Tal día como hoy de 1925 F. Scott Fitzgerald publicó El gran Gatsby.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
Astorga existe desde hace unos 2.000 años. De tanto tiempo de vida han quedado en la ciudad restos de calidad: algunas construcciones interesantes, ciertas tradiciones dignas de vigencia y bastantes templos. Algunos de estos albergan magníficas obras de arte religioso, la mayor de las cuales es el impresionante retablo mayor de la Catedral, obra maestra de Gaspar Becerra, que merece ser visto con el detenimiento necesario para que produzca en quien lo mire todo el gozo que encierra.
Hay también en Astorga otros templos bastante más modernos, con mucho arte, pero de orientación más mundana. Uno de ellos, que sería el equivalente en excelencia a la Catedral, es el bar y restaurante AIZKORRI, situado en la Plaza Mayor. Gaspar Becerra no pudo estar aquí para comprobarlo, por razones evidentes, pero sí lo han hecho Fede Gómez, magníficamente complementado por Diego San Martín, a los que se unen Patri y, de vez en cuando, Lucía. Todos ellos, junto con un eficaz, cordial y dispuesto equipo de camareros y cocineras, hacen del lugar una especie de templo laico, en donde no hay santos ni retablos, pero al que hay que acudir para adorar unos vinos de calidad, bien guardados y bien servidos, cervezas variadas o vermuts de diferentes procedencias. Con cualquiera de ellos te ofrecen unos aperitivos de chorizo, croquetas, calamares o unas patatas de la zona bien fritas.
Si quieres profundizar en la experiencia y venerar otras virtudes, puedes degustar alguna de las variadas ensaladas que te ofrecen, una cecina habitualmente bien curada y bien rica o unos huevos rotos en sartén con variadas compañías. O puedes también alegrar el espíritu con unas zamburiñas a la vasca, abandonar tu alma a unas tiras de secreto ibérico, hacerle una reverencia a un cachopo o dejarte arrastrar por un pulpo, unos chipirones a la plancha o unas puntillitas que te hacen creer que estás en algún templo andaluz.
Y como último acto de culto gastronómico, puedes tomarte una copa de buen whisky o un gin tonic bien preparado. Saldrás bien comido, bien bebido, bien atendido y a gusto.
Estoy un poquito harto ya del uso que algunas personas, especialmente aquellas que creen poseer toda la verdad, hacen de un valor tan importante como la empatía. Tener empatía consiste en ponerse en el lugar de otra persona, intentar vivir lo que está viviendo y escuchar el mensaje vital que te está transmitiendo. ¿Para qué? Para comprenderla mejor, para interpretar más certeramente lo que dice y hace y para procurar ayudarle de la mejor manera posible. Lo que me fastidia de ciertos listos de esta sociedad es que te exigen ser empático con ellos, pero no para que los comprendas y les apoyes emocionalmente, sino para que, una vez puestos en su lugar (por cierto, rara vez ellos se ponen en el tuyo), te enteres bien de lo que ellos hacen y te sientas en la obligación de hacerlo tú también. Para estos personajes, la empatía es una trampa, de nombre muy bonito y actual, en la que debes caer y así doblegarte a sus intereses. Si no lo haces, te puede caer encima una serie de improperios que es mejor no escuchar. Ellos tienen derecho a ser como son; tú, mediante la empatía, tienes la obligación de ser como ellos. ¡Vaya maneras de tapar la soledad!
No sé si será la calidad del sueño, o encontrarse un sol radiante por la ventana o una sonrisa esperanzadora en la primera persona que ves. No sé si será la temperatura, la noticia que comenta la radio, el poema que acabas de leer, la música que has puesto o no acordarte de todo lo que merece ser olvidado. El caso es que hay días que te levantas y vives el vivir como una obligación, porque el apetito te invita con insistencia a volver a la cama. Otros, sin embargo, sales a la vida sosegado, con ganas de quedarte en el mundo mundeándolo más, de ver lo que hay, de disfrutar del canto amable de los pájaros, de sonreír a cualquiera, de crear una comida sorprendente o un plan que llene el día de experiencias nuevas, de aprendizajes gratos, de optimismo vivificador. Son días para prescindir de los odiadores profesionales y aficionados, de los que optaron por la deficiencia mental voluntaria y de considerar a todos los demás. Son días para pertrecharse de sonrisas, de ganas de crear cualquier cosa buena, de dar abrazos, incluso de aguantar, si no hay más remedio y sirve de algo. A ver lo que dura.
Tal día como hoy de 1922 nació José Hierro, autor de Antología poética.
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El diario El País de hoy, en su suplemento de Negocios, incluye una muy interesante serie de reportajes sobre “Las manos que controlan el mercado del arte”. En ellos encontramos algunas ideas muy interesantes que pongo aquí para una posible reflexión.
Manuel Borja-Villel, hasta hace poco director del Museo Reina Sofía, recuerda una frase del canal estadounidense ultraconservador Fox News: “A los espectadores no hay que hacerles pensar, sino sentir”. ¿Qué te parece esta idea, estimado lector? Borja-Villel señala que ”se trata de la visión que propone la extrema derecha, pero el arte o la literatura defiende que la emoción sea reflexiva y crítica. Es lo que quieren robar; el gran enemigo que debemos combatir”.
Por su parte, Silvia Dauder, galerista de ProjecteSD, recuerda una expresión del escritor Milán Kundera: “El hombre no puede saber qué quiere en la vida, porque no tiene vidas pasadas para compararlas ni vidas futuras para enmendarla”. Silvia Dauder no está de acuerdo con esta idea, ¿y tú?
Días pasados, Javier Aroca, uno de los mejores comentaristas de la radio de este país, llamó a la actitud de Ana Obregón comprando un bebé gestado en un vientre distinto al suyo “para no estar sola nunca más” una mascotización de los bebés.
Creo que tal calificación es muy acertada. Se acepta tener un perro para que te acompañe, te obedezca, te haga monerías o vete a saber para qué. Esa actitud se está extendiendo a los bebés, a los niños y niñas, a los hijos e hijas y a todo el que alguien pueda situar en un escalón inferior al suyo. No solo es un signo de impotencia y de incapacidad de quien compra o trata así a alguien, sino una utilización de un ser humano, al que se le desprovee de un futuro sensato para dotarle de un presente carente de ética y, por tanto, de humanidad. Un disparate.
Tener hijos no es obligatorio. Cuando veo a chavales jóvenes, por la calle o por la escuela, desenvolverse a gritos, sin cuidado, sin respeto; cuando observo la actitud de algunos padres que, en su presencia, permiten que sus hijos tengan un comportamiento maleducado, casi salvaje, me pregunto ¿para qué trajeron a estos seres humanos a este mundo? Un ser humano no viene ya hecho, terminado: hay que educarlo, cuidarlo, quererlo, orientarle, decirle lo que se debe y lo que no se debe hacer, enseñarle a ver el mundo, a respetarlo todo y un montón de cosas más. Parece que a estos padres les basta con darles de comer. Pero los hijos de pequeños eran tan ricos, tan simpáticos, se jugaba tan bien con ellos... ¿no eran también como mascotas?
Me pregunto si no se está blanqueando en muchos casos las mascotización de los bebés, desconociendo, una vez más, todo lo que debe venir después.
"Durante mucho tiempo los investigadores han considerado solo los aspectos masculinos, despreciando los propios de las mujeres. Recuérdese el clásico ejemplo de los síntomas del infarto de miocardio, que son tan diferentes en los varones y en las mujeres, y que muchas mujeres (y varones) desconocen, como si los de los varones fueran universales. O la ausencia de mujeres en los libros de texto de historia de la filosofía, o en manuales de sociología o de antropología."
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Tal día como hoy de 1844 nació Paul Verlaine, autor de Poesía.
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Tal día como hoy de 1091 murió Wallada Bint Al-Mustakfi, autora de La última luna.
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Ser culto es cumplir las normas adecuadas para vivir como un ser humano y crear así un mundo en el que todos podamos vivir libres y con iguales derechos.
Ser inculto es no cumplir las normas adecuadas para vivir como un ser humano y renunciar a crear un mundo en el que podamos vivir libres y con iguales derechos.
Ser aculto es situarse al margen de las normas, vivir sin normas, sin preocuparse de si vive como un ser humano o no y traerle al fresco si se crea un mundo mejor o peor.
Creo que lo que va creciendo en nuestra sociedad es la acultura.