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lunes, 10 de julio de 2017

Buenas noches. Soledad




Si ejerces tu libertad, es muy probable que los intolerantes te dejen solo, abandonado, en compañía de tus ideas. Pero esto no debe ser ninguna sorpresa. 

Buenas noches.

viernes, 3 de marzo de 2017

Buenos días. Osadía 42


Atrévete a no ser intolerante. 

Buenos días.


domingo, 3 de julio de 2016

Buenas noches. La libertad y la igualdad




La libertad encuentra todo su sentido dentro del marco de los Derechos Humanos. 

Mientras se respeten los Derechos Humanos, nadie puede moralmente intentar prohibir, suprimir o retirar nada que hagamos en nombre de la libertad. 

Estas acciones contrarias a la libertad no pueden ser toleradas en el marco de los Derechos Humanos. 

Hay que ser sumamente intolerantes con quienes van en contra de los Derechos Humanos o actúan al margen de ellos. 

La libertad tiene toda su razón de ser dentro del ámbito que se genera cuando se reconoce la igualdad de derechos para todas las personas. 

Buenas noches.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Ser tolerantes ¿siempre?




Me gustaría, por si sirve para deshacer algún posible malentendido, intentar aclarar aquí qué es lo que se entiende por tolerancia.

Ser tolerante consiste en permitir y respetar las ideas, las creencias y los hechos de los demás, aunque sean diferentes a los que uno mismo tiene. Es lo más alejado a querer imponer a los demás la propia manera de entender la vida. Quien pretende esto último se dice que es un intolerante.

La tolerancia es una virtud democrática de mucho valor humano, pero tiene unos límites claros: no todo debe ser tolerado. Si una persona defiende la conveniencia de matar a los que piensan de otra manera o de tratar a las mujeres como seres inferiores, no se le deben tolerar esas actuaciones. ¿Dónde está el límite de lo que se debe tolerar? En la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dentro del marco en donde se respeten los Derechos Humanos, todo debe ser tolerado, pero ante todo aquello que viole tales derechos, hay que mostrar la más firme intolerancia o, con denominación más actual, una tolerancia cero.

Los Derechos Humanos marcan, pues, los límites dentro de los cuales es posible una vida humana y éticamente admisible. Hay, sin embargo, en nuestra sociedad una tendencia, cada vez más fuerte, que reclama tolerancia para todo lo que favorezca los intereses de los defensores de esa tendencia. Esa forma de pensar es la que se denomina neoliberalismo, para el que no hay límites en la actuación humana, ni en lo económico ni en lo social. Su lema es el ya sabido 'Todo vale', en nombre del cual prácticamente cualquier actuación está permitida. Se puede explotar salvajemente al obrero, se pueden suprimir derechos, se puede molestar a los ciudadanos, se pueden hacer leyes que vayan en contra de las personas o se pueden hacer guerras al margen de los organismos internacionales.

Este 'Todo vale', este todo debe ser tolerado cala también en los comportamientos habituales de las personas, quienes, a fuerza de no recibir una educación que las convierta en ciudadanos libres y responsables, van perdiendo la noción de respeto, de la vida como el lugar en el que debemos caber todos, de la conveniencia de no molestar. Frente al carácter social de la vida, que se manifiesta desde los primeros hasta los últimos momentos de la existencia, estas personas imponen un individualismo egoísta, sin que importe nada que no sea el hacer en cada momento lo que les apetece.

Si se observa la vida en cualquier lugar de la ciudad, comprobaremos enseguida cómo hay seres humanos que van haciendo ruidos innecesarios y molestos, que tratan a los demás como si fueran basura, que ni se les ocurre pensar que en los lugares públicos todos -no sólo ellos- tienen derecho a hacer lo que quieran, pero sin interferir en la vida de los demás. Es un estilo de vida salvaje, en donde vence el que grita más, el que más tiene o el primero que llega, pero en donde lo humano brilla por su ausencia. El uso de los espacios públicos -o sea, de todos- como si fueran privados es un ejemplo cada vez más abundante de esta mentalidad.

No hace mucho viajaba yo en tren y tuve -tuvimos- que soportar durante todo el viaje a tres individuos que no pararon de hablar a voces, como si el coche fuera el salón de su propia casa. Nadie pudo dormir, ni leer ni estar a gusto porque estos tres seres imponían su capricho a costa de los derechos de los demás. Sólo pudimos estar tranquilos mientras estas tres personas, incumpliendo lo que les decían por el altavoz y yendo en contra de la propia lógica, se bajaban del tren en las cortísimas paradas para fumar. El día anterior tuvimos que irnos de un bar, en donde se había instalado un grupo de personas que gritaban como energúmenos y que se reían haciendo tal ruido que era francamente molesto permanecer allí.

Me llamaron intolerante por decir lo anterior, pero creo que estos comportamientos maleducados, impropios de un mundo humano, no deben ser tolerados. Nada de lo que sirva para que en el mundo sólo quepan unos pocos debe ser tolerado. Todo lo que escape del marco en donde se respeten a todas las personas debe ser objeto de nuestra intolerancia.


lunes, 25 de febrero de 2013

No hay que tolerar el fascismo







Creo que hay que pararse un poco y dejar bien claro un asunto. La tolerancia es un valor muy humano y muy importante, siempre que se mueva dentro de unos límites marcados por los Derechos Humanos y por la democracia. Fuera de estos límites, un ser humano debe ser inequívocamente intolerante con todo lo que encuentre. Deberíamos tener adquirida ya la costumbre de denunciar y de protestar contra todo individuo que ensalce posturas antidemocráticas, irrespetuosas o que no respeten los derechos de todos los ciudadanos.

Dicho esto, parece cada día más claro que el PP está lleno de individuos fascistas y antidemócratas que se creen con el derecho de expresar sus opiniones en público sin que nadie les exija que se callen. Últimamente ha sido un individuo llamado Salvador Victoria, que, inexplicablemente, ocupa un puesto en el poder y cuyo ejercicio se paga con el dinero de los ciudadanos, el que nos ha insultado sin que su actitud haya sido convenientemente censurada. Posiblemente este individuo se crea que el poder es suyo y que tiene bula para decir disparates y para faltarle al respeto a los ciudadanos. Ha tenido la osadía, la falta de sensibilidad humana, la desfachatez ciudadana y el desparpajo en mostrar su escasa formación y su nula preparación para desenvolverse en la ciudad, al equiparar la protesta ciudadana del 23 de febrero con el golpe de Estado ocurrido hace años un día similar.

Este tipo de manifestaciones, hechas por personajes con poder político, deberían herirnos profundamente porque son un atentado contra nuestra dignidad y contra la convivencia pacífica de los ciudadanos. No deberíamos tolerar que un insensato asilvestrado como este señor dijese esas barbaridades insultantes en público y no le cesaran o no dimitiera. Deberíamos acostumbrarnos a gritar contra este tipo de comportamientos y contra todos aquellos que los encubren y que no reaccionan defendiendo a los ciudadanos. O despertamos o va a llegar un momento en que va a ser tarde.

No queremos a gente como Salvador Victoria en el poder ni a encubridores como Mariano Rajoy y su banda. Deberíamos tener claro que no debemos pagarle el sueldo ni darle el voto a estos enemigos de los ciudadanos, so pena que seamos como ellos.

jueves, 21 de abril de 2011

La santa intolerancia




Aún fastidiado por la injustificable prohibición de la procesión/manifestación atea de Madrid, acabo de acordarme de otra procesión que lleva a cabo cada jueves santo otra cofradía célebre, la de (san) Genarín, en León. Y no pasa nada, nadie se escandaliza, nadie excluye, todos conviven, todos caben. Se nota que la Ilustracion pasó por estas tierras madrileñas volando. Tienes aquí este enlace para que veas en qué consiste el asunto.

domingo, 10 de octubre de 2010

Malos olores / 3


Fotografía tomada del diario Público

Recuerdo a Kant expresando su admiración y su veneración al reflexionar sobre el cielo estrellado que encontraba encima de él. Leo en la siempre serena y edificante columna de Manuel Vicent en El País de hoy domingo, titulada Galaxia, que la Vía Láctea mide 100.000 años luz de largo por 20.000 años luz de ancho y que en ella puede haber 40.000 millones de planetas habitables como el nuestro. Una inmensidad frente a la cual la soberbia, el recurso a la violencia y la intolerancia del hombre no son más que caídas en el ridículo. Y aparece ante mis ojos un tipo llamado Josep Anglada, lider, al parecer, de un partido ultraderechista catalán, que con la cara como de un león selvático, la mirada de quien tiene peligrosamente claros unos prejuicios disfrazados de pensamientos y la boca como si ocultara el cañón recortado de un trabuco por donde pudiera  salir una carga incendiaria en cualquier momento, lanza al aire lo peor que lleva dentro: 
“Nos va a tocar a los valientes expulsar a los musulmanes de nuestro país”. 
En su iracunda ignorancia no entiende nada de la inmigración y confunde, como tantos, a los inmigrantes árabes con los musulmanes, como si quisiera dar lugar a una nueva guerra de religión. En el Día de la Salud Mental, valiente tufo echan estos valientes. 

lunes, 13 de octubre de 2008

¿En qué consiste actuar como un ser humano? / 2

Lo tomo del blog de hoy de Juan Cruz:
...los agujeros antiguos de la intolerancia ignorante que tan arraigada
está en este país a veces abierto y a veces encerrado como un puño
mezquino.

La ignorancia. Acabo de hablar en clase del intelectualismo moral. Para actuar bien, hay que saber qué es el bien. El que actúa mal no es culpable, sino ignorante. Si supiera lo que es el bien, no actuaría mal. La ignorancia. La madre de todos los males, seguramente. Y, sin embargo, galopa con brío y toma posiciones y se adueña del mundo. Incluso es alabada. Y el ignorante se ríe del sabio.

Agujeros antiguos. La antigüedad. Otra lacra, propia de vagos vitales, que termina ligada a la ignorancia y generando sufrimiento.

Y la intolerancia. La chulería del que se cree superior, del que no se sabe igual a todos los demás, la del que, por algún capricho absurdo, opina que no debe dejar vivir a los demás como ellos quieran.

Vaya mundo.

(Le dedico esta entrada con cariño a A.S., a la que quizás le tenga que pedir disculpas. En todo caso, lo hago ahora.)

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