Qué complicado resulta escoger, a veces. ¿Cuál es la banda sonora de tu vida?, ¿a qué edad volverías?, ¿qué te llevarías a una isla desierta?, ¿a quién quieres más, a papá o a mamá? Para mí, últimamente, las respuestas oscilan entre el silencio y una sonrisa incómoda. ¿Por qué elegir, si hay opciones compatibles? Recuerdo que, hasta los treinta, mi película preferida era “Doctor Zhivago” (Lean, 1965). A medida que han pasado los años, mi lista se ha engrosado notablemente. Acaso, ¿denota inseguridad? No, no lo creo. Simplemente, uno valora en función de múltiples criterios y no en base a un canon estricto...
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