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lunes, 18 de agosto de 2014

Buenas noches. Guerras


El dios católico, el único universal. Alá, el único dios verdadero. Mi verdad, la única válida. Mi opinión, la única buena. Mi pueblo, el más bonito. Mis amigos, los mejores. Mis ideas, las más brillantes. Así se generan las guerras. 

Buenas noches.

martes, 25 de marzo de 2014

Lo que veo cuando miro. La de dios




España es un país en el que si se muere un expresidente, se monta la de dios; si pierde un partido de fútbol un equipo grande, se monta la de dios; si a algún mindundi se le ocurre montar una bronca en la tele, se monta la de dios; si te ponen una multa, se monta la de dios. La de dios es un montaje de mucho cuidado, pero suele durar un día o dos y luego se olvida, porque cada poco se monta la de dios por algo.


Y, sin embargo, si sigue habiendo seis millones de parados, si la brecha entre ricos y pobres sigue aumentando, si la educación está de pena, si la sanidad está de muerte, si la justicia está de risa triste, si la juventud tiene las puertas cerradas, si el país y los paisanos van un poco más atrás cada día, ni se monta la de dios ni la de nadie. Aquí, para que no pase nada, tienes que hacer una muy gorda, porque si lo que te ocurre es una trivialidad, como morirte o decir una estupidez, entonces se monta la de dios. Buenas tardes.

domingo, 23 de junio de 2013

Buenas noches. El Sol es de todos






El Sol sale para todos. Yo necesito el Sol para que tú me veas y para verte yo a ti. Todos debemos poder ver y ser vistos. El Sol sale para todos y es de todos. Es como el aire, como la vida. Parece, sin embargo, que hay algunos listos que creen tener el derecho de disfrutar más del Sol, de la vida, que los demás. Estos acaparadores de la vida se alían con unos supuestos seres superiores y, en nombre de ese complot, se consideran con derecho a discriminar a quienes les parece, a tratar de mala manera a quienes les interesa. Se olvidan pronto de que el aire es de todos, de que el Sol es de todos, de que la vida es de todos. De entre esos seres superiores adoran, sobre todo, a dos: a un dios y al dinero. Para algunos, ambas cosas son la misma. El Sol sale para todos, pero el dinero, no. El dinero ciega más que el Sol. Habría que quitarles el dinero para que recobraran la vista.

En el umbral del sueño, te invito a que cierres los ojos para ver con claridad en tu mente a las personas queridas. Regálales tus mejores deseos y tu cariño. Les vendrá bien. Los rayos de tu sol serán reconfortantes para ellas. Buenas noches.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Buenas noches. Soledad



El final de la obra de Camus El malentendido es, más o menos, así. Una mujer, a la que han dejado sola, llora e implora a su dios:

- Señor, ten piedad de mí, ayúdame.
Su dios:
- No.

Me gustaría que no actuáramos como ese dios y que una llamada fuera seguida de una rápida respuesta llena de humanidad. Este mundo hay que crearlo también entre todos. Las nubes de cariño sirven también para eso. Buenas noches.

viernes, 28 de octubre de 2011

Incomprendido



Jack domina todos los palos, encuentra todas las soluciones, resuelve todos los enigmas, sean físicos o metafísicos, conoce todas las claves para el buen funcionamiento del mundo. Él es el dios de una religión incomprendida: la suya.

viernes, 22 de abril de 2011

Seguro: Dios no es japonés

Se necesita urgentemente psiquiatra japonés fornido. Si hay alguien en la Red, que salga enseguida, por favor, no sea cosa que a esta señora le dé otra vez por rezar.


martes, 9 de noviembre de 2010

¿Existe Dios?



He leído estos días un reportaje sobre el Ateneo de Madrid y en él se decía que una vez, entre sus actividades, se incluyó una votación para ver si existía o no Dios. Me imagino, sobre todo, la campaña electoral, sin duda, acalorada e impregnada de pasión, especialmente, supongo, entre los partidarios del sí. Me imagino también el acto de la votación, con la sonrisa en la boca de los del no y la gravedad en la expresión de los del sí. Salió que no, que no existía Dios. ¿Cómo lo celebrarían los ganadores? ¿Cómo lo encajarían los perdedores? ¿Felicitarían estos últimos a los que con sus votos certificaron algo imposible, desde el punto de vista de la Lógica, como es la decisión de que algo no existe?

Sería muy interesante someter hoy a votación algunos asuntos de indudable interés, como, por ejemplo, ¿Existe la libertad? ¿Existe la igualdad? ¿Existe la esperanza (ojo, no me refiero a la Aguirre, que va con minúscula)? ¿Existe la política o es sólo un disfraz de la economía?¿Existe la alegría o es un sonido grabado? ¿Existe la felicidad o todo esto es un timo? ¿Existe el ser humano o murió ya hace tiempo? ¿Qué saldría?

lunes, 26 de enero de 2009

¿Por qué se ofende este hombre?


El ciudadano Antonio María Rouco Varela, cuya única profesión conocida es la de sus creencias, que ya es para echarse a temblar, me está empezando a calentar las castañas.

Cuando el ciudadano Rouco dice creer en dios, yo, que no profeso tal creencia, no me siento ofendido por ello ni por él. Tampoco creo que ninguna persona razonable, sensata, adulta, con un sentido maduro de la democracia, tolerante, ocupada en vivir su vida y que no tenga las creencias que pregona el citado ciudadano se sienta ofendida por que este señor crea en lo que cree.

Cuando el ciudadano Rouco prohíbe a sus seguidores el uso de condones y, en general, de métodos anticonceptivos, yo no me siento ofendido. Me parece una monstruosidad más propia de alguien por quien aún no ha pasado la Ilustración y que, ante el fenómeno del SIDA y el de los embarazos no deseados, se empeña en mirar hacia otro lado, que de personas que ocupan puestos destacados en una organización, aunque ésta sea religiosa. Sé que muchísima gente está en contra de ese disparate, pero no por eso se sienten ofendidos. Allá cada cual con lo que dice y con lo que obedece.

Si toleramos que el ciudadano Rouco crea en lo que cree y que diga lo que dice, ¿por qué entonces el ciudadano Rouco, ante la presencia de autobuses en los que se dice que “probablemente dios no exista”, dice lindezas tales como que “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales” o que los creyentes tienen derecho “a no ser heridos y ofendidos en sus convicciones”? ¿Todavía no se puede decir en público que, según alguien, dios no existe, porque quien cree que sí existe se ofende? ¿Tan débiles son esas creencias que la postura contraria se vive como una ofensa? ¿En qué siglo habita este ciudadano? ¿Y en qué siglo quiere que habitemos los demás?

El ciudadano Rouco se atreve, además, con una osadía que linda con el mal gusto, a pedir a las autoridades –que, por lo que se ve, cree que están a su servicio- que “tutelen como es debido el derecho de los ciudadanos a no ser menospreciados y atacados en sus convicciones de fe”.

Quiero que sepa el ciudadano Rouco que yo no me callo ni me voy a callar porque su hipersensible (para lo que le interesa) personalidad se sienta ofendida. Que él no es nadie para decirme a mí lo que puedo decir y lo que no puedo decir. Que me siento con todo el derecho del mundo a expresar lo que pienso y a avisar a mis conciudadanos de lo que me parece una actitud antidemocrática, trasnochada e inhumana. Que si se ofende, que revise con seriedad sus mecanismos psicológicos, porque puede que algo no funcione de manera saludable, racional, cívica o humana en ellos. Que sería bueno que tomara de donde pudiera un poco de sentido del ridículo y, sobre todo, que dejara vivir tranquilos a los demás. Pero ¿quién se cree este ciudadano que es? ¿quién le paga a este ciudadano para que diga estas cosas?

Y a las autoridades civiles les pediría que abordaran de una vez por todas las antidemocráticas normas que regulan las relaciones del Estado con la Iglesia católica. Ya está bien de tolerar lo intolerable.
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