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martes, 2 de diciembre de 2014

Buenas noches. En mala hora




Te acostumbraron desde que naciste a creer que había milagros, que las situaciones difíciles te las arreglaban desde arriba. Sólo tenías que pedirlo mucho y hacerlo con convicción, pero sin que fueras tú quien cargaras ni con el peso de la situación ni con su arreglo. Un día te diste cuenta de que estos negocios eran una farsa, aunque tuvieran la enorme ventaja de que te tranquilizaban, de que te sumían en un estado secundario, en el que lo que sólo había que hacer era pedir, rezar, suplicar y esperar. Cuando un día descubres que estas solo, que nadie te va a arreglar tus problemas por mucho que lo pidas, cuando te das cuenta de que la vida es más cosa del conocimiento que de la fe, entonces el mundo y la vida se te caen encima y te convences de que tienes que remangarte y ponerte a trabajar si quieres conseguir algo; que si enfermas, es cuestión de que los médicos se pongan a curarte y que de poco vale que tú reces; que si tienes un problema con alguna persona, lo tienes que solucionar tú y que nadie desde no sé qué escondido lugar te va a echar una mano. Descubres que las creencias producen gente inmadura, débil, dependiente y de argumentos extraños. Si quieres crecer, tienes que ser tú, con tu trabajo y con tu sufrimiento, quien crezcas. Antes, cuando estabas nervioso o angustiado, ibas a la iglesia con la esperanza de salir de allí reconfortado, igual de inmaduro, pero más tranquilo. Ahora hemos aprendido que los médicos, la química y el deporte son capaces de hacer que tomes conciencia de tu situación y de que seas tú quien salga adelante. ¿Por qué nos acostumbraron desde pequeños a eso tan cómodo de los milagros para que luego se quedara en nada? En qué mala hora lo hicieron.

Buenas noches.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Buenas noches. Los maleducados 2



Los maleducados imparten doctrina allá por donde van, pero no entienden, ni les interesa hacerlo, que una cosa es la ciencia, que se basa en el buen uso de la razón, y otra la religión, que se fundamenta en una fe, en una creencia.

Los maleducados hablan de libertad, pero sólo toleran que sean libres los que tienen capacidad económica para ello.

Los maleducados se presentan siempre como ejemplos de humanidad, pero educan a sus hijos en colegios tendenciosos, en donde no se puede hablar de lo que existe, sino de un mundo imaginario en el que los alumnos terminan odiando la realidad.

Buenas noches.

martes, 2 de octubre de 2012

La bicicleta.



Una antigua alumna, Loli, muy buena alumna, se acuerda todavía de cuando en clase de una asignatura preciosa e interesantísima, Ciencia, Tecnología y Sociedad, estudiábamos la historia de la bicicleta. La idea era ver cómo la ciencia no siempre avanza por intentar ser más eficaz o por perfeccionar la técnica, sino porque la sociedad pide unas cosas y no otras y la ciencia, si está para lo que tiene que estar, intenta solucionar estas demandas sociales.

Era una asignatura que abría mucho la mente para entender lo que ocurría en la sociedad. Creo que ningún miembro de este Gobierno del PP la cursó.

martes, 10 de febrero de 2009

La ciencia y la religión


El ser humano, a lo largo de su vida, debe hacer dos cosas: intentar conocer el mundo en el que vive y decidir cómo debe ser su actuación para que sea la propia de un ser humano. Son el conocimiento y la ética.

En el conocimiento nos encontramos con un problema que ya está resuelto desde hace mucho tiempo, pero que la ignorancia o quizás ciertos intereses hacen que se mantenga como problema. Es el de si el conocimiento aceptable lo suministra la ciencia o si la religión es una fuente, no sólo de esperanza, sino también de conocimiento. Se trata de decidir si lo que conozco es lo que sé y puedo demostrar o si, por el contrario, es lo que creo y lo acepto mediante la fe.

Este tema, teóricamente ya superado, pero prácticamente vigente por lo que se ve, es tratado por el catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid, José Manuel Sánchez Ron, en el excelente artículo El ejemplo y las lecciones de Darwin, aparecido en El País del 1 de febrero pasado.

Resalto aquí algunos párrafos del mismo.


Debatimos insistentemente -ahora estoy pensando en España- acerca de los programas educativos para nuestros jóvenes; por ejemplo, si es aceptable o no imponer asignaturas como Educación para la Ciudadanía, ante la cual algunos argumentan que limita la libertad de los padres a ejercer sus derechos en la formación (moral y religiosa) de sus hijos. Y, mientras tanto, la enseñanza de ciencias sufre cada vez de más carencias.

No parece preocuparnos demasiado, por ejemplo, si se enseñan adecuadamente sistemas científicos tan básicos como la teoría de la evolución de las especies. El pasado noviembre, se publicó un libro en el que se adjudicaba a la Reina, doña Sofía, la siguiente manifestación: "Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida".

Podrá resultar doloroso a algunos, pero la única explicación que da lugar a comprobaciones contrastables sobre el origen del mundo y de la vida procede de la física, de la química, de la geología y de la biología. La religión pertenece a otro ámbito.

¿Es legítimo ocultar a los niños ese mundo científico, condicionando así sus opiniones futuras, en aras a algo así como "mantener su inocencia", o por las ideologías de sus padres? Haciendo públicas sus opiniones en una cuestión cuya importancia no puede ignorar, y por la elevada posición que ocupa, doña Sofía hizo publicidad de una determinada forma de entender el mundo, que jamás ha recibido comprobaciones contrastables.

Una forma, además, que, al menos en España, de la mano de la jerarquía católica, pretende intervenir en apartados que pertenecen al poder legislativo, como son los programas educativos o lo que es admisible o no en los tratamientos médicos (no puedo olvidar en este punto las manifestaciones de la Conferencia Episcopal Española a raíz del nacimiento, en octubre de 2008, de un niño tratado genéticamente para curar a un hermano que sufría anemia congénita: "El nacimiento de una persona humana ha venido acompañado de la destrucción de sus propios hermanos a los que se ha privado del derecho a la vida"; palabras no sólo cuestionables desde el punto de vista de la ciencia sino también, en mi opinión, carentes de compasión ante el sufrimiento ajeno).

Necesitamos educar en la ciencia a nuestros jóvenes; no, naturalmente, para que entiendan que ella es el juez supremo para las opciones que quiere asumir una sociedad democrática. La ciencia es, simplemente, un instrumento -el mejor- que los humanos hemos inventado para librarnos de mitos, orientarnos ante el futuro y protegernos de una naturaleza que no nos favorece especialmente
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