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domingo, 16 de julio de 2017

Buenas noches. Listos y tontos


Habitualmente quienes quieren demostrar que son muy listos, lo que muestran es que son tontos. No se dan cuenta de que la inteligencia se muestra sola, no hay que demostrarla ante nadie.

Buenas noches.


miércoles, 21 de agosto de 2013

Buenos días. Si ocurriera

Si el ciudadano español se diera cuenta de que es un ciudadano y no un mero individuo español, que es como lo trata el PP; si aprendiera a distinguir las mentiras que le endosa el PP con una naturalidad insultante; si tuviera un poco de dignidad y no tolerara que le trataran como a un tonto que se traga cualquier cosa que le digan; si esto ocurriera, estaríamos de otra manera. Pero el ciudadano español parece que le ha entregado su mente a las bobadas o a la nada y no se entera. Ni siquiera se entera de que va perdiendo la vida cada día a mayor velocidad. Buenos días.

sábado, 10 de septiembre de 2011

No es lo mismo un tonto que un gilipollas




Me dijo una vez un catedrático de Filosofía, relativamente conocido y del que no aprendí ninguna otra cosa, que no se podía andar por el mundo sin saber distinguir a un tonto de un gilipollas. El tonto, me dijo, es el que se equivoca. Pero si al tonto le explicas que se está equivocando, recapacita, se da cuenta y rectifica su error. En cambio, al que es no sólo tonto, sino gilipollas, ya le puedes estar haciendo ver su error que jamás lo admitirá. Dirá que él no se equivoca nunca y que seguramente eres tú el que está equivocado. Lamentablemente, el gilipollas no tiene remedio. Y lo malo es que abunda una barbaridad, concluyó.

¿Por qué será que me he acordado ahora de esto? No sé en quién o en quiénes habré podido yo estar pensando.

lunes, 25 de julio de 2011

Como una droga



Hay una clase de listos que dicen tonterías para que los oyentes, a los que cree tontos, les hagan caso y acepten sus consignas. Previamente han entontecido a cuantos más, mejor, acostumbrándolos a la mentira, privándolos de una educación crítica, sembrándoles el odio en lugar de la igualdad, acostumbrándolos a asumir las discriminaciones a las que son sometidos sin que se den cuenta y construyendo así, poco a poco, una clientela de tontos fieles, sumisos, inconscientes y dispuestos a todo con tal de que el listo les salve lo que les queda de vida infeliz. Sólo queda la posibilidad improbable de que el tonto tome conciencia de que el supuesto listo en realidad es un golfo que le está engañando desde que apareció en su vida. Pero esto es algo tan difícil como dejar la droga.