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lunes, 10 de noviembre de 2014

Buenas noches. No es un sentimiento




Confundir el amor con un sentimiento es como creer que la correcta alimentación consiste en comer productos que tengan un sabor agradable. El amor no es fundamentalmente un sentimiento, aunque tenga una dimensión sentimental. 

Buenas noches.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¿Comer o alimentarse?

Hay una cierta tendencia en el mundo de los restaurantes hacia lo que llaman el “maridaje”, que consiste en elaborar un menú, de forma que cada plato se acompañe con un vino cuyo sabor se compagine bien con él. Uno de los problemas que tienen estos maridajes es que mezclas el fino con el vino blanco, con el tinto, con cava, con orujo y con el último invento que se le ocurre al organizador. Y, si no estás atento, puedes terminar con las mejillas excesivamente rojas y con los ojos empequeñecidos, lo cual es señal de que algo ha ido mal con el alcohol.

Ahora se están celebrando en Madrid, hasta el día 22, las I Jornadas Madrileñas de Mahou – San Miguel en alta restauración. Son también unas sesiones de maridaje, pero, en lugar de con vinos, con cervezas. Participan una docena de restaurantes, podríamos decir que de la gama alta, entre los que se encuentra el Oter Epicure, restaurante de una cadena que empezó Gerardo Oter y que hoy cuenta con un buen número de locales. El más reciente creo que es Colonial Norte, en la estación de Príncipe Pío, una mezcla de restaurante, bar de copas, sala de música y quizás algo más.

Como el experimento nos parecía interesante, hemos ido a probar. Pongo aquí el menú por curiosidad y para que sirva de muestra de algunas cosas que se hacen hoy por las cocinas públicas.

Comenzó el episodio con un Pan de sardinas, consistente en una rebanada de pan tostado y untado con el aceite de asar las sardinas, cuyos lomos venían encima del pan. Unas hojas de diversas lechugas terminaban la presentación. Muy bueno de sabor y de textura. Se acompañaba con una botella de Mahou Premiun Light, uno de los últimos inventos de esa marca, con sólo 3,5º y con menos calorías que la normal.

La cosa siguió con un Huevo frito con compota de tomate y setas de temporada. La estrella del plato era la compota de tomate, elaborada sin triturar excesivamente la hortaliza, sino, más bien, dejándola a trozos. Se “armonizaba”, según la carta, con otra botella, esta vez, de Mahou Clásica.

Por mí hubiese dado por terminada ya la comida, pero ésta continuó con un Lomito de bacalao con miel, pasas y piñones que hubo que probar. El bacalao estaba sublime, tanto por el desalado como por el punto de cocción, que incluía un breve toque de horno con una salsa holandesa. El acompañamiento le daba un toque que a mí me recordaba algún plato de cocina mozárabe. Aquí la armonía venía de la mano de otra botella de San Miguel 1516, una cerveza de la gama alta de esa marca.

No acabó ahí la cosa, sino que trajeron tres buenas tajadas de Carrillera de ternera estofada con patatas a la vainilla. Aquí es en donde empecé a decir palabras que contenían una “j", como, por ejemplo, “Joder, ¿más?” o, como soy andaluz, algo así como “Ojú, ojú, ojú”. Pero, en todo caso, tienes que probar -probar- la carrillera, que estaba guisada con vino tinto y que estaba más que exquisita. Venía acompañada de una salsa espesa de boletus y de una botella de San Miguel Selecta XV, una cerveza de 6,5º, elaborada con tres clases distintas de lúpulo y con otras tres de malta. Quizás fue la mejor de todas las cervezas que probamos.

Por fin, la “frugal colación”, como llamaban antes a las comidas escasas, terminó con unos Canelones de mousse de chocolate y frutos secos, acompañados de otra botella de cerveza Mahou Negra que, ciertamente, compagina muy bien con el sabor del chocolate, como se puede comprobar en casa perfectamente.

Todo estaba exquisito, estupendo y no pongo el precio porque puede que haya quien piense que hablar de dinero es una ordinariez. Pero estoy roto. Tengo el organismo con más cerveza que sangre. He estado toda la tarde andando y aliviando la vejiga y creo que aún, a estas horas de la noche, estoy haciendo la digestión. Creo (momento de reflexión oportuna / lamento intelectual / arrepentimiento sincero) que hay que cambiar el concepto de comida por el de alimentación. Y la razón es porque es más sano. Diseñar un menú con estas cantidades es una barbaridad, y comérselo, otra aún mayor. Así que mañana hay que contrarrestar los efectos de este espléndido y estúpido atracón: un poquito de ensalada, un trocito de pescadilla hervida y a huir a hacer deporte.

Y de cerveza no quiero ni oír hablar. Y, además, te digo una cosa sabiendo lo que te digo: Come en casa

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viernes, 22 de agosto de 2008

jueves, 3 de julio de 2008

Ya se acerca el triunfo final (I)

Un componente del universo, presente en él desde sus orígenes y cuyo nombre está maldito para algunos, que no aceptan ni pronunciarlo ni oírlo, viene incrementando su influencia y su poderío en nuestros días. Es la mierda.

Antiguamente a la mierda se la denominaba el mal, pero esto no era más que una estrategia propia de gente leída para huir hacia la estratosfera metafísica, tratar allí muy inteligentemente el problema y dejar mientras tanto aquí abajo la verdadera mierda pudriéndolo todo. No vamos a hablar, por tanto, del problema del mal, sino de la existencia real de la mierda.

Los desastres que produce la mierda no parece que tengan, ni mucho menos, solución. No obstante, de la misma manera que se hace con cualquier otra realidad, se debe tomar conciencia de la existencia de la mierda, analizarla y tratar de prever sus calamitosos efectos. Tras lo cual, seguramente no quede otro recurso que el de una huida condenada al fracaso.

Una primera aproximación al análisis de la mierda nos llevaría a distinguir entre la mierda social y la mierda humana. Ambas están profundamente relacionadas entre sí, no en vano la primera es hija predilecta de la segunda, de la cual emana.

Si desplegamos el catálogo de presentaciones de la mierda social, nos encontramos en primer lugar con la mierda comunicativa, en donde la televisión ocupa el lugar del producto estrella. Desde este punto de vista, la televisión puede ser considerada como un fractal, ya que tanto en su totalidad como en sus partes tiene la misma estructura: es mierda de altísima calidad.

Luego, nos topamos enseguida con la mierda medioambiental, con una amplia gama de precios y modelos. Algunos de estos tienen la sorprendente cualidad de ser invisibles a distancias cortas, detectándose muy bien, en cambio, desde lejos. Hay modelos que incluso, aunque no los veas, te afectan a los ojos y te hacen llorar. La mayoría de ellos te enferman y, aunque no siempre lleguen a matarte, se vuelven contra ti e incrementan tu dotación de mierda humana.

En las páginas centrales del catálogo hallamos la mierda política, con una enorme panoplia de variantes, enmascaradas todas ellas con llamativos e ingeniosos eufemismos: así, a los contratos de mierda para trabajar de mala manera y cobrar poco se los llama contratos basura; a los dormideros de mierda se los califica de infraviviendas; a la mierda de vida hipotecada hasta la muerte de tus herederos que producen los precios de mierda de las viviendas, en donde un ladrillo de mierda cuesta igual que un lingote de oro, se la denomina especulación o, más dulcemente, liberalización del suelo; a la mierda de trato que se le da a los enfermos en ambulatorios y hospitales se le designa como listas de espera o también saturación; a la mierda de educación, cuya responsabilidad se quiere endosar en exclusividad a los profesores, pero en la que colaboran con igual intensidad, por acción u omisión, los padres, la televisión, los dirigentes, los votantes, la legislación y los propios alumnos, se la califica de fracaso escolar; a la mierda de condiciones de inseguridad en las que trabajan los obreros se le endosa el tétrico apelativo de siniestralidad laboral; a la manera de resolver los problemas tarde y mal, dejando todo el tiempo posible para que la mierda haga un poco más de efecto, se le atribuye el término técnico de burocracia; a la creación de mierda bajo la forma de una estructura económica mundial, que permite que se incrementen los beneficios de unos pocos a costa del empobrecimiento cada vez mayor de todos los demás, se le llama globalización; a algunos de los seres que se dedican a la cosa pública y que se caracterizan por su incapacidad, su inmoralidad, su afición por la mentira, su torpeza, su afán por sobrevalorar, sin importarles que se note demasiado, el interés propio por encima de cualquier otro y por la concentración que muestran de múltiples variantes de la mierda, se les llama neoliberales.

La segunda parte del catálogo de la mierda social la ocupa la mierda ociosa, formada por todo un conjunto de artefactos tecnológicos destinados a matar el tiempo, es decir, a matar la vida. Nos encontramos aquí con la mierda de las consolas, la mierda de los reproductores de música con auriculares, la mierda de los juegos electrónicos, la mierda de los teléfonos móviles y, en fin, toda la serie de cacharros de mierda que, a través de pantallas y de teclas, sirven para fomentar el aislamiento estéril, el ensimismamiento empobrecedor y el individualismo deshumanizante. El sentido de los productos de la mierda ociosa no es otro que el de que los consumas y los uses hasta el abuso, cuantas más horas mejor, hasta que adquieras el hábito de olvidarte de que existen los demás y, sobre todo, de que tú mismo existes y de que tienes que vivir. La mierda ociosa es capaz de entronizar cualquiera de sus aparatos y de convertirte a ti en un súbdito inconsciente. Esto explica situaciones tan estúpidas como la del que se pone a hablar por el teléfono móvil en mitad de la calzada, sin la menor conciencia de que por allí pasan coches, o lo usa conduciendo, o la del que se va a un concierto, o al teatro o a clase con el mismo artefacto conectado, o la del que se pasa horas y horas de chateo, contándole sinsustancias a un desconocido, o la de esos aprendices de cretinos que emplean desconsoladamente su tiempo en luchar contra una consola.




La contraportada del catálogo la ocupa la mierda alimentaria. Se incluye aquí la mierda que los panaderos, carniceros, camareros y demás expendedores de alimentos tienen en sus atuendos y en sus manos, con las que tocan la mierda del dinero y con las que luego te dan el pan, te cortan el filete o te ponen un cubito de hielo en el vaso. También pertenecen a este apartado las altas concentraciones de colesterol disimuladas bajo las variadas formas de la mierda de la pastelería industrial. Y no se pueden omitir la mierda de las bebidas de garrafón, misericordioso procedimiento por el que se intenta evitar que los pobres y los jóvenes sufran mucho tiempo, procurando que lleguen cuanto antes a su meta final. Por último, para no confundir el catálogo con un inventario, se reseña la mierda de la comida rápida, peste en la que la hamburguesa sirve bien de ejemplo ilustrativo, ya que se ha convertido en el producto cuya sola mención se ha asociado estadísticamente más veces con la mierda.