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martes, 12 de diciembre de 2017

Buenas noches. Armonía




En la cantidad de luz para ver bien, en la sal que debe llevar un guiso, en la alimentación, en la temperatura, en todo lo que consideramos bueno creo que hay una armonía. Y, sin embargo, creo que no tiene por qué ser así en el mundo del arte. 

Buenas noches.

sábado, 23 de julio de 2016

Buenas noches. Cantar en un coro


El canto en un coro nos enseña a crear en conjunto, a poner la individualidad en contacto con la de los demás, a guardar un respetuoso silencio mientras los demás están ensayando, a escuchar cantar a los otros mientras estamos cantando nosotros, a no juzgar la actuación de los compañeros, a concentrarnos en un trabajo y a permitir que los demás se concentren también, a procurar que el resultado final sea un producto común y no el fruto de intervenciones individuales, a disfrutar con una actividad colectiva, a gozar de una forma peculiar de la belleza, a descubrir la armonía como una forma de estar en el mundo, a ser tolerante con los fallos propios y con los ajenos, a adecuar nuestra actuación al ritmo conveniente en cada caso, a considerar y a respetar la función y la persona del director como una figura indispensable en un proceso creativo. 

Cantar en un coro es como vivir. 

Buenas noches.

martes, 28 de enero de 2014

Buenas noches. Equilibrio





Quizás el equilibrio sea uno de los ideales de la vida. Equilibrio en nuestros actos, armonía en nuestras ideas. Lo que no sé es si el equilibrio personal requiere también un equilibrio exterior, social, económico, político, y también afectivo, relacional. Demasiados condicionantes para que hoy un ciudadano cualquiera pueda sentirse un ser equilibrado. Posiblemente tengamos que conformarnos con un desequilibrio llevadero, que no le resulte molesto a nadie, ni a los demás ni a nosotros mismos. Y, a ser posible, que sea un desequilibrio creativo, productivo, que evite la sequedad que nos amenaza en este mundo tan desequilibrado. Buenas noches.

sábado, 6 de julio de 2013

Buenos días. Las artes y los placeres





¿A qué hemos venido a este mundo?

Si miramos nuestra herencia cultural, tan teñida con los tenebrosos colores religiosos católicos, parece ser que el común de los mortales hemos venido a sufrir, a penar, a la espera de que en el otro mundo podamos gozar, por fin, de una especie de apartamento en el Benidorm celeste con los gastos pagados, o cualquiera sabe de qué.

Pero, afortunadamente, esta no es la única postura posible. Otros creemos que a este mundo hemos venido a vivir, a vivir todos y a hacerlo de la mejor manera posible. Dicho con otras palabras, creo que hemos venido a gozar viviendo. Al parecer hay una minoría de humanos que se empeñan en que esta vida la disfruten sólo ellos y que el resto se dedique a trabajar para darles beneficios, a sufrir para que ellos gocen y a morir para que ellos vivan. Pero esta anomalía trágica no debe alterar la idea central del sentido de la vida: hay que gozar viviendo.

Gozar es obtener todos los tipos de placer posibles: placeres físicos y placeres mentales. Se goza con el sexo, con la comida, con la bebida, con la visión, con la audición, con el deporte, pero también con la inteligencia, con la lectura, con el pensamiento, con la libertad, con la igualdad, con la felicidad propia y con la de los demás, con la razón, con la imaginación … y con las artes.

Las artes son unas puertas estrechas situadas en el fondo de la habitación de la vida que, cuando con un cierto esfuerzo logramos abrirlas, nos permiten entrar en el mundo más sublime que la humanidad haya podido construir. Es el mundo de la belleza, del misterio, de la armonía, de las emociones, de la alegría, de la tragedia, de lo superior, del sentimiento que intenta ser comprendido y compartido, de las ideas que quieren ser carne y de la carne que quiere ser idea. Es el mundo de la posibilidad posible, de la realidad incompleta que va creciendo. Es otro mundo, pero situado en este mundo.

El mundo del arte es un abanico que la educación nos debería mantener abierto para que pudiésemos gozar viviendo con todos los gozos posibles. Yo creo que no lo hace. Tampoco la educación nos enseña a comer bien, sanamente y gozosamente, y eso que lo hacemos varias veces al día. Ni nos enseña a cuidar el cuerpo, a pesar de que vamos a estar con él toda la vida. Parece que la educación apunta a las llamadas 'ciencias' y, a lo sumo, a la lengua, esto es, a la eficacia técnica o, lo que es lo mismo, al beneficio, al dinero, que es lo que les interesa a la minoría dominante.

Habría que reivindicar el arte como fuente de placeres. Y reivindicar los placeres como fuentes de vida buena. Vivir es siempre aprender a vivir. Vivir es siempre aprender a gozar. Todos. Cada día. Buenos días.

martes, 25 de diciembre de 2012

Buenos días. Prudencia




Hay un punto de equilibrio que ayuda a que aparezca en la vida la armonía, el equilibrio, el sosiego, la paz. La razón, el pensamiento ayudan grandemente a encontrar ese punto, pero es una tarea difícil, porque lo hace a través de la prudencia, y ésta no hay más remedio que aprenderla.

lunes, 30 de julio de 2012

Bailar



El baile. La vida y el baile son, en el fondo, lo mismo.

Hay que tener, para bailar, un cierto tipo de humildad para que uno sea capaz de dejarse inundar por el ritmo y por la melodía de la música, y para que el fruto de ese torrente acompasado que nos asalta salga luego fuera. No se puede bailar sin una cuota importante de receptividad, de saber escuchar, para que la música y el cuerpo armonicen hasta el punto de que parezcan uno solo.

Para bailar es indispensable la creatividad. Cada vez que se baile la misma canción ha de parecer que se hace de manera distinta, aunque en el fondo no sea así. La mecánica fría y el baile no tienen nada que ver. Cada paso ha de dar la impresión de que es diferente al anterior, aunque sea el mismo. Cada momento, aunque sea repetición de lo ya hecho, ha de hacer creer a quien baila y a los demás que es una ocasión llena de frescura en la que se está creando belleza.

Se baila con otra persona. Rara vez se baila solo y, aun en este caso, se suele bailar para alguien. No se baila con alguien indiferente como pareja, sino con una persona. El baile, en el fondo, es un diálogo entre dos personas que quieren entenderse para generar belleza. La persona con la que bailas tiene un cuerpo, con el que tienes que jugar a bailar, y una mente, con la que tienes que intentar comunicarte. Son dos mentes, que van a vivir una experiencia común y única, y dos cuerpos que se acercan, se alejan, se rozan, se aprietan, se tocan y se sienten. Cuánta vida truncaron y cuánta juventud envejecieron prematuramente aquellos resentidos ensotanados que proclamaban, poseídos por la suciedad mental de la opresión religiosa, que entre los cuerpos debería circular siempre el aire. Vaya maleducados maleducadores.

Bailan dos rostros poseídos por el arte embaucador de la música. Bailan dos miradas que se adivinan mutuamente intenciones, proyectos y sentimientos, que se intercambian palabras que nadie oye, que se dicen lo que disfrutan moviendo sus cuerpos con la cadencia que surge de la creación en común. Bailan dos sonrisas que muestran dos placeres, quizás diferentes, quizás similares, pero dos placeres juntos y generados en dos personas entregadas al gozo emocionante de hacer visible la música.

Bailan los pies y las manos y los cuerpos y las mentes. Baila el aire de alrededor, bailan los sonidos dentro del cerebro, bailan las emociones, bailan las ropas, bailan los olores, bailan las sensaciones de sentir cerca a un hombre, a una mujer. A veces bailan a su ritmo las lágrimas que rebosan de placer por los ojos de los que bailan. Bailan los silencios que acogen respetuosos la música. Bailan también los traspiés, los errores, los fallos. Bailan dos vidas, porque la vida tiene las mismas peculiaridades del baile. La vida es escuchar humildemente, es ser receptivo, es crear con los otros, es gozar, es disfrutar, es hablar, es sonreír, es procurar que se den la armonía y la belleza, es poner cada cual de su parte lo mejor de sí mismos, es dialogar con el cuerpo, con la mente, con las ideas y con los proyectos, es construir cada momento, es compartir de la manera más satisfactoria posible el tiempo que dure la música de la existencia. Claro que la vida lleva también dentro de sí el riesgo de equivocarse, de pisar al otro, de dar un traspiés, de hacerlo mal, incluso de que no quieran bailar contigo. La vida es así. Como el baile.


Le bal es una preciosa película de Ettore Scola que muestra los cambios habidos en una sociedad sin salir de una sala de baile. Puedes verla aquí.