlo, pero para mí ha sido una prueba de que soy su amigo, porque me he alegrado sinceramente, profundamente del éxito de las dos. Ya sé que algun@s de vosotr@s piensa que la amistad se comprueba estando cerca en los momentos malos, pero yo estoy convencido de que la prueba de fuego es la alegría que se puede sentir con el éxito del amigo. Sea como sea, el caso es que hay que aprender a esperar sin echar las alarmas al aire (¿te enteras Manolito?). La vida es muy grande y muy compleja para que se reduzca a un estúpido temor.

Dicho lo cual, lo que procede es descansar y hacerlo bien. El oxígeno es importante para todo, también para dormir. Respira bien, honda y suavemente. Baja los hombros. Que te pese el cuerpo. Que tu postura sea la tuya. Pasa lista y manda mucho cariño a quienes figuren en ella. Se te instalará una sonrisa en los labios y esa será la señal para que Morfeo se apodere de ti. Mañana hay que ganarle la partida a la vida y tienes que estar descansad@. Buenas noches.