sábado, 6 de julio de 2013

Buenas noches. Más acá de las apariencias




El engaño de las religiones creo que consiste fundamentalmente en presentarnos la vida como una especie de negocio establecido con la divinidad de turno, que nos va a aportar el beneficio de un mundo nuevo, celestial, en un más allá imaginario.

Cuando la educación se tiñe de religión, se nos acostumbra a creer que el gran futuro está allá arriba, como un regalo imprevisto que se nos dará y no como el fruto de nuestras intenciones y de nuestro trabajo. Nos creamos así un mundo imaginado, independiente de nosotros, situado más allá de las apariencias. Estos mundos celestes son muy improbables, porque suelen ser frutos de la imaginación y de la debilidad para vivir con valentía.

Hay, sin embargo, otros mundos reales, que no están 'más allá' de las apariencias, sino 'más acá'; que no están 'allá arriba', en no sé qué cielo, sino 'aquí abajo', en esta Tierra. Son los mundos de carne y hueso que no se ven, pero que existen. Y existen con mucha más fuerza, mucha más tragedia y mucho más sufrimiento que esas normalidades más o menos habituales que nos muestran las apariencias y, particularmente, la televisión. Son los mundos del hambre de los niños, de la ausencia de medios para vivir humanamente, de las mujeres maltratadas por un injusto machismo individual y estructural, de la falta de educación y de sanidad, de la infravida de los que viven como seres infrahumanos.

Si queremos ser conscientes de lo que significa vivir, creo que tenemos que ir dejándonos ya de mirar hacia las alturas y dedicarnos a contemplar lo de verdad hay por debajo de las apariencias. Es posible que no nos guste lo que encontremos, pero la vida tiene de todo y mirar para otro lado nunca fue una actitud demasiado humana.

Acuérdate de todos y de todas esta noche. Vacía tu cariño en la fresca nube que les rociará. Buenas noches.

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