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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Contra el fanatismo

Amos Oz, nacido en Jerusalén en 1939, es uno de los escritores actuales más importantes en el mundo. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén y simultanea desde entonces su faceta de escritor con la de profesor en diversas Universidades, como las de Oxford y Ben Gurión, ésta en Israel.

Posee el título de Caballero de la Legión de Honor, concedido en 1997, el Premio Libertad de Expresión, concedido en Noruega en 2002, el premio Goethe, otorgado en Alemania en 2005, y el Príncipe de Asturias, en 2007.

En uno de sus muchos e interesantes libros, titulado Contra el fanatismo, publicado en España en la Biblioteca de ensayo de la Editorial Siruela en 2003, define de manera muy clara y esclarecedora el fanatismo de la siguiente manera:


“Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma o de otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencilla razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto. El señor Bin Laden y la gente de su calaña no sólo odian a Occidente. No es tan sencillo. Más bien creo que quieren salvar nuestras almas, quieren liberarnos de nuestros aciagos valores: del materialismo, del pluralismo, de la democracia, de la libertad de opinión, de la liberación femenina… todo esto, según los fundamentalistas islámicos, es muy pero que muy perjudicial para la salud. Con toda seguridad, la meta inmediata de Bin Laden noera Estados Unidos. Su meta inmediata era convertir a los musulmanes pragmáticos, moderados, en auténticos creyentes, en su tipo de musulmanes. El Islam estaba debilitado por los “valores norteamericanos”. Pero para defender el
Islam no sólo hay que golpear a Occidente y golpearlo fuerte. No. Al final, hay que convertir a Occidente. Sólo prevalecerá la paz cuando el mundo se haya convertido no ya al Islam, sino a la variedad más rígida, feroz y fundamentalista del Islam. Será por nuestro bien. Bin Laden nos ama esencialmente. El 11 de septiembre fue un acto de amor. Lo hizo por nuestro bien, quiere cambiarnos, quiere redimirnos.”



Ahora, mira a tu alrededor y mírate a ti mismo, y trata de descubrir los detalles grandes o pequeños de fanatismo que pueda haber. Y tengamos cuidado.






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