Tal día como hoy de 2019 murió Toni Morrison, autora de Beloved.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
Ante el odio -visceral, irracional, vacío de futuro- no valen nada ni la razón ni los hechos. Ya le pueden argumentar con toda la claridad posible, ya le pueden poner delante todos los hechos que vayan contra su odio: nada podrá con él. Quien odia no sabe que el odio lo ha destruido como persona y que ahora se dedica a destruir con su odio todo lo bueno que es capaz de encontrar. Ni siquiera se da cuenta de que ganaría más sin odiar. Después de un fracaso sin esperanza, ¿qué hace el que odia con su odio?
Siempre que le oí, le escuché. Hablaba con serenidad, sin estridencia, diciendo cosas con racionalidad. Te hacía pensar, porque procuraba ir al fondo de las cosas. Tenía esa humildad llena que tienen los que se saben uno más, solo uno más, pero con un sentido en la vida, con mucho que aprender y que decir. Con mucha sabiduría, y hasta con humor, supo aceptar su cruel destino. Murió de cáncer. Él lo decía así, sin sinónimos blandos ni eufemismos. Ya no escucharemos su palabra calmada y llena, provocadora y útil. Murió ayer Ramón Lobo.
En Agosto, en MasticadoresFEM no nos vamos de vacaciones, antes al contrario, como es tiempo de relax y desconexión hemos pensado que es un buen momento para recuperar aquellos artículos que te quedaron pendientes de leer, o tal vez de localizar todos los que ha publicado tu articulista favorito. Y te los iremos ofreciendo a lo largo de todo el mes, para facilitarte la tarea, preparando entradas muy especiales donde podrás acercarte a cada protagonista y encontrar el listado desde el que acceder a todos y cada uno de sus artículos. Esperamos que lo disfrutes y que invites a otras personas a hacerlo con nosotras.
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Estamos viviendo una invasión de falsos sabios. Nadie habla de ellos: son ellos quienes hablan sin parar.
Un falso sabio es aquel que se deja llevar por sus intereses, por sus fobias o sus filias, por sus traumas o por el estado de su ego, pero sin que sus palabras vayan acompañadas de una lógica racional indispensable. En su lugar usan vicios lógicos, mecanismos que rechazará quien esté acostumbrado a un uso de la razón que todos puedan admitir.
Por ejemplo, son muchos quienes usan la inducción incompleta, aquella que de unos muy pocos casos observables, obtiene una norma general. Si alguien va a Andalucía, habla con dos andaluces graciosos (sea lo que sea esto de ser gracioso) y de esta observación induce que los andaluces son todos graciosos, estará efectuando una inducción incompleta. Incluso puede que algún andaluz avispado que lo oiga dude mucho de quien hable así. O, en el caso de los ladrones, no es lo mismo llamar ladrón a alguien que ha robado una vez, aunque no se sepan la circunstancias en las que ocurrió el robo, que llamárselo a quien roba sistemáticamente y hace de ello su estilo de vida. O, también puede ser, que no se lo llame a este último.
El falso sabio hace también un uso frecuente de mecanismos como el de la simplificación, o de la generalización, de la descalificación del otro, en lugar de rebatir sus argumentos con otros argumentos, del doble sentido y de los malintencionados sofismas, que buscan convencer con falsedades.
Estos vicios lógicos, junto al deseo de llevar la razón como sea, porque eso es lo que necesitan sus egos o sus intereses, hace que los falsos sabios se refugien en la lamentable norma neoliberal que dice que “Todo vale”.
Hay que estar muy atentos y descubrir a estos falsos sabios, que afloran tanto en televisiones como en bares, en periódicos como en tribunas civiles y religiosas, y que pronto se diferencian de la cordura de sus colegas más sensatos. Hay que guardar mucho silencio ante ellos para sobrevivir.
Es como si todo les diera igual, como si todos les diéramos igual. A mí esto me parece muy peligroso. Van por el mundo como si estuvieran solos, sin tener conciencia, al parecer, de que molestan, de que hacen daño. Solo les mueve lo suyo, pero tampoco algo que pueda ser importante para ellos, sino sus caprichos, sus impulsos, sus apetencias, y lo ejecutan de cualquier manera, como les salga. A veces un animal hace menos daño.
Hay un bar en el que todo lo que ponen es bueno, pero como es pequeño y acogedor, se ha instalado en él gente ya talludita que entablan conversaciones entre ellos a gritos. No puedes hablar, pero tienes que oír los chillidos, con frecuencia supuestamente graciosos, de quienes hacen un uso privado de un lugar público. No ven en el mundo a nadie más que a ellos mismos, y si hay alguien más, que se fastidie.
Te cruzas por una acera estrecha con algún elemento que actúa como si fuera el dictador de un lugar recóndito: no hace el menor ademán de compartir la acera, solo espera que te desintegres o que te quites de en medio para que pase él. O nadie les ha enseñado a convivir o no han logrado aprender a hacerlo. Quizás no tengan ningún interés en convertirse en seres humanos.
Hay un detalle que me resulta especialmente doloroso y que me enfada, quizás más de la cuenta. Son los estornudos. Por lo que se ve, llevar un pañuelo o un kleenex se ha convertido en algo absurdo e innecesario. Vi -tuve que ver- en un autobús a un tipo al que le entraron ganas de estornudar. Una y otra vez se tapaba la nariz con la mano, hasta que se le acabó la serie. Se paso la mano por el pantalón y, a continuación, la puso en el borde del asiento delantero. Luego, pulsó con ella el timbre de parada y se bajó. Sentí asco. Hoy iba yo por la calle sorteando grupos de personas que charlaban en la acera. De pronto veo que una señora de uno de esos grupos gira la cabeza y obsequia al mundo con un soberbio estornudo ¡a medio metro de distancia de mí!. Frené a tiempo, pero a la señora le dio igual. Pasé a su altura y, en cuanto la adelanté, soltó otro estornudo de la misma clase, sin mirar, sin ningún cuidado, como quien le suelta al mundo lo mejor que tiene. Me dio un asco tremendo y complejo, no solo por lo que pudo quedar en el aire, sino también por ver a un ser humano comportándose como si fuera un animal cualquiera.
Hemos pasado una pandemia terrible. Nos dijeron que había que estornudar contra un kleenex o contra el interior del codo. Nos avisaron de que no era bueno contagiar lo que lleváramos dentro. No aprendieron nada. Siguen tan embrutecidos como antes. Debe de ser muy difícil aprender a ser humanos. Parece más sencillo permanecer en estado animal. Qué bonita es la vida, pero el mundo, por estos y otros detalles, me da cada vez más asco. No sé si será posible a estas alturas suministrar una educación conveniente a los ciudadanos.
Tal día como hoy de 1917 nació Gloria Fuertes, autora de Historia de Gloria.
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La felicidad no se consigue buscándola. Para llegar a ella es necesario dar un salto en el vacío, que es difícil de realizar, pero indispensable. Se trata de olvidarse de la felicidad propia y procurar la felicidad del otro, de la otra, de los otros. Solo entonces, sin buscarla y como de rebote, puede aparecer en nuestra mente esa sensación de sosiego, de alegría profunda y contenida, de estar a gusto en el mundo, que es la felicidad.
Tal día como hoy de 1921 nació Alicia Morel, autora de Cuentos araucanos.
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Yo creo que han intentado que la gente trague un relato, un cuento, como lo único verdadero. Es una mentira interesada que intentan pasar como verdad. Ese relato consta de palabras, mentiras, inventos interesados, bulos, insultos de mal gusto, encuestas infladas, telediarios y mucha insistencia, todo ello adobado con los Principios de Goebbels ya explicados aquí. Con esto forman un cuento que la gente que vive del odio, de la codicia y que es poco dada a la reflexión y al entendimiento racional de la realidad, se hace un tatuaje en el alma y se creen que solo eso es lo que hay. Para muchos, este relato es contraproducente, pero el problema es que se lo creen, y los asuntos de fe son muy difíciles de quitar de ciertas mentes.
¿Por qué tienen que hacer este relato? Porque mucho de lo que defienden es impresentable: va contra un buen número de los votantes anestesiados con el relato, va contra los derechos humanos, va contra las personas, y se trata de que no se despierten y de que voten bajo los efectos del cuento.
Dentro del relato circulante hay un invento con el que nos reventarán los oídos ahora. Creen, porque les interesa, que deben gobernar ellos por ser la lista más votada. Esto no lo han aplicado cuando no les ha interesado, pero ahora sí les interesa y ya están dando la matraca. Pero lo que defienden no lo dice la Constitución (ya se sabe que el cumplimiento de las leyes no es su fuerte). Esto es una democracia parlamentaria. No elegimos a un presidente, sino a unos parlamentarios. Estos se pondrán de acuerdo para poder gobernar, y lo hará el primero de la lista más votada u otro de la lista que acuerden. De esto se trata. Lo que defienden ahora -porque no les queda otra y no les importa que sea ilegal- es propio de regímenes presidencialistas o dictatoriales, pero no de una democracia parlamentaria. Pero estos señores y señoras son duros de mollera, parcos en moral y blandos de intereses, por lo que seguirán dando la tabarra con lo de la lista más votada.
Es ridículo, impropio de un presidenciable, ver a un señor insistir por balcones, micrófonos y cámaras recitando la parte del relato inventado que dice: “Quiero ser presidente, ea, ea, ea”.
Estoy discretamente feliz y muy esperanzado en que se pueda reeditar un gobierno de coalición de progreso en España.
Me parece de mal gusto que unas encuestas claramente manipuladas -lo ha dicho Abascal, y lo habrá dicho por algo- hayan hecho aparecer a un personaje grotesco, mentiroso y vacío de humanidad, como el Sr. Feijóo, y que nos hayan producido a los demás más ansiedad de la debida. Debemos aprender a gestionar los datos que ofrecen los medios de derechas, a no ver los informativos de televisión y a no alarmarnos antes de tiempo.
Al Sr. Feijóo no le puedo felicitar más que fría y protocolariamente, si es necesario, porque, como ha dicho en el discursito absurdo que ha dado desde la calle Génova, lo que le preocupa es que en España se pueda invertir bien, cosa que seguro que no le deja dormir, sobre todo, a los más necesitados.
Me preocupa que más de ocho millones de personas hayan intentado que este personaje incapaz nos gobierne a todos. Me preocupa que esas mismas personas se hayan creído las mentiras que este personaje pregonaba, que se hayan tragado felices los bulos malintencionados que emitían, que no hayan tenido la sensibilidad necesaria para preservar una sociedad humana y democrática. Creo que hay que cuidar la educación y la cultura de todos, porque el peligro sigue estando ahí.
Por último, quiero dar las gracias al presidente Sánchez y a su Gobierno por la labor que han hecho estos años, felicitarle por los resultados obtenidos y desear, por el bien de todos, de todos, los ciudadanos, que puedan seguir gobernando, al menos, cuatro años más.
No estoy en situación de escribir demasiado, pero, dado que este domingo hay elecciones y que considero un deber moral ir a votar de la manera más consciente posible, me gustaría dejar aquí mi punto de vista, simplemente por si leerlo le sirve a alguna persona.
Para mí es incomprensible que, con los avances económicos, sociales y políticos que han tenido lugar en el país durante la última legislatura, muchos ciudadanos quieran darse un tiro en el pie y prefieran retroceder hacia peores condiciones económicas, sociales y políticas. No sé qué sentimientos -o qué mentiras- les habrán metido en la cabeza para que deseen votar con tanta furia contra sí mismos. Salvo los muy ricos y los fascistas, todos los demás saldremos perdiendo -los que voten a las derechas, los que lo hagan a las izquierdas y los que no voten o emitan un voto nulo- si ganan las derechas.
Yo quiero un país en el que todos los ciudadanos puedan tener unas condiciones económicas y sociales mejores, especialmente quienes más lo necesitan. Que las condiciones laborales mejoren, que los sueldos vayan subiendo, así como las pensiones, pero no un 0,25 %, sino lo que sea necesario para que no se pierda valor adquisitivo. Desearía un país en el que la sanidad y la educación estuvieran al servicio de todos los ciudadanos, y no fueran consideradas básicamente como negocios. Me gustaría mucho que todos entendiéramos la necesidad de pagar unos impuestos justos, especialmente quienes más tienen, con los que poder hacer una sociedad más justa y equitativa. Quisiera un país en el que se fomentaran las artes, no que se prohibieran sus manifestaciones, que la cultura se fuera haciendo más humana y no más cavernícola. Sería muy gozoso un país en el que las mentiras, la ignorancia y las burdas manipulaciones estuvieran mal vistas, y que todos aspiráramos a ser veraces, a salir de la ignorancia mortecina, a convertirnos en seres maduros con criterio, a defender las libertades, las igualdades y la justicia, o sea, la democracia. Exigiría a todos los ciudadanos, a los que ganen y a los que pierdan, que nos respetemos todos, pero que especialmente respetemos a las mujeres, contra las que se están realizando tantos crímenes: el crimen de maltratarlas, el crimen de explotarlas, el crimen de querer negar la existencia realísima de la violencia de género, el crimen de asesinarlas y ni siquiera condenar esos asesinatos, el crimen de negarles sus derechos como seres humanos que son. Quisiera también que dejaran vivir a quienes tienen identidades de género distintas de las tradicionales. Nadie es quien para no dejar vivir a cada cual como quiera, con tal de que no haga daño a los demás. Y que no nos olvidáramos de los migrantes, de las personas que más dificultades vitales tienen para poder vivir como personas, de todos los que son diferentes de los poderosos o de quienes quieren detentar el poder, sin explicar muy bien para qué.
Un país bueno, que aspire a ser mejor, lo tenemos que construir entre todos y para todos. Por eso les digo a quienes lean esto, con toda la sencillez y la humildad que puedo tener, que piensen en los demás, no solo en sí mismos, que voten el mundo que crean que es mejor, pero que no se queden en casa, porque eso sería responsabilizarse de una posible situación contra la que no han hecho nada. Este domingo hay que defender lo más importante de todo lo que tenemos: nuestros derechos y los de todos. Hazlo, por favor, aunque solo sea por que no te tomen el pelo. Gracias.
Tal día como hoy de 1945 murió Paul Valéry, autor de El cementerio marino.
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