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martes, 18 de abril de 2017

Buenos días. Osadía 88


Atrévete a aceptar que no es posible la convivencia si no es cumpliendo normas. 

Buenos días.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Buenos días. Convivencia


El respeto es la base sobre la que se puede construir la convivencia. 

Buenos días.


viernes, 12 de febrero de 2016

Buenos días. A pesar de



Siempre hay un 'a pesar de' para la paz, para la reconciliación, para el amor. 

Espero que entiendas que no me estoy refiriendo a la convivencia. 

Buenos días.


viernes, 4 de diciembre de 2015

Buenas noches. No al machismo 18




El amor puede que lleve a convivir con la persona amada. 

Incluso a crear una familia. 

Pero ¿has pensado como va a ser el día a día de esa convivencia? 

¿Va a haber diálogo u órdenes? 

Las relaciones ¿van a ser horizontales o verticales? 

Tú, mujer, a la hora de decidir ¿vas a ser igual que el hombre? 

¿Va a haber cosas propias de uno y otras propias de la otra? 

¿Va a mandar alguien en tu casa? 

Creo que es muy importante plantearse el estilo de la convivencia, para que el hogar no sea un cuartel en el que el comandante sea siempre él. 

Buenas noches.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Amor 19



Si amas, lo haces a fondo perdido, pero, para que sea posible la convivencia, lo normal es que la persona amada te ame también a ti de la misma manera.
En caso contrario, no parece muy posible una vida en común.

lunes, 26 de enero de 2009

¿Por qué se ofende este hombre?


El ciudadano Antonio María Rouco Varela, cuya única profesión conocida es la de sus creencias, que ya es para echarse a temblar, me está empezando a calentar las castañas.

Cuando el ciudadano Rouco dice creer en dios, yo, que no profeso tal creencia, no me siento ofendido por ello ni por él. Tampoco creo que ninguna persona razonable, sensata, adulta, con un sentido maduro de la democracia, tolerante, ocupada en vivir su vida y que no tenga las creencias que pregona el citado ciudadano se sienta ofendida por que este señor crea en lo que cree.

Cuando el ciudadano Rouco prohíbe a sus seguidores el uso de condones y, en general, de métodos anticonceptivos, yo no me siento ofendido. Me parece una monstruosidad más propia de alguien por quien aún no ha pasado la Ilustración y que, ante el fenómeno del SIDA y el de los embarazos no deseados, se empeña en mirar hacia otro lado, que de personas que ocupan puestos destacados en una organización, aunque ésta sea religiosa. Sé que muchísima gente está en contra de ese disparate, pero no por eso se sienten ofendidos. Allá cada cual con lo que dice y con lo que obedece.

Si toleramos que el ciudadano Rouco crea en lo que cree y que diga lo que dice, ¿por qué entonces el ciudadano Rouco, ante la presencia de autobuses en los que se dice que “probablemente dios no exista”, dice lindezas tales como que “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales” o que los creyentes tienen derecho “a no ser heridos y ofendidos en sus convicciones”? ¿Todavía no se puede decir en público que, según alguien, dios no existe, porque quien cree que sí existe se ofende? ¿Tan débiles son esas creencias que la postura contraria se vive como una ofensa? ¿En qué siglo habita este ciudadano? ¿Y en qué siglo quiere que habitemos los demás?

El ciudadano Rouco se atreve, además, con una osadía que linda con el mal gusto, a pedir a las autoridades –que, por lo que se ve, cree que están a su servicio- que “tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe”.

Quiero que sepa el ciudadano Rouco que yo no me callo ni me voy a callar porque su hipersensible (para lo que le interesa) personalidad se sienta ofendida. Que él no es nadie para decirme a mí lo que puedo decir y lo que no puedo decir. Que me siento con todo el derecho del mundo a expresar lo que pienso y a avisar a mis conciudadanos de lo que me parece una actitud antidemocrática, trasnochada e inhumana. Que si se ofende, que revise con seriedad sus mecanismos psicológicos, porque puede que algo no funcione de manera saludable, racional, cívica o humana en ellos. Que sería bueno que tomara de donde pudiera un poco de sentido del ridículo y, sobre todo, que dejara vivir tranquilos a los demás. Pero ¿quién se cree este ciudadano que es? ¿quién le paga a este ciudadano para que diga estas cosas?

Y a las autoridades civiles les pediría que abordaran de una vez por todas las antidemocráticas normas que regulan las relaciones del Estado con la Iglesia católica. Ya está bien de tolerar lo intolerable.
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