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jueves, 28 de septiembre de 2017

Buenas noches. Evolución




Cualquier cambio social debería ser hacia mejor, es decir, tendría que respetar una evolución, un descubrimiento de valores nuevos, una creación de situaciones que incrementaran la humanidad de las personas y del mundo. ¿Es eso lo que observas? 

Buenas noches.

martes, 3 de junio de 2014

Buenas noches. ¿Por qué?




¿Por qué será ese afán de pararse en la vida? ¿Por qué ese deseo de no querer ser más? ¿Por qué esa actitud de vivir como un viejo cuando se tienen pocos años? ¿Por qué esa pobreza de querer que todo el mundo sea como uno quiera? ¿Por qué ese temor a cambiar? ¿Por qué el terror a evolucionar? ¿Por qué el pánico a quien es distinto? ¿Por qué esa desconfianza ante lo nuevo? ¿Por qué esa manía de defenderse atacando? ¿Por qué ese miedo a vivir? Buenas noches.

viernes, 7 de febrero de 2014

Buenos días. Cambio





Lo propio del ser humano es cambiar. Y si no, compara la idea que tengas de los romanos, por ejemplo, con lo que ves ahora. No se puede evolucionar sin cambiar. No se puede crecer sin cambiar. No se puede ser sin cambiar. Sólo lo muerto no cambia. Buenos días.

martes, 26 de noviembre de 2013

Buenos días. Hacia la pareja





Debemos evolucionar, a ser posible, hacia la satisfacción de las necesidades de nuestra pareja. Los dos, claro. Buenos días.

sábado, 28 de septiembre de 2013

jueves, 11 de octubre de 2012

Buenos días. España evoluciona




Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que España, que era una -aunque había dos-, grande -a pesar de lo cual no cabían todos- y libre -sobre todo para los que tenían poder-, se definía, por quien tenía atribuciones para definirla, como “una unidad de destino en lo universal”. Esto de la unidad -otra vez- en lo universal tenía un tufo fascista insoportable, pero volvía locos a los que profesaban la funesta manía de querer someter a los demás bajo las suelas de sus rancias ideas. Estas palabras tan solemnes -en el fondo, tan vacías- les solazaba el espíritu, les disparaba las glándulas y la hormona de la metafísica patriotera se les ponía por las nubes, hasta el punto de que se colocaban en las mismas puertas de la otra vida, aunque con los pies muy bien asentados en esta. Yo creo que lo que les atraía de todo este montaje era que lo consideraban como un negocio espiritual que les proporcionaba bienestar anímico aquí y, encima, creían que les garantizaba el acceso futuro a reinos eternos, que se supone que también estaban llenos de unidad y de universalidad, para que no desentonaran.

Pero, a pesar de todo el afán conservador que se quisieran echar sobre la brillantina estos negociantes disfrazados de hombres píos, las cosas cambian. Aunque alguien se acostumbre a volver la cara para otro lado e ir mirando de reojo, la sociedad evoluciona y las palabras van perdiendo el aire que las mantenía infladas, hasta quedarse convertidas en desechos antiguos e inservibles. Así, el negocio espiritual, que catapultaba a la estirpe española hacia el más allá, se fue transformando inadvertidamente hasta situar en el trono que antes ocupaba el espíritu, la más reconfortante y placentera materia, revestida de ganancias, dineros y prebendas encerradas en el glorioso saco del capitalismo.

De esta manera, la España que unos padres acostumbrados a mirar al sol consideraban una unidad de destino en lo universal, fue transformada por sus hijos, que no dejaban de contemplar al astro rey, pero que ya solían usar gafas de colores oscuros y cremas solares para evitar ciertos peligros, en algo mucho más eficaz, más beneficioso y más lucrativo: la marca España.

En esas estamos hoy.