Pero creo que no se trata de atraer hacia ti a la persona abrazada, sino justamente lo contrario. Es más bien ofrecerte tú, hacer que la otra persona se sienta querida por ti, mostrarle tu cariño dándole tu cuerpo como símbolo de que la quieres.
Lamentablemente no estamos acostumbrados a abrazarnos. Algunas personas lo rechazan, quizás por su aspecto corporal, físico, o puede que por algún prejuicio educacional que le impida mostrar o recibir afectos. Pero el abrazo es un símbolo grandísimo de humanidad que debería ser mucho más frecuente de lo que lo es en nuestras vidas.
Muchos abrazos iniciados por mí han recibido una acogida fría, distante e incluso han sido casi rechazados. Cada vez entiendo menos esto. En un abrazo está mi yo. Si no quieres que te abrace, ¿qué puedo pensar de ti?
En el fondo, si no nos abrazamos más, es que nos queremos menos. Y esto sí que no es bueno.