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sábado, 11 de junio de 2016

Buenas noches. Odio y oído



Observo mucho odio, mucho. Es un odio siempre vertical, porque en lo horizontal sólo cabe el amor. Se odia de arriba a abajo y de abajo a arriba. Se odia con la mirada, con los gestos, con las palabras, con los hechos, con los ninguneos, con los desprecios, con las descalificaciones, con las mentiras, con el cinismo, con la desvergüenza. Quien odia no dialoga, porque no deja hablar ni escucha, no tiene oído para el otro. El odio genera una sociedad odiosa, desagradable y en guerra. El odio produce más odio y fanatismo e intransigencia. En el colmo del disparate, hay quienes odian y no son conscientes de que están odiando. No le veo solución a este odio presente, salvo una decisión improbable de tener mucho más oído. 

Buenas noches.


martes, 17 de junio de 2014

Lo que veo cuando miro. Autoridad sin vergüenza

Cifuentes dice que la fuga del hijo de Gallardón es "un tema menor" y la colisión "fue pequeña"




Puedes leer aquí la noticia.

Estas desvergüenzas, estas discriminaciones llevadas a cabo por autoridades, este amiguismo y este tomar por tontos a los ciudadanos es lo que va calando en la población, va creando un ciudadano sin moral -por tanto, salvaje- y va maleducando a todo el que no tiene suficiente espíritu crítico para darse cuenta de los manejos de esta plaga de neoliberales sinvergüenzas que campan a su antojo por nuestra sociedad. Los brutos embrutecen, porque no saben hacer otra cosa, y hacen daño, pero estos tipos de la derecha salvaje se están pasando de la raya.

Más información sobre el protagonista del 'tema menos' aquí.

lunes, 12 de marzo de 2012

Mentiras



El ladrón era joven y con aspecto de no cortarse ante nada. Fue en la Puerta del Sol, en Madrid, a plena luz del día, hace ya bastante tiempo. Le quitó la cartera a un ciudadano de forma tan poco trabajada que la víctima se dio cuenta enseguida del atropello. El ladrón, en cuanto tuvo la cartera en sus manos, se la entregó a un cómplice que estaba a su lado, el cual echó a correr velozmente con el botín. El ladrón permaneció junto a la víctima, que reaccionó pronto pidiendo al ladrón que le devolviera la cartera. Éste, lejos de avergonzarse de su acto, al verse interpelado, lo que hizo fue reaccionar a gritos y, con grandes aspavientos y con gestos de estar muy ofendido, le contestó de manera muy ordinaria y cortante: “¿Qué pasa contigo? ¿Es que no ves? Que no te enteras, que yo no he sido, que ha sido aquél que va corriendo por allí. Vamos, decirme a mí que he sido yo... ¿No te jode?” Con lo cual el ladrón, después de robar, con todo el desparpajo, el cinismo y la desvergüenza de los que fue capaz, se inventó una situación nueva con la que tapó la realidad, echándole la culpa a otro de lo que había cometido él.

Me acuerdo siempre de este suceso cuando el PP miente de manera tan descarada y, a continuación, le echa la culpa al PSOE de ser éste el que miente. O cuando se inventa algo sobre el 11 M. O cuando culpa de todo a Zapatero o a Rubalcaba o a cualquiera de sus adversarios, que ellos ven como sus enemigos. Lo hacen con tal naturalidad y destreza que, al igual que ocurrió con el ladrón de la Puerta del Sol aquel día, no me extraña que los ciudadanos menos avisados y menos dados a analizar fríamente los hechos se traguen todas las patrañas que crean con estas maniobras. Es más, algunos en el PP son de mente tan simple que tengo la impresión de que se las creen también.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Todo vale, hasta la desvergüenza



No sé cómo explicarme algunas cosas que están ocurriendo. En Twitter, por ejemplo, un tipo ha salido defendiendo que Rajoy no saque a la luz su programa porque “todos sabemos que va a llevar a cabo medidas impopulares que todavía no puede decir, pero el fin justifica los medios”. Y se queda tan ancho después de admitir la jugada antidemocrática y de cerrarla con el impagable “el fin justifica los medios”. La ética está por los suelos y no sé cuánto tardaremos en darmnos cuenta de que juno de los orígenes de la situación actual está ahí.

Casi a la vez, una señora del PP, Francisca Pol, candidata suplente a las listas del Senado por Mallorca, ha tenido la estúpida ocurrencia de trucar una foto en la que aparecía la ministra Chacón con varios militares, haciéndola aparecer con la camisa abierta y dejando a la vista uno de sus pechos. Que a un ser adulto, dedicado a la política y candidato en unas elecciones, se le ocurra esto es para echarse a temblar. ¿Crees, lector, que, después de todo, le ha pedido disculpas a la ministra? Pues no. Al dimitir ha manifestado que no ha querido ofender “ni a la sociedad ni al partido socialista”. ¿Cómo es posible un comportamiento tan zafio, tan maleducado, tan grosero en un personaje público? ¿Cómo no ha crecido Rajoy cesando fulminantemente a un personaje tan poco presentable como este?

El mismo día, el alcalde de Madrid, del PP, tiene que prescindir de Fernando Autrán, coordinador del área de transportes del Ayuntamiento madrileño porque, se supone que como pasatiempo o porque no tenía nada mejor que hacer, se dedicó en Twitter a comentar el culo de alguna ministra y a hacer comentarios soeces y misóginos sobre todo lo que se le ocurría.

Aterra ver la naturalidad, la frecuencia y el poco correctivo que se le aplica a estos comportamientos públicos, sobe todo, teniendo en cuenta que pueden convertirse en modelos de comportamiento para las personas menos formadas, que copian y reproducen lo que ven, sin pararse a criticarlo porque su escasa educación les impide, precisamente, tener ningún criterio.

Es parece ser el objetivo: crear ciudadanos burdos, brutos, sin educación y sin ética, a los que no se les ocurrirá ni por asomo ser de izquierdas mientras permanezcan en su estado de escaso desarrollo humano. Es la ideología que enlaza con el neoliberalismo salvaje que nos traen, que, en nombre de su peculiar sentido de la libertad, permite hacer todo lo que a cada uno le dé la gana. Este es el país que se va haciendo ante nuestros ojos sin que se nos ocurra rechistar.

martes, 8 de diciembre de 2009

Sin vergüenza

Llevo dos años trabajando con los alumnos de 2º de ESO la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Procuro que conozcan la realidad y que razonen, que aprendan a vivir como seres racionales, como seres humanos, que antes de opinar piensen sobre lo que van a decir. Intento convertirlos en seres autónomos, que no obedezcan al que más grita o al más chulo. Pretendo que ni siquiera me obedezcan a mí en mis opiniones, sino que vayan siendo ellos mismos, con sus conocimientos, los que justifiquen su forma de pensar. Les hablo de lo que es una norma, de la necesidad de cumplir normas, de los valores, de que dependiendo de los valores que tengan, así serán las normas que se den. Les hago pensar sobre la igualdad, sobre lo injusto del machismo, del racismo, de las discriminaciones. Procuro traerles a la mente problemas reales sobre los que antes no habían pensado para que encaucen sus vidas por caminos transitables y constructivos para todos.

Creo que esa es la manera de contribuir a crear ciudadanos con una cierta madurez, la misma que no les dan en sus casas porque sus familias no ejercen, en muchos casos, como tales, porque están muy ocupadas acumulando dinero, o muy despistadas, o, simplemente, no existen.

Por eso me molesta mucho que un ciudadano se haya puesto días pasados ante un grupo de alumnos pequeños, de 10 a 12 años, y les haya adoctrinado diciéndoles que este Gobierno no hace las cosas bien, que esa es la causa de que haya paro en España y lindezas por el estilo.

Este ciudadano, aparte de ir en contra del más elemental sentido del respeto, violó el artículo 19 de la declaración de Derechos del Niño, cuya existencia seguramente desconoce, y contradijo todo lo que había dicho antes para hacer el ridículo yendo en contra de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, con infundadas acusaciones de adoctrinamiento.

Este ciudadano es bien conocido por usar con frecuencia la táctica de hacer algo para acusar luego, con todo el cinismo, al adversario de que es éste quien lo ha hecho.

Este ciudadano se llama Mariano Rajoy Brea, es líder del Partido Popular y ha dicho lo anterior sin ninguna prudencia ni ninguna vergüenza. Seguramente porque no las tiene.