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miércoles, 8 de marzo de 2017

Feminista

Ilustración tomada del blog Madre Mía del Amor Hermoso.

Debemos acostumbrarnos a que cada pensamiento, cada gesto, cada detalle, cada actuación y cada proyecto sean feministas, es decir, igualitarios. 

Cada día, por justicia, debe ser un 8 de marzo.

Buenos días. Osadía 47


Cuando veas a una mujer, atrévete a ver antes a una persona que a una mujer. 

Buenos días.

domingo, 8 de marzo de 2015

Buenos días. Día Internacional de la Mujer



Hoy no es el Día de la mujer trabajadora. Es el Día de la Mujer. Es el Día internacional de la Mujer. Porque no es que se pida trabajo para las mujeres, que también, sino que lo que se pide es el reconocimiento universal de que sean consideradas, al igual que los hombres, como seres humanos, como personas.

Lamentablemente, el mundo sigue estando dominado por los hombres, organizado por los hombres y puesto al servicio de los hombres. Mientras las mujeres no tengan en la vida real los mismos derechos que los hombres, el mundo será injusto y la idea de igualdad no será efectiva.


La derecha gobernante en nuestro país ha hecho retroceder la situación que tenía la mujer durante el último gobierno socialista y la brecha que separa su situación de la de los hombres no hace más que crecer. Lo mismo ocurre en el mundo. Es verdad que hacen falta medidas estructurales que favorezcan la igualdad y que impidan las injusticias contra las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Pero es también verdad que hay que empezar desde abajo, en casa, educando a los hijos en la igualdad, aclarándoles lo que eso significa en cuando a no discriminar a las mujeres por ser mujeres, haciéndoles ver que los géneros sociales masculino y femenino, que tanto se dan en la sociedad, deben desaparecer, y, también, no llevando a los hijos y a las hijas a colegios en los que los eduquen en la desigualdad, en la injusticia y en la discriminación. La felicidad de ellos y, sobre todo, de ellas depende en mucha medida de cómo los eduquemos. 

Buenos días.

viernes, 7 de marzo de 2014

Lo que veo cuando miro. Día de la Mujer




Mañana es el Día Internacional de la Mujer. Me he pasado toda mi vida profesional intentando crear entre mis alumnos y mis alumnas una conciencia de igualdad de derechos y de oportunidades entre los hombres y las mujeres, procurando que la igualdad fuese un valor que cobrara importancia en sus vidas. Ahora, con los humildes medios de que dispongo, hago lo posible por hacer real la igualdad, las igualdades concretas.


Hoy sólo quiero dejar una idea, por si alguien quiere pensar en ella e, incluso, opinar. Hay que luchar, sin duda, por la igualdad entre hombres y mujeres. Hay que evitar las desigualdades de género que llevan a las discriminaciones, a las injusticias y a la violencia. Pero creo que en esa lucha hay que incluir a los hombres. Las iniciativas de mujeres destinadas a mujeres me parece que tienen una utilidad relativa. Hay que incluir en la lucha, como elementos activos, a los hombres que quieren defender a las mujeres. Y hay que educar a los hombres que, de manera más o menos consciente, practican aún el machismo en sus muchas variantes. No se trata sólo de que las mujeres tomen conciencia y aprendan a defenderse. Se trata también de evitar que los hombres aprendan a ser machistas y que practiquen el machismo. Y, sobre todo, a los jóvenes hay que inculcarles la idea de igualdad y dejarles bien claro que no se puede ser machista y por qué. Muchas veces tengo la impresión de que las mujeres luchan solas y que quieren hacerlo así. Buenas tardes.

viernes, 8 de marzo de 2013

Día de la mujer. Hay que eliminar los géneros





El machismo, fiel a su interés de dominación y explotación, se ha empeñado siempre en dividir a las personas según su sexo y en asociarles unas funciones sociales determinadas a cada uno de los grupos resultantes. Surgieron así el género masculino, que aglutinaba los valores considerados superiores, como la capacidad de mandar, la fuerza, el ostentar la representación de la familia y la toma de decisiones. Su ámbito era y es el de lo público y teóricamente es el que racionaliza la realidad y está preparado para enfrentarse a las situaciones más difíciles. A su lado, el género femenino, el que según los machistas es propio de las mujeres, es el mundo de lo emocional, de los sentimientos, de lo privado -en donde no tiene por qué haber publicidad de lo que en él ocurra-, de la docilidad, la comprensión, la dulzura y la obediencia. El machista entiende que el hombre razone, pero duda de que la mujer pueda hacerlo con eficacia. En cambio, las cuestiones sentimentales son cosas de mujeres, que saben expresar bien el cariño y que son capaces de llorar con facilidad, cosa que los hombres no deben hacer nunca.

La vida, así, se convierte en una obra de teatro con dos grandes papeles que representar: el de los hombres y el de las mujeres. Desde pequeños, los machistas acostumbrarán a los niños a que vayan conociendo y adoptando el papel que desempeñarán en el futuro, con vestimentas y juguetes adecuados, y a las niñas igual, pero con vestidos y juguetes bien distintos, más cercanos a su género. Así hemos sido educados casi todos.

Lo que yo defiendo y lo que he pretendido siempre y sigo pretendiendo es hacer saltar esta absurda dicotomía, que lo único que hace es explotar a las mujeres y que impide que surja un mundo igualitario, agradable de vivir y en el que pueda crecer la semilla de una humanidad justa. Esto hay que lograrlo en la sociedad, pero también en lo personal. Los valores del género masculino son buenos, así que hay que integrarlos en la propia persona. Pero los del género femenino, también, por eso hay que integrarlos igualmente. ¿Por qué un hombre no puede ser comprensivo? ¿Por qué un hombre no va a poder ser dulce, y cariñoso y dócil, si es conveniente serlo, y obediente, si es lo que procede ser? ¿Por qué el hombre no va a participar trabajando también en el ámbito de lo privado? ¿Por qué no va a poder planchar, y coser y cocinar? ¿Por qué no va a poder llorar? ¿Por qué la mujer no va a poder mandar, razonar, dirigir, opinar y hacer exactamente lo mismo que haga el hombre?

Creo que en nuestras propias vidas, tengamos la edad que tengamos, y en la educación que podamos aportar a los demás, hay que romper estos esquemas tan interesados y centrarse en que somos seres humanos, todos con los mismos derechos, todos insertos en un mundo de igualdad. Y los valores y los derechos que tengamos en ese mundo no deben ser considerados ni masculinos ni femeninos, sino humanos. Los criterios sexistas y de género lo único que producen es injusticias e infelicidad.