Tal día como hoy de 1912 Thomas Mann publicó su novela La montaña mágica.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
La cultura hace aguas. Una cosa es la instrucción, el saber cosas, el saber geometría, historia del arte o hacer una carretera. Otra distinta es la cultura, el saber vivir, el actuar como un verdadero ser humano capaz de vivir con todos sin faltarle al respeto a nadie.
Todos se fijan en la instrucción, pero pocos se molestan en considerar la cultura.
Los padres y madres traen hijos al mundo, pero muchos no los cultivan, no los hacen cultos. No les suele preocupar el asunto, porque están a otras cosas.
La escuela se dedica sobre todo a la instrucción. Las materias que podían cultivar, culturizar, a los alumnos fueron desapareciendo de los currículos, aunque ahora quieren volver de la mano de una ley que la derecha ha recurrido, claro.
Somos animales llamados a cultivarnos, a convertirnos en seres cultos, para que podamos vivir humanamente entre todos basándonos en el respeto, la libertad, la igualdad y en todos los valores que la humanidad ha ido descubriendo en el tiempo para crear un mundo mejor. Si no nos cultivamos, nos quedamos en el estado de animal, aunque tengamos forma exterior humana.
Cuando en un estadio se insulta a un futbolista, como si eso fuera algo normal y aceptable, cuando en el Parlamento se miente y no se intentan arreglar los problemas de todos, sino los propios, cuando se discrimina con una facilidad que nos deja perplejos, cuando se asesinan a mujeres por el hecho de ser mujeres, cuando se comercia con todo, cosas y personas, cuando solo se publican las noticias que les interesan a los económicamente poderosos, cuando los bulos llenan la mente de tantas personas débiles, cuando usan el dinero público para beneficiar a sus amiguetes y, encima les aplauden los dueños de ese dinero, cuando la vida de nadie vale ya nada, entonces es que estamos de nuevo muy cerca del estado de animalidad.
Desgraciadamente, no tengo ninguna esperanza de que haya mejoría.
Tal día como hoy de 2018 murió Alexander Pope, autor de Selected Poetry.
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Tengo la impresión de que en este país las mentes envejecen mucho antes que los cuerpos. Es necesario un ciclón de aire fresco, de vida amable, de alegría colectiva, de ilusión visible, de ganas de vivir en un mundo bueno.
Iba yo a comprar el pan cuando una señora, de mediana edad y que resultó ser de la Edad Media, aguantaba desde dentro la puerta de entrada a la panadería, como si en algún momento fuera a salir. Vio que yo quería entrar y soltó la manija, pero no se quitó de la puerta, por lo que me fue un poco difícil acceder al interior. Ya dentro pude oír que le estaba contando al panadero que en Europa las cosas iban muy bien, pero que, en cambio, aquí en España no hacíamos otra cosa que pagar impuestos. Como la afirmación me pareció propia de una persona mal informada (no sé qué haría si viviera en los países nórdicos) y tendenciosa, le dije:
-Perdone, señora, ¿prefiere usted no pagar ni un euro de impuestos, pero renunciando a tener sanidad pública gratuita, educación pública gratuita, a pasar con su coche por toda carretera que esté asfaltada, a transitar de noche por cualquier calle que esté iluminada, a usar el agua del grifo o la electricidad, a comprar cualquier cosa, a poder tirar la basura al contenedor, a todas las mejoras que se hagan en su ciudad y a tener una pensión cuando se jubile?
La señora me miró con unos ojillos que se le querían salir de sus órbitas, apretó las mandíbulas, con los labios puso cara de asco o de odio, no sé, salió de la panadería y se despidió dando un sonoro portazo.
Me quedé sin saber si en realidad quería pagar impuestos o no.
Observo sorprendido e incrédulo la existencia de personas que van por la vida sin darse cuenta de la presencia, creciente y por doquier, de los tontos obstinados, de los gilipollas. Van vestidos de personas normales, pero llevan su sello en la cara, en sus gestos, en sus actos y en su presencia.
(La fotografía que añado es del inteligente y ameno libro de Carlo M. Cipolla, Allegro ma non troppo, en donde se habla con mucha claridad y amenidad del tema).
Escucha.
Es la forma más cercana que tienes de aprender, de ser más, de humanizarte.
Es la manera más respetuosa de relacionarte con los demás.
Escucha al otro, a los otros.
Son tan seres humanos como tú, y si te hablan con el respeto propio de los seres humanos, debes escucharlos.
Plantéate si debes escuchar a quienes militan en la ignorancia,
a quienes quieren imponer la mentira,
a quienes juzgan a los demás sin conocer sus circunstancias,
a quienes no razonan lo que afirman y van pidiendo que creas en sus palabras huecas,
a quienes piensan, hablan y actúan como si no hubiera nadie más que ellos en el mundo,
a quienes ponen el yo muy por encima del todos,
a quienes no quieren la paz real, sino su propia tranquilidad y la de su tribu,
a quienes odian y promueven el odio y nada más que el odio.
A todos estos, que solo van a lo suyo, si es que los escuchas, te sugiero que no les hagas caso.
En cambio, escucha atentamente a quienes dan muestras evidentes de buena voluntad,
a quienes promueven un mundo mejor para todos,
a quienes hablan de igualdad, de libertad, de justicia,
a quienes hablan desde la pobreza, desde la impotencia, desde el lado bajo de la desigualdad,
a quienes no defienden sus intereses particulares,
a quienes quieren dialogar y no imponer sus criterios a los demás,
a quienes no te parezcan más listillos, sino más inteligentes que tú,
a quienes hayan dado muestras de generosidad, de nobleza, de comprensión,
a quienes dan más de lo que piden,
a quienes ofrecen esperanza,
a quienes son víctimas de la discriminación, de la desigualdad, de la exclusión, del abuso, de la explotación y de la deshumanización.
Ellos sí tienen algo que decirte, aunque no pronuncien palabra alguna.
Hay una sordera voluntaria que va aumentando por todas partes.
Esto hace crecer el grito, el gesto aparatoso, la expresión exagerada, pero va muriendo en silencio la palabra sosegada, el diálogo tranquilo, la conversación llena, la relación rica y la escucha.
Si hay una persona importante, indispensable, en la vida de cualquier ser humano, esa persona es la madre. Por eso, con cariño, le deseo a todas las madres que lean esto un día y una vida llenos de buenos momentos, de alegría y de amor.
Aunque el origen de este Día de la Madre es comercial, creo que conviene, como en cualquier “Día”, reflexionar un poco sobre en qué consiste ser madre y si hay que prepararse o no para ser madres.
Ya ha nacido el bebé. Es un ser humano pequeñito, encantador y absolutamente necesitado de cariño y de atenciones, sin las que sería imposible que viviera. Yo, si fuera madre o quisiera serlo, me plantearía algunas preguntas. Por ejemplo, lo tengo que educar, porque todos nacemos “en bruto” y tenemos que aprender y acostumbrarnos a vivir en sociedad como seres humanos. Y eso ¿cómo se hace? ¿de cualquier manera? ¿lo hacen ellos solos? ¿hay que conocer cómo evolucionan los niños para poder tratarlos adecuadamente en cada momento? ¿hago yo con mi hijo lo mismo que hizo mi madre conmigo hace ya unos cuantos años? ¿lo acostumbro a razonar o le dejo hacer lo que le apetezca? ¿le hago ver desde pequeño que todos somos iguales y que no hay que discriminar a las chicas o creerse superior a ellas? ¿les regalo muñecas a las niñas y camiones a los niños? ¿los visto de rosa y azul? ¿le acostumbro a creer que ser libres es hacer lo que a cada uno le dé la gana o que consiste en ser capaz de hacer lo que en cada momento “debe” hacer? ¿lo llevo a la iglesia para que lo adoctrinen allí o espero a que sea mayor y que vaya él o ella si quieren? ¿lo llevo a una escuela en la que le hablen de la realidad o solo de una parte de la realidad? ¿cuido su sensibilidad? ¿le muestro valores positivos, humanos, que crean un mundo mejor, o dejo que haga lo que quiera? ¿leo para que lea o estoy todo el día con el móvil para que luego lo estén él o ella también? En fin, que ojalá el día de hoy transcurra en un intercambio alegre de amor entre madres, hijos e hijas, pero que en algún momento de algún día, hagamos el muy humano acto de racionalizar lo que hacemos.
A ningún centro comercial se le va a ocurrir crear el “Día de los hijos”, porque no les sería rentable. Pero los hijos también deberían razonar sobre cuál es su papel y su actitud en su relación con una persona que les dio la vida y el amor necesario para sobrevivir.
Tal día como hoy de 1862 murió Henry Thoreau, autor de Caminar.
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Tal día como hoy de 1939 nació Amos Oz, autor de No digas noche.
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