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martes, 28 de febrero de 2017

domingo, 14 de febrero de 2016

Buenas noches. Carnaval



Lo mejor del Carnaval creo que es que deja salir el otro yo que llevamos dentro agazapado, escondido, maltrecho por las rutinas diarias, encorsetado por costumbres absurdas, por prejuicios injustificables. 

El Carnaval nos recuerda -o nos puede recordar- que somos más que lo que mostramos cada día, que esa forma de vivir repetitiva, cada día más vacía, no es lo único que tenemos.

Lo malo del Carnaval es que al día siguiente se nos suelen evaporar la espontaneidad, la libertad y las ganas de ser niños abiertos e inocentes, para volver a ser los de siempre. Buenas noches.



jueves, 12 de febrero de 2015

Carnaval: parece que soy yo



En muchos aspectos soy, cada día, el que tengo que ser, el que debo ser. ¿A ti no te ocurre lo mismo? Yo creo que sí. Por ejemplo, no le hablamos a quien no conocemos porque tenemos prisa, porque va con su móvil a cuestas, porque no es lo normal y porque cualquiera sabe cómo le sentará. No le comentamos a quien está al lado lo que nos parece la situación en la que estamos. No tenemos detalles con los desconocidos. Damos besos oficiales, saludos oficiales, palabras oficiales, abrazos oficiales -o sea, que no abrazamos. Todo son protocolos oficiales. A menos que seamos muy libres, vivimos encorsetados en las normas habituales, tan vacías, tan uniformes. Para eso llevamos puesto el disfraz ordinario, el de todos los días, el que nos convierte en ciudadanos adiestrados en una sociedad que quiere ciudadanos y ciudadanas adiestrados.

Pero llega el Carnaval y no sé qué es lo que harás tú, pero yo me visto de fiesta, de fiesta de Carnaval, me disfrazo de romano o de geisha o de la duquesa de Alba. Lo importante es que me quito el disfraz de todos los días y procuro ser yo, vestido de algo imposible, de cualquier cosa divertida, con un disfraz que no es más que la excusa para no ser el de todos los días. Y procuro que la gente sea igual de libre que yo, que los desconocidos se sientan más valorados y que quienes pasan por ahí vestidos de cura o de Marilyn se encuentren estupendamente vestidos así. Luego, a quien me parece le hago un regalito simbólico: una flor de papel que no me cuesta ningún trabajo hacer, pero que la hago y la regalo. Y el gesto de sorpresa y de alegría que produce en el 99% de las personas es impagable.


Cuando termina el Carnaval, lamentablemente, me vuelvo a poner el disfraz de todos los días y sigo siendo ese que, a menos que encuentre a personas con las que se puede ser libre, parece que soy yo. 

Buenas noches.

jueves, 6 de marzo de 2014

Somos seres racionales




He descubierto en el Carnaval de Cádiz que somos seres racionales porque somos capaces de comer raciones de ensaladilla rusa y de la calamares. No acabo de comprender cómo no me había dado cuenta de ello antes.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Buenas noches. Carnaval




Es tanta la costumbre que tienes de verte así, de hacer cada día lo que haces, que crees que realmente eres como apareces. Si un actor estuviera durante muchos años representando el mismo papel de la misma obra, probablemente muchas características del personaje que interpreta quedarían fijadas en su manera privada de ser y de actuar en la vida. El personaje se habría así incrustado en la persona.

Yo creo que es eso lo que nos pasa habitualmente a todos. Vivimos todos los días situaciones muy parecidas y en ellas, para sobrevivir de manera más o menos pacífica, repetimos los mismos actos, hacemos gestos similares, ocultamos lo que puede traernos problemas, evitamos determinadas reacciones y fomentamos lo que otros muchos consideran conveniente.

Hemos adoptado una serie de comportamientos que no son propios de nosotros mismos, sino del personaje que nos vemos obligados a representar en la vida cotidiana. Nuestro verdadero yo, ese ser más o menos desconocido que llevamos en nuestra mente, se ha acostumbrado a representar el papel más adecuado y ha quedado escondido en la rutina diaria. El disfraz que usamos cada día se ha confundido con el yo a fuerza de ir disfrazados.

Ahora, en los Carnavales, es cuando decimos que vamos a disfrazarnos, que por unas horas vamos a ser, por ejemplo, un pirata o un indio. A mí me parece que, en realidad, no vamos a actuar como si fuéramos un pirata o un indio. Lo que deberíamos intentar es vivir la oportunidad de prescindir del disfraz habitual y, con la excusa de aparentar ser otro, procurar ser por un día nosotros mismos. De hecho, ese es uno de los sentidos que ha tenido y tiene el Carnaval.

Se tienen noticias del Carnaval desde hace unos 5000 años. Se le ha relacionado, por ejemplo, con las Saturnales -fiestas en las que a veces los esclavos y los amos intercambiaban sus papeles-, con
las Bacanales -dedicadas al dios Baco y en la que inicialmente sólo participaban mujeres, aunque posteriormente se dio entrada a los hombres- o con las Lupercales -en las que unos sacerdotes, los amigos del lobo, casi desnudos, iban azotando con tiras de piel a quienes encontraban, para purificarlos. Se pensaba que así aumentaría la fertilidad de las mujeres. Más tarde, el cristianismo impuso un tiempo de cuaresma, en el que todo lo sensual o gozoso estaba prohibido, y el Carnaval servía como una despedida festiva de la vida habitual. Todo estaba permitido en los días de Carnaval y posiblemente de ahí venga la costumbre de ir con la cara tapada por una máscara.


En todo caso, si en Carnaval vas a cambiar tu aspecto habitual, yo en tu lugar aprovecharía para intentar ser tú mismo, aunque vayas vestido de pirata o de indio. Si no lo haces, corres el riego de que se te oxide ese yo que llevas dentro. Buenas noches.

jueves, 7 de abril de 2011

Chirigota Las vocales




Merece la pena que escuches esta ingeniosa chirigota de Cádiz. Pasarás un buen rato. Pulsa aquí

domingo, 14 de marzo de 2010

Los ecos del Carnaval

Una de las mejores chirigotas callejeras del Carnaval de Cádiz. Interpreta la polka "España de mis amores". Parte I.

jueves, 4 de marzo de 2010

La lideresa


Con el disfraz puesto soy modosita. Parezco educada. Ejerzo de lideresa. Tengo una imagen cuidada. Soy capaz de resultar atractiva, pero sin afectar a la dimensión sexual de los hombres, sino a sus deseos de poder, en donde sé que ven en mí una aliada. A los que no quieren poder, sino seguridad, les explico bien lo que quieren saber, sin que se den cuenta, ni por asomo, de que no es eso lo que necesitarían saber. Soy la eterna servidora de todos.

Pero sin el disfraz soy otra. Diría que soy yo, sin necesidad de depender de la opinión de esa chusma deseosa de poder, de dinero o de nada. Me pillan a veces diciendo tacos, pero ¿qué sabrán ellos de lo que quema y agota ejercer el poder? Se asustan cuando llamo hijoputa al que es un verdadero hijoputa. ¿Saben ellos lo que es aguantar un día y otro a esta peste de aspirantes sin clase, sólo con verborrea, y capaces de dialogar hasta con el enemigo? Se escandalizan cuando veo una de esas estatuas modernas que se empeñan en poner en las rotondas y digo que es una puta mierda. No se dan cuenta de lo malo y lo estúpido que es lo moderno. No saben nada de nada.

Y lo peor de todo es no poder quitarme el disfraz, los disfraces de cada día. Necesito que siga siendo carnaval para poder disfrazarme de mí misma y poder seguir llamando hijoputa al que me pete y seguir diciendo que el arte moderno es una puta mierda y volver a poner cuando me dé la gana en situaciones difíciles a los alcaldes deseosos de que los siga poniendo en las listas. No quiero más disfraces. Viva el carnaval.

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