Aprende a crecer como un ser humano.
Aprende a vivir como un ser humano.
Aprende a envejecer como un ser humano.
Aprende a morir como un ser humano.
Aprende lo que es un ser humano.
Aprende siempre.
El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
Aprende a crecer como un ser humano.
Aprende a vivir como un ser humano.
Aprende a envejecer como un ser humano.
Aprende a morir como un ser humano.
Aprende lo que es un ser humano.
Aprende siempre.
La pregunta que no debe dejar de hacerse un ser humano nunca, desde el principio hasta el final, es, precisamente, en qué consiste ser un ser humano. El riesgo de no hacérsela es llegar a un estado en el que la vida se vuelve vacía, hay que recurrir a la diversión para sentirse vivo, al ejercicio del poder, aunque sea poco, para creerse estúpidamente que uno es alguien o a la esclavitud de obtener dinero como sea para sentirse superior. O a cualquier otra huida que termina afectando a la salud y a los demás.
Somos un tipo de animal más, un tanto peculiar, sí, pero animal, al fin y al cabo. ¿Alguien ha visto algún animal que renuncie a usar alguna de sus capacidades? Por ejemplo, que teniendo cuatro patas sanas solo use tres de ellas, o que pudiendo usar el rabo para comunicarse con los demás, renuncie a hacerlo. No. El animal usa todo lo que posee para poder ser lo que es y poder vivir más cómodamente.
Pues el ser humano, el animal humano, sí es capaz de renunciar a una de sus mayores capacidades: la de razonar. Como ocurre con todas las capacidades humanas, hay que aprender a usarlas, porque nacemos en un estado de casi completa inutilidad. Y el ser humano, si quiere desarrollarse como tal y llegar a ser un verdadero ser humano, debe aprender a usar la razón, a razonar, a argumentar, a prever las consecuencias de los actos que pretende realizar, a ser coherente, a saber mirar de manera amplia la realidad, a no decir ni hacer disparates. Si no lo hace, renuncia a su humanidad, a lo que es, y queda reducido a la condición de animal; raro, pero animal.
Esto me gustaría decírselo a todos los trumps del mundo, pero te lo digo a ti, por si te sirve. Y me lo digo y me lo pregunto yo cada día: ¿en qué consiste ser un ser humano?

La degradación de lo humano, la mediocridad y la mala educación se van extendiendo tanto, que uno se ve sin capacidad para intentar enderezar un rumbo, individual y colectivo, que parece llevarnos fatalmente a la catástrofe. Nos queda solo el grano de arena personal, con el que ingenuamente espera uno resquebrajar la montaña, sabiendo que ni son maneras ni hay esperanza de conseguirlo. Y nos queda también la soledad de querer ser con los otros, pero observando que los otros con los que podría uno ser son cada vez menos, y sintiendo en tu interior cómo los ideales de ser humano y de un mundo bueno se van descomponiendo en granos de arena, con los que, como último recurso, se intenta inútilmente resquebrajar la montaña.
La cultura hace aguas. Una cosa es la instrucción, el saber cosas, el saber geometría, historia del arte o hacer una carretera. Otra distinta es la cultura, el saber vivir, el actuar como un verdadero ser humano capaz de vivir con todos sin faltarle al respeto a nadie.
Todos se fijan en la instrucción, pero pocos se molestan en considerar la cultura.
Los padres y madres traen hijos al mundo, pero muchos no los cultivan, no los hacen cultos. No les suele preocupar el asunto, porque están a otras cosas.
La escuela se dedica sobre todo a la instrucción. Las materias que podían cultivar, culturizar, a los alumnos fueron desapareciendo de los currículos, aunque ahora quieren volver de la mano de una ley que la derecha ha recurrido, claro.
Somos animales llamados a cultivarnos, a convertirnos en seres cultos, para que podamos vivir humanamente entre todos basándonos en el respeto, la libertad, la igualdad y en todos los valores que la humanidad ha ido descubriendo en el tiempo para crear un mundo mejor. Si no nos cultivamos, nos quedamos en el estado de animal, aunque tengamos forma exterior humana.
Cuando en un estadio se insulta a un futbolista, como si eso fuera algo normal y aceptable, cuando en el Parlamento se miente y no se intentan arreglar los problemas de todos, sino los propios, cuando se discrimina con una facilidad que nos deja perplejos, cuando se asesinan a mujeres por el hecho de ser mujeres, cuando se comercia con todo, cosas y personas, cuando solo se publican las noticias que les interesan a los económicamente poderosos, cuando los bulos llenan la mente de tantas personas débiles, cuando usan el dinero público para beneficiar a sus amiguetes y, encima les aplauden los dueños de ese dinero, cuando la vida de nadie vale ya nada, entonces es que estamos de nuevo muy cerca del estado de animalidad.
Desgraciadamente, no tengo ninguna esperanza de que haya mejoría.
Hay quienes piensan que lo natural es que gobiernen los ricos. Si alguien sabe quién fue Fraga Iribarne, recordará sin duda que hablaba de una mayoría natural. Estaba formada por los ricos y por todos aquellos que, sin serlo, habían sido convencidos de que lo eran. Ese convencimiento era fruto de las manipulaciones que suelen practicar. Les dicen a quienes viven de un sueldo que van a bajarles los impuestos, porque el dinero debe estar en el bolsillo del consumidor, no en las arcas del Estado. El que vive de un sueldo se alegra porque va a tener algo -más bien poco- más de dinero y, como agradecimiento, los vota. Lo que no le dicen es que bajando los impuestos van a ser los ricos -y no ellos- los que sí van a tener bastante más dinero en el bolsillo. Un 1 % es muy poco para el sueldo de un profesor o de un taxista, pero mucho para un director general. Y si no hay impuestos, no se pueden financiar ni la sanidad, ni la educación, ni las pensiones ni los servicios públicos. Esto tampoco se lo dicen. Y últimamente tienen la cara dura de bajar los impuestos en algunas Autonomías, para a renglón seguido pedirle al Gobierno central que, como ellos no tienen dinero, que financien los servicios públicos. Con dinero de los impuestos, claro.
Todo esto es lo natural. Lo que ocurre es que la antigüedad intelectual de quienes piensan así, cuya mente está empapada de intereses monetarios personales, les impide conocer que el ser humano no es un ser natural, sino cultural. Hay muy pocas cosas en el mundo que sean naturales. Hasta las aves y los árboles han cambiado algo a lo largo de los años, y no digamos el clima. Pero si se compara, por ejemplo, un fenicio con un romano, o con un ser humano actual, se podrá observar fácilmente -si se quiere ver- que somos fruto de la cultura, del conocimiento, de la evolución de la belleza, de las creencias y de la manera de entender la vida. No somos seres naturales. Podríamos considerar que, a lo sumo, tenemos de naturales el instinto de supervivencia y poco más. Todo lo demás es fruto de la educación, de la cultura. Por tanto, tratarnos como seres naturales es una milonga interesada, que lo que persigue es manipular la mente de los ciudadanos para que les ayuden a ellos a alcanzar el poder.
No somos seres naturales, sino culturales. Y la cultura -el arte de saber vivir bien entre todos- nos ha descubierto que la libertad es un bien que deben poder disfrutar todos, no solo los que puedan pagársela. Que junto a la libertad está la igualdad, las igualdades, que anulan todas las discriminaciones que practica la derecha: la misoginia, el racismo, la xenofobia, la aporofobia y demás deformaciones del sentido de lo humano. Y que, además, están toda la larga lista de valores que han convertido a los seres humanos en lo que son hoy, sin pararse a degustar solo lo que se consiguió en el pasado.
No debe gobernar quien sea más natural -quien tenga más fuerza o más contacto con los dioses-, sino quien sea más culto y sepa organizar la sociedad de manera que todos puedan vivir como seres humanos, y no solo unos pocos.
Hoy, por desgracia, abundan unos fuertes sentimientos de rechazo y de repulsa hacia la cultura y hacia las personas que valoran la cultura, que impiden ver estas cosas.
“Hombre: Eres tan ser humano como cualquier mujer. No tienes ni más derechos ni menos que las mujeres. Tienes que respetar escrupulosamente a todas y cada una de las mujeres. No eres nadie para obligarles a que satisfagan tus deseos. No puedes tratarlas como si fueran inferiores a ti, porque son iguales que tú. Entérate bien: Ninguna mujer está a tu servicio, ni siquiera tu pareja.Ser hombre no te da ningún derecho a tratar a las mujeres de forma irrespetuosa ni con palabras, ni con hechos ni siquiera con gestos. Debes saber que si haces algo de esto, estarás cometiendo una inmoralidad. Si esto no lo entiendes, al menos, que sepas que te pueden denunciar por tratar así a una mujer. Todos y todas somos iguales en derechos. Te lo repito: Todas y todos somos iguales. Aprende a ir por la vida como un ser humano y no como un animal.Y si te empeñas en creerte superior y en actuar como un machista, somos cada vez más quienes vamos a procurar que caiga sobre ti todo el peso de la ley”.