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jueves, 29 de noviembre de 2018

Libros. 'Por Caridad', de Mariaje López. MAR Editor





Lo que vemos no es la verdad, sino solo meras apariencias. La verdad siempre está oculta bajo un sinnúmero de velos. En la medida en que seamos capaces de quitar esos velos, nos podremos ir alejando de las apariencias y acercándonos a la verdad. Conocer implica des-velar la verdad, desnudarla de todo lo que la cubre. Ocurre con las leyes de la naturaleza, con los valores humanos, con las personas y con nosotros mismos. Conocerse es quitarse los velos que nos ocultan, las corazas que nos esconden. Es desnudarse de todo aquello con lo que disimulamos lo que verdaderamente somos. Ya decían los griegos que una de las tareas más difíciles era la de conocerse a sí mismo.

Acaba de aparecer 'Por Caridad', una novela casi autobiográfica de Mariaje López, la autora de la magnífica narración fantástica 'Beatricia', publicadas ambas por MAR Editor. Se trata de una obra de fácil lectura, pero de difícil escritura. En ella se dan dos desvelamientos. Uno, el de una realidad demasiado desconocida hoy, como es la vida en el interior de los orfanatos y los reformatorios de los tiempos del franquismo, teñidos hasta las raíces del nacional catolicismo más burdo e inhumano. Otra, la de la infancia de la propia autora, quien, debido a una serie de vicisitudes familiares, se vio recluida durante más de cuatro años en uno de aquellos hospicios.

No deben de haber sido fáciles ninguno de estos dos desvelamientos. Hacer público uno de los períodos más duros de la propia vida no es tarea que nadie haga con comodidad. Puede que el dolor sea el que dé el mayor impulso a este quehacer. Y rememorar episodios tan crueles y tan indignos como los que la autora experimentó en una de aquellas instituciones tampoco parece que sea sencillo. No obstante, ambos procesos de acercamiento a la realidad vivida los encontramos en 'Por Caridad'.

Recuerdo que en mi infancia se hablaba con naturalidad de los orfanatos. Se referían a lugares en los que la iglesia católica recogía caritativamente (el nombre de la novela, que coincide con el de la protagonista, no ha sido elegido al azar) a chicos y a chicas -por separado, claro está- que habían quedado huérfanos o que eran desatendidos por su propia familia. Se sobreentendía que tenían un aire benefactor, de una necesaria y eficaz tarea humanitaria. El libro de Mariaje López viene a desmontar esa idea tan blanca y a quitarle todos los velos de falsedad que conllevaba.

Lo que se relata en la novela es muy duro y, posiblemente, muy sorprendente. Los niños eran encerrados allí, privados de libertad y de dignidad, golpeados con facilidad, designados por un número en lugar de por su nombre, explotados con descaro, sumidos en la mayor soledad afectiva y tratados con crueldad. En el caso de las niñas, la situación era aún peor. Se quería hacer de ellas mujeres sumisas, despersonalizadas, acostumbradas a la discriminación, obedientes y creyentes. No se las preparaba para que fueran libres, autónomas e independientes, sino para que se convirtieran en perfectas mujeres tradicionales.

La autora cuenta su paso por uno de estos orfanatos y lo hace de una manera clara, sencilla y elegante. Uno de los valores de su relato es que lo hace sin el menor atisbo de odio, rencor o resentimiento. Es como si la autora, a pesar de lo sufrido, hubiese optado por comprender profundamente la situación, en lugar de dejarse llevar por sus emociones más primarias y juzgarla. El porqué unas personas viven una situación dura y cruel y acaban hundidas o, incluso, en el suicidio, y otras, en cambio, se esfuerzan en asumirlo y son capaces de relativizarlo es algo muy difícil de aclarar. El caso es que Mariaje López, transcurridos bastantes años desde su paso por aquel infierno, ha sentido la necesidad de contar sus vivencias, seguramente para quedarse más en paz consigo misma y también para dar luz a algo sobre lo que la ignorancia es generalmente grande.

Ya no hay orfanatos o, al menos, no los hay del estilo del que aparece en esta novela. Desaparecieron cuando acabó la Transición. A los huérfanos ahora se les da otro trato. Sin embargo, cuando veo por el mundo a tantos jóvenes sin noción alguna de respeto, sin trazas de educación, que ponen los pies con displicencia encima de los asientos en los transportes públicos, que hablan a voces con desparpajo o que reproducen sin apuro las tradiciones machistas, me pregunto dónde estarán sus padres y quién los preparará para vivir como seres humanos. Hay un tipo de orfandad actual que lanza a muchos jóvenes a su propio destino para que lleguen a él dejándose arrastrar por los vientos que vayan soplando. A veces pienso que el mundo actual es un inmenso orfanato, pero con paredes de cristal, para que ni ellos ni nosotros ni nadie notemos que estamos dentro.