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domingo, 5 de marzo de 2017

En pocas palabras. Aforismos. Sobre el machismo


A los bebés, el primer día de su existencia hay que dejarlos descansar, porque los pobres no saben a dónde los han traído, pero el segundo día ya tienen que ser tratados en un clima de igualdad real.


Quienes no quieran adentrarse en la indispensable tarea de saber qué es el machismo, debe tener presente, al menos, dos hechos. Uno, que no se puede ser feliz siendo machista. Otro, que no se puede ser feliz conviviendo con un machista.



No hay tareas masculinas ni tareas femeninas. Sólo hay tareas humanas.


Disponible ya la segunda edición de En pocas palabras. Aforismos, de Manuel Casal, en 

http://espacioulises.com/libreria/en-pocas-palabras-aforismos-de-manuel-casal/

martes, 1 de diciembre de 2015

Buenas noches. No al machismo 17




No hay colores masculinos y colores femeninos. 

No hay juguetes de niños y juguetes de niñas. 

No hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. 

No hay aspiraciones de hombres y aspiraciones de mujeres. 

Quítale estas cosas de la cabeza al machista y a la machista. 

Somos seres humanos y eso es lo que debe contar. 

Buenas noches.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Buenas noches. No al machismo 12





Hay que hacerles ver a los hijos y a las hijas que no debe distinguirse en la sociedad entre tareas masculinas y tareas femeninas. En el mundo de los seres humanos sólo debe haber tareas humanas, sin que el sexo tenga que intervenir para diferenciar unas y otras. Se trata de construir entre todos los seres humanos un mundo pleno de igualdades y de justicia, no de discriminaciones sexistas. 

Buenas noches.

lunes, 29 de junio de 2015

Buenas noches. Sexo y género



El sexo es un aspecto físico de nuestro cuerpo que divide a las personas en hombres o mujeres.

El género, que puede ser masculino o femenino, es una creación social llevada a cabo por el machismo, que quiere imponer dos tipos de papeles sociales, dos maneras de vivir en la sociedad.

Uno, el masculino, que deben desempeñar los hombres por el hecho de ser hombres, contiene todo lo que el machismo cree que es importante, de entre lo que puede hacer cualquier ser humano en la sociedad. Por ejemplo, mandar, dirigir, decidir, ser fuerte y tener su propia vida.

Otro, el femenino, que deben desempeñar las mujeres por el hecho de ser mujeres, posee todo lo que el machismo considera de segundo orden y de poca importancia, como obedecer, llevar la casa, educar a los hijos, no decidir, ser sumisa, dulce y comprensiva, estar bella y no tener vida propia, sino la vida que quiera el hombre que tenga.

Hay que acabar con la división en géneros y con las discriminaciones que conllevan.

Mirémonos y analicémonos. 

Buenas noches.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Buenas noches. En otras manos





Desde que el ser humano apareció en la Tierra, toda la organización social, económica, ideológica y política, todo el pensamiento, la cultura y la justicia han estado en manos masculinas. Toda la porquería actual tiene el sello masculino. En mi opinión, ya va siendo hora de ir poniendo todo esto en manos de los jóvenes y de las mujeres. Es la única esperanza. Buenas noches.

martes, 24 de enero de 2012

El arzobispo de Tarragona



Leo con una mezcla de indignación y de deseo de solidaridad con las mujeres las declaraciones del hombre Jaume Pujol Balcells, que ejerce la función de arzobispo de Tarragona y que pertenece, al parecer, al Opus Dei. Me parecen sus palabras un ejemplo más de una ignorancia antropológica y sociológica, de un tradicionalismo que no somete a autocrítica sus principios heredados y de una defensa interesada de su estatus y de su función social masculina.

Para evitar hablar y pensar como este hombre es muy importante no perder de vista la diferencia entre sexo y género. Cuando la mujer que ocupa en la actualidad el Ministerio de Sanidad e Igualdad evita emplear la expresión 'violencia de género' no sabe, ni como mujer ni como ser humano, lo que está diciendo. Repitámoslo una vez más. El sexo es algo que pertenece al terreno de la biología y estableces diferencias físicas entre los seres humanos, en virtud de las cuales, podemos hablar de hombres y de mujeres. Lo que la cultura y el pensamiento humanista nos han hecho ver es que no podemos hacer derivar desigualdades sociales de las diferencias biológicas, no podemos relacionar las diferencias físicas corporales con un disfrute diferente de los derechos humanos que, como tales, son iguales para todas las personas. Este hombre dice que él no puede traer hijos al mundo y, en cambio, las mujeres, sí. Pero ¿y qué?, si eso nadie lo discute. El problema está en que este señor extrapola estas diferencias meramente biológicas hasta terrenos distintos, en los que establece diferencias para las que no hay ninguna justificación racional admisible, como cuando saca la conclusión de que como él no puede parir (por cuestiones biológicas), tampoco las mujeres pueden oficiar la misa, cosa que no tiene nada que ver con la biología, sino con tradiciones que a este hombre, como machista que ejerce, le interesa mantener. Mezcla así sexo y género porque o no sabe o no le interesa saber sus diferencias.

Es muy importante conocer y no olvidar las diferencias entre los conceptos de sexo y género, porque ellas nos ayudan a entender la maniobra que los machistas han ideado para ocupar los mejores puestos en la sociedad a costa de las mujeres. Así como el sexo está relacionado con la biología, el género se refiere a las funciones que las personas desarrollan en la sociedad. El machismo, porque le interesa, ha dividido las funciones que las personas desarrollan en la sociedad en dos grupos. Unas son las más importantes, las que implican dirigir y mandar e, incluso, el uso de la fuerza, las que se desarrollan de cara al exterior e implican algún tipo de importancia social. Según ellos, son asuntos masculinos y los deben poner en práctica los hombres, los que poseen el sexo del varón. Las otras funciones, las que carecen de importancia, son secundarias, implican valores, como la belleza y la dulzura, o contravalores, como la obediencia y la sumisión, son llamadas femeninas y propias de las personas que tienen el sexo de mujer.

Se establece así una división social en géneros -masculino y femenino- que el machista quiere hacer derivar de la diferencia de sexos – hombre y mujer. Pero esta división social en géneros, primero, no está justificada con ninguna razón de peso. Y, segundo, no responde más que al prejuicio del machista, que se cree superior a las mujeres y por eso se atribuye él las mejores funciones, y a su propio interés por reservarse dichas funciones porque le favorecen. Como el cura se cree superior a las mujeres, se atribuye el papel de usuario del altar, dejándole a ellas las tareas de limpiarlo, prepararlo y mantenerlo para que cuando llegue él esté en perfectas condiciones para desarrollar su función. Cuando la mujer quiere liberarse y gozar de los mismos derechos que los hombres, el machista puede reaccionar en contra de las mujeres y en defensa de su supuesta superioridad. Aparece entonces la violencia de género, violencia que siempre se ejerce en virtud de esa supuesta superioridad y no por otros motivos, razón por la cual nunca puede hablarse de violencia de género cuando es una mujer la que la ejerce. La mentalidad de este cura, que no ayuda a fomentar la igualdad, sino que favorece las diferencias, se sitúa así en la línea que puede conducir a este tipo de violencia, aunque él no lo sepa.

Otra característica de estos machistas poco evolucionados es su tendencia al simplismo y su aversión a admitir a los diferentes. Cualquier diferencia implica para ellos inferioridad, razón por la cual les lleva a hacer afirmaciones tan bastas como que los homosexuales no tienen un comportamiento adecuado ni para ellos ni para la sociedad. Su mente, al parecer, no está para ver que hay muchas maneras de vivir en el mundo y sólo son capaces de admitir lo que la rancia tradición les ha hecho llegar. Así, homosexuales, bisexuales, transexuales y sus correspondientes maneras de crear familias les parecen aberraciones que no pueden entrar en los estrechos cauces de su simpleza mental.

Este cura no es más que un vulgar ejemplo de machismo, interesadamente ignorante de lo que dice y de lo que hace, y un pésimo ejemplo para esas mentes débiles, que buscan en la religión una orientación para sus vidas y unos criterios para educar a sus hijos, y que son incapaces de encontrarlos por sí mismos usando el medio más potente que tienen a su alcance: la razón.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Violencia de género, no otra cosa



No sé si la señora Ana Mato, ministra de Sanidad, de no sé qué más y de Igualdad, no tiene ni idea de lo que les ocurre a las mujeres o es que tiene “otra” idea. Que a estas alturas del mundo, después de muchos años de lucha feminista y de intentar el respeto de los derechos humanos tanto en los hombres como en las mujeres, una mujer, dirigente política, ministra de un gobierno y supongo que universitaria, no sepa o no quiera usar el término “violencia de género” para caracterizar un caso de asesinato machista da mucho que pensar. Sobre todo, da que pensar que esta señora tiene interés no en defender a las mujeres, sino a los hombres que practican ese tipo de discriminación injustificable que es el machismo.

Ante el fenómeno del machismo no caben posturas intermedias: o se lucha abierta y claramente contra él o, por el contrario, se le hace el juego y se le ayuda directa o indirectamente a persistir. Esta segunda alternativa es la que abrazan las mujeres poco concienciadas, generalmente de derechas, con una mentalidad antigua y preilustrada, que, deslumbradas por el poder, que dentro de esa ideología es casi siempre machista, no quieren perder su estatus y son capaces de ir contra las personas de su propio sexo con tal de mantener su cuota de mando. Y cuando hablan, los disparates suelen aflorar con facilidad y ponen en entredicho su capacidad para ocuparse del cargo que tienen.

Lo que ignoran estas personas es que la diferencia de sexo entre hombre y mujer es de tipo biológico, anatómico y fisiológico. Hay diferencias corporales, incluso de pensamiento, que no deben ni pueden justificar ningún tipo de discriminación por razón de sexo. La cuestión aparece cuando a las mujeres se las educa y se espera de ellas que lleven a cabo una serie de funciones en la sociedad y, en cambio, a los hombres se les asocia otras funciones distintas. Surgen así los géneros, masculino y femenino, y se entiende que los hombres tienen que desarrollar las funciones masculinas y las mujeres, las femeninas. Esto es lo que quiere el machismo, que ya se ocupa de que las funciones masculinas sean las importantes, las que detentan el poder y las que se consideran superiores, mientras que las femeninas son las secundarias, las encargadas de obedecer y las que desarrollan las tareas inferiores. En esto consiste la organización machista de la sociedad basada en la división en géneros de las funciones sociales. Esta es la visión de la sociedad que transmite la educación tradicional, influida por el machismo político, por las religiones y por el interés descarado de algunos hombres de mantener sus privilegios patriarcales a costa de la libertad y de las vidas de las mujeres.

La violencia de género surge cuando el hombre, actuando en nombre de la supuesta superioridad del género masculino sobre el femenino, se encuentra con que la mujer no le obedece, no cumple con lo que el machista espera de ella o exige comportamientos que él cree que no son propios de su género. Entonces es cuando, dejándose llevar por un carácter mal controlado, por una animalidad mal educada y en ejercicio de esa pretendida superioridad, es capaz de reprender y castigar a quien le ha desobedecido y quien no ha cumplido con lo que se esperaba de ella, de acuerdo con su género. La violencia de género es, por tanto, siempre consecuencia de una mentalidad machista y de una pretendida e interesada superioridad del hombre sobre la mujer. Se llama de género, precisamente porque la lleva a cabo un miembro de un género -el masculino- sobre otro del otro género -el femenino- y, además, en nombre de la supuesta y nunca demostrada superioridad del género masculino sobre el femenino. Prescindir de este carácter de género para referirse a los casos que lamentablemente se dan en nuestra sociedad es no describir correctamente el problema, no descubrir lo que hay debajo de estos crímenes, hacerle el juego al machismo, que es la mentalidad responsable de estos desmanes, e ir en contra de las propias mujeres, porque oculta las verdaderas causas del problema y, en el fondo, se hace cómplice de los machistas.

Esto es lo que debería saber la señora Mato y esto es lo que hace que dé pena ver a toda una ministra de Igualdad decir tonterías y disparates e ir, en definitiva, en contra de las propias mujeres. Desde que leí a Platón, siempre he pensado que los aficionados y los ignorantes deberían quedarse en casa y ponerse a estudiar.