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domingo, 16 de octubre de 2016

Buenas noches. Seguro que es de izquierdas




Once de la noche. En la parada del autobús en un intercambiador de transportes han instalado una especie de barra ancha, para que los viajeros puedan apoyarse y hacer así más llevadera la espera. Llegamos y hay una chica de unos veintipocos años sentada hacia la mitad de la barra. Es la única que está apoyada. Toda la parte del principio está libre y en la del final hay un espacio en el que no caben dos personas. Está acompañada de un señor, de pie, con una cazadora de cuero sobre la que ha caído abundante caspa. La chica viste una chaqueta de corte de color verde botella, con aspecto de ser la que usa en su trabajo. Le pido, por favor, si se puede echar un poco hacia adelante, para que quepamos más personas en la barra. Me mira de manera rara, como si mi petición fuera una osadía, y se desplaza unos diez centímetros en la dirección pedida. Le dirijo una mirada que quiere preguntar por qué no se desplaza más, pero ya no me mira. La comodidad de los demás parece que no es su problema. Nos acoplamos en la barra como podemos y, en ese momento, le suena el teléfono móvil. Le llega un mensaje, que lee en voz alta. 

“Eleuterio Sánchez: Que un obrero vote al PP es un reflejo de la estupidez humana.” 

En voz alta, con cara de estar ofendida y en un tono de odio, añade: 

“Y ¿quién será este Eleuterio Sánchez? Él sí que es un estúpido. Seguro que es de izquierdas. Hay que ser verdaderamente estúpido para decir estas cosas”. 

Sin cambiar la expresión de odio, siguió hablando con su acompañante. Madrid. Octubre de 2016.  

Buenas noches.

viernes, 26 de agosto de 2016

Buenas noches. Preguntas



Me pregunto quién será en realidad de derechas y quién de izquierdas. 

Me pregunto también en qué se les notará y quién estará actuando inteligentemente y quién no. 

No me pregunto quienes me toman por tonto y quien no, ni quién va con descaro a lo suyo, porque ya lo sé. 

Buenas noches.


miércoles, 22 de junio de 2016

Buenas noches. Derechas e izquierdas



Ser de derechas o ser de izquierdas no es votar a unos o a otros, sino actuar en la vida de una manera o de otra. 

Buenas noches.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Lo que veo cuando miro. El votante




Creo que cuando el votante no se deja llevar por un análisis racional, basado en datos fiables y en argumentos claros, sino que es presa del resentimiento, del odio o de su imaginación, comienza a dar bandazos sin criterio, confunde la derecha con la izquierda y no alcanza a ver con claridad las consecuencias de sus decisiones. Es como si nos comprometiéramos con una pareja porque tuviéramos buenos presentimientos con ella. 

Buenas tardes.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Lo que veo cuando miro. Ser de derechas y ser de izquierdas





Para ser de derechas, basta con tener deseos de ganar dinero y con que los demás te importen muy poco. Ser de izquierdas, en cambio, implica no sólo un estilo de vida social, en donde lo de todos es más importante que lo de uno, sino que, además, tienes que formarte tu conciencia, tienes que saber justificar racionalmente tus valores y tienes que poseer una moral que te mantenga críticamente firme y te permita defenderte de los ataques despiadados y crueles de la derecha, siempre en busca de privilegios y de beneficios. Es mucho más difícil ser de izquierdas que de derechas. Buenas tardes.

sábado, 16 de febrero de 2013

Buenos días. Derechas e izquierdas




Hay muchas personas de derechas -de las que se reconocen como tal y de las que, siendo de derechas, se creen que son de izquierdas- que defienden que han caído las ideologías, que ya todas son iguales y que es, por tanto, lo mismo votar a un partido que a otro. O no votar, que es el verdadero objetivo de esta maniobra. Cierta izquierda, siempre tan exigente y tan delicada, se desmoviliza pronto y se apunta fácilmente a esas simplezas tan peligrosas de que todos son iguales y consignas similares escasamente pensadas. Con esta maniobra de decir que el sistema ha caído -ya lo defendía el franquismo-, de que da lo mismo una cosa que otra -se lo he oído decir a algunos como si fuera el gran descubrimiento del siglo- y que, hagas lo que hagas, no hay remedio, se le sigue entregando el poder a la derecha -que vota siempre, porque tiene mucho que defender- y, con tanta abstención, se va construyendo un camino muy eficaz para que venga el dictador de turno a salvar el país, sometiéndolo a sus designios. Este es uno de los negros nubarrones que tenemos encima y que parece que nadie quiere alejar.

Es cierto que en cuando a la producción de bienes, la derecha y la izquierda se sitúan dentro del marco del capitalismo, si bien éste puede ser interpretado de manera más o menos salvaje. Pero en lo que se refiere a la distribución de la riqueza y a las políticas sociales, las diferencias entre la derecha y la izquierda son tan evidentes que quien no quiera verlas podría ser tachado sin posibilidad de error de ciego voluntario.

Pero hay una diferencia entre ambas formas de entender la vida y el mundo que se está poniendo estos días de manifiesto, a mi juicio, con bastante claridad. Me refiero a las relaciones internas entre los miembros de los grupos políticos y al tratamiento que se les da cuando expresan sus opiniones en público. 

Los políticos de la derecha suelen apoyarse entre sí, no sé si porque les interesa o para fortalecer sus propuestas. Al final, como son fundamentalmente individualistas, acaban siempre mal, enfrentados entre sí y sacando al aire sus vergüenzas, pero, en principio, trabajan en común y dan la impresión de pertenecer al mismo grupo. En cambio, en cuanto en la izquierda sale una persona nueva, o hace en público alguna crítica -eso que es tan de izquierdas y que la derecha nunca hará- o se atreve a hacer alguna propuesta novedosa, cae sobre ella el peso de la sospecha, de la desconfianza y de las interpretaciones tendenciosas de lo que ha dicho y de por qué lo ha dicho. Es como si lo nuevo, lo distinto o lo atrevido no tuvieran cabida en la izquierda de este país y cualquiera tuviera que pagar sin compasión su osadía de expresar en público sus opiniones críticas. Los casos de Beatriz Talegón y de Alberto Garzón son suficientemente ilustrativos de lo que quiero decir. Convendría que nos fijáramos en el funcionamiento interno de los partidos en otros países y ver un poco de lo que ocurre allí. Las críticas que le hacen a Cameron en el parlamento británico podrían servir, quizás, de ejemplo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Mirando por la ventana. Política y ética




Hay corrientes de opinión, cuyos miembros se autodenominan de izquierdas, pero que en realidad tienen un comportamiento de derechas, que introducen alegremente a todos los políticos en el mismo saco, como si todos tuvieran la misma ética, y tratan de invalidarlos en su conjunto, dando por supuesto que todos son iguales. Tal simplificación lo que hace es desmotivar al ciudadano más débil, allanarle el camino al fascismo y facilitar la llegada al poder del inepto más inmoral y más dañino.

Esto, al parecer, es o muy difícil de explicar o muy difícil de entender, porque la gente está perdiendo el sentido de la ética y cree que sólo hay política.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Mirando por la ventana. No se han enterado




Todo hecho tiene un aspecto visible, constatable, que afecta al mundo físico, y también otro simbólico, que nos remite a algo distinto del propio hecho en sí.

Digo esto porque aún no he salido de mi asombro y de mi indignación al leer la noticia de que la izquierda del Ayuntamiento de Madrid ha decidido votar a favor de la concesión de la Medalla de Honor de la ciudad al antiguo alcalde Alberto Ruiz Gallardón. Ni voto en contra ni abstención. El hecho visible es que la izquierda ha votado a favor de que se reconozcan los méritos del señor Gallardón como alcalde de Madrid. Supongo que por méritos se entenderá su gestión económica, que ha llevado a que la ciudad tenga una deuda de más de 7.000 millones de euros y a que el 22% del presupuesto de la ciudad se emplee en pagar esa deuda con sus intereses correspondientes. O quizás tengan que ver con que, a pesar de la deuda y de la crisis, se llevó como mayordomo al maitre de un famoso restaurante de Madrid, con un buen sueldo, naturalmente. Puede que los méritos se refieran a que tuvo levantada Madrid muchos años y luego la cubrió de manera que pasear por algunas calles del centro de Madrid encierra peligro de tropiezo. O es posible que tengan que ver con lo que hizo por frenar la contaminación de la ciudad. Cualquiera sabe a qué se refieren los méritos del anterior alcalde. No quiero ni pensar que el criterio para votar que sí haya sido ese tan de izquierdas y tan revolucionario como es la tradición de darle una medallita a todo el que pasa por la alcaldía.

En las circunstancias actuales, este lamentable asunto tiene, además, un fuerte carácter simbólico. ¿Algún votante de izquierdas le daría hoy una medalla a Gallardón? Seguro que no. Y, sin embargo, sus representantes políticos sí se la han dado. Este episodio muestra con toda claridad la separación que se está dando entre los votantes y sus representantes. ¿Es que no se enteran de que esto está pasando y que por eso se le están yendo los votos? ¿Es que siguen en su otro mundo, ajenos a lo que está pasando en este? ¿Con quién se han comprometido, con los ciudadanos o con los corteses representantes que se turnan en darse medallas, unas veces a unos y otras, a otros?

Un político tiene la difícil tarea de convencer al ciudadano de que su programa, su proyecto es el mejor. Tiene que crear en el votante la esperanza de que el mundo va a ir a mejor si le vota. Lo que es una grandísima estupidez es que el político acabe en un momento con la esperanza del ciudadano con medidas como esta, que lo alejan años luz del mundo de los problemas y que provocan el castigo del votante, con toda la razón.

Creo que todavía no se han enterado.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Mirando por la ventana. Explicar




Los dirigentes de la sociedad, especialmente los políticos, debería adoptar la tarea de explicarle a los ciudadanos todo lo que hacen, especialmente lo que a ellos les parece evidente. Me refiero a los políticos de izquierdas, porque los de derechas no lo han hecho nunca y no lo van a hacer ahora. Estos siempre han preferido ciudadanos desinformados, ignorantes y que odien cualquier crítica hacia el poder que detentan.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

miércoles, 22 de febrero de 2012

Unir la izquierda



Pertenecemos a la Unión Europea, que está gobernada por un Parlamento y un Consejo de la Unión, en los que mayoritariamente domina la derecha. ¿Te lo planteaste cuando hubo elecciones al Parlamento Europeo? ¿Te quedaste también entonces en casa?

Si en la Unión Europea gobierna la derecha, ¿crees que un gobierno de izquierdas de un país miembro es lo suficientemente independiente como para tomar las medidas de izquierda que quiera? ¿Te lo has planteado antes de juzgar a un gobierno de izquierdas? Somos España, pero también somos Europa.

En España la derecha está unida por sus intereses particulares. ¿Te has planteado cuáles deberían ser los intereses de la izquierda? ¿Has hecho todo lo posible para que no gobierne la derecha?

miércoles, 15 de febrero de 2012

De izquierdas



Lo vi un día, hace ya algún tiempo. Siempre dijo que era de izquierdas, de no sé bien qué izquierda. En nombre de esa izquierda, frenó todos los proyectos que encontró que favorecían a los más necesitados. En nombre de esa izquierda hablaba y hablaba y hablaba contra todo y contra todos, salvo contra sus amigos. En nombre de esa izquierda no supo ver qué es lo que significaba realmente ser de izquierdas. En nombre de esa izquierda le hizo todo el juego posible a la derecha. Lo volví a ver un día y estaba comprando El Mundo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Provocan



Una de las características de la actitud de derechas, tenga las siglas que tenga, es la de preferir el uso de la fuerza en lugar de la razón o de la palabra. No suelen desear convencer, sino simplemente, vencer. No intentan dialogar, sino imponer. No escuchan, sino que hablan. No miran por los otros, sino sólo por sí mismos. Ni siquiera se miran entre ellos, por lo que siempre terminan enfurecidos los unos con los otros, como aguirres y gallardones, como guindos y montoros, como aznares y rajoys. No miran las consecuencias de sus actos en el futuro, sino sólo los intereses en el presente.

Lo que consiguen con esta actitud tan prepotente, tan chulesca, tan de poderío impositivo, es provocar. Provocan a los profesores, provocan al 15 M, provocan a los trabajadores, provocan a los profesionales de la medicina, provocan a los bomberos, provocan a los funcionarios, provocan a los ciudadanos. Es la gran esperanza que nos queda, que, a fuerza de provocar y provocar, la ciudadanía despierte, que despierte la izquierda y forme un grupo común y que la marcha del país vuelva a girar 180º y se cree un mundo en el que quepan todos los que tengan buena voluntad.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Esfuerzo por no odiar




Muchas veces me ha ocurrido lo mismo. Voy con alguien de derechas y procuro no hacer ciertos comentarios para evitar que se pueda sentir mal y que surja una situación desagradable. Pero, en cambio, los de derechas no se privan de soltar, con una actitud altiva y como fruto del resentimiento, todo lo que les da la gana, con sentido o sin él, con buena información o sin ella, con los frutos de la racionalidad o con los malos olores de las vísceras podridas. Parece que van siempre como si su verdad fuera la única posible y como si los que no piensan como ellos no tuvieran derecho a pensar como lo hacen. Es como si te quitaran el derecho a ser. Hay que hacer un verdadero esfuerzo para no odiarlos.  

lunes, 4 de julio de 2011

Cuatro años




Político: Después de cada elección tienes cuatro años para trabajar en lo que quieres hacer por la sociedad, para pensarlo y para hacerlo bien. Y para explicarlo de manera que todos nos enteremos. No lo dejes todo para la siguiente campaña electoral porque te vas a llevar otro disgusto.

Y tú, ciudadano, tienes los mismos cuatro años para protestar y para denunciar aquello que no te gusta, para hacer propuestas al partido que más te guste, para usar las redes sociales, para enterarte bien de lo que hay, para estudiar a fondo cómo es uno y cómo es otro. No lo dejes todo sin hacer, porque vendrá la campaña electoral y el día de reflexión y aún no te habrás enterado y seguirás diciendo que eres de izquierdas, pero le darás el poder a la derecha, que se reirá de ti y ni siquiera te dará las gracias.

martes, 17 de mayo de 2011

No se es de izquierdas, se intenta serlo.



Creo que se puede ser de derechas, pero que se intenta ser de izquierdas. La derecha tiene mucho que ver con el tener, con el acaparar, con el aprovechar las oportunidades que le vienen  bien a uno, con el vivir bien la vida propia. La izquierda, en cambio, tiene más que ver con el ser, con el ser justo, generoso, noble, dialogante, igualitario, comprensivo y, en definitiva, socialmente humano. Pero esto no es más que un proyecto inacabable que exige una actitud continua que nos perfeccione, que nos obligue a decidir en cada caso concreto, que nos haga avanzar a todos, que permita el progreso colectivo, que nos humanice a todos. Y con esta actitud no te puedes parar. Nadie es nunca ya un ser humano, sino que va siendo. Nunca la sociedad es ya justa, sino que puede ir siéndolo. Por eso creo que nunca se es de izquierdas, sino que se intenta serlo.

lunes, 16 de mayo de 2011

No seas cómplice de la derecha



Tiene que quedar clara una cosa. En las circunstancias actuales, cualquier cosa que no sea votar a la izquierda es convertirse en cómplice de la derecha. La derecha vota siempre y los votos nulos, los blancos o las abstenciones son votos que no contrarrestan los de la derecha. Esto es muy claro y debes tenerlo muy claro, para que luego no te arrepientas de que las cosas estén aún peor.

Hemos tenido 4 años para dar lecciones, para convencer al poder de lo que había que hacer y para mostrar nuestras opiniones. El día 22 no es para dar testimonio ni para castigar(nos) a nadie y, como consecuencia, estar en manos de la derecha otros cuatro años, sino que es para votar. Y luego habrá otros cuatro años para trabajar, para manifestarse, para usar las redes sociales y para preparar lo que se quiera. Pero el día 22 no es el del voto suicida.

No sabemos ya qué hacer para que gane la derecha. Y un Ayuntamiento de derechas es muy duro para los que más necesitan de todo.

¿Qué necesidad tengo yo de ser de izquierdas?



Yo no soy rico, ni mucho menos, pero tampoco tengo excesivos problemas económicos. Tengo la mayoría de las necesidades básicas cubiertas y, respecto de las otras, me privo de algunas y gozo con otras, como creo que le ocurre a mucha gente. Digamos que vivo de una manera relativamente aceptable.

En vista de lo cual, podría aspirar a que mi situación –la mía- fuera mejor, por ejemplo, con menos impuestos, con algún que otro privilegio, con más servicios privados, alguno de los cuales podría pagar, y con algo más de distancia respecto del sistema común de vida. Podría intentar que el dinero público se invirtiese en lo que yo frecuento, que lo privado prevaleciese sobre lo público, que hubiera menos políticas sociales y que la libertad se considerara infinitamente más importante que la igualdad. Podría, en definitiva, ser de derechas.

Sin embargo, no soy de derechas ni quiero serlo. Entiendo que la vida no es algo que me pase a mí, ni siquiera a los míos, sino a todos. Creo que todos somos diferentes, pero que todos somos iguales, que todos tenemos los mismos derechos. Considero que el mundo no debe ser de los despabilados capaces de obtener beneficios explotando de cualquier manera a los demás. Estoy de acuerdo en que hay que repartir lo que hay y en que hay que compensar las desigualdades que genera el sistema capitalista en el que estamos por ahora. Me parece bien que la ciudad y la Naturaleza sean de todos y que todos podamos gozar civilizadamente de la cultura y de las artes. Estoy convencido de que hay que hacer lo necesario para que todos podamos tener una educación de calidad que nos permita ser ciudadanos y no sólo individuos. Defiendo que la libertad es un gran valor necesario, pero que la igualdad debe estar por encima de ella. Intento, por tanto, ser de izquierdas.

Por eso me duele, me da rabia, que yo, que no tengo necesidad material de ser de izquierdas, lo sea, y otros, que viven mal, que siendo pobres viven como si fueran nuevos ricos, que si miran su vida, no ven cómo juegan con ellos, que han sido anestesiados sin que se hayan dado cuenta y sin que hayan hecho nunca nada por despertar, que estos, que deberían ser de izquierdas, aunque sólo fuera porque debería interesarles a ellos mismos, voten a la derecha, aplaudan a sus explotadores y ensalcen a los que obtienen beneficios a su costa. Y, en cambio, yo, renunciando a lo que me podría venir bien, les apoyo.

Hay ahí una brecha intelectual, vital, política que no acabo de comprender. Quizás sea que la moral a mí me puede y a otros les resbala. O puede que sea el sueño, ese sueño tan presente, que no se quita ni durmiendo ni soñando. 

lunes, 7 de febrero de 2011

Izquierda y derecha


La izquierda tiene la vista puesta en la cabeza del otro. La derecha, en los tobillos.

La izquierda tiene interés en mejorar la vida del otro. La derecha, en servirse de su vida.

La izquierda piensa en el nosotros. La derecha, en lo nuestro.

La izquierda quiere distribuir las beneficios con justicia. La derecha quiere conseguirlos.

La izquierda tiene que crear la vida. A la derecha le basta con conservarla.

martes, 23 de noviembre de 2010

Ante la información



Estoy convencido de que cada vez contamos con menos información para formarnos una idea de lo que ocurre. Me da la impresión de que ni los ciudadanos ni los periodistas ni siquiera los gobernantes tienen todas claves para interpretar certeramente la realidad. Quizás en esto también haya dos actitudes: la del que se traga todo lo que le echan sin criticarlo ni siquiera mínimamente y la del que busca, la del que intenta encontrar más datos, la del que no se conforma con el dato simple ni, mucho menos, con la opinión visceral emitida por algún desaprensivo. No sé si serán, respectivamente, derecha e izquierda, pero sí que son estilos de vida distintos.