Tal día como hoy de 1866 nació Voltairine de Cleyre.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
Haz lo que te dé la gana, pero para llenar bien el día de vida no tienes que hacer nada extraordinario. Sí algo que te guste, con lo que disfrutes, aunque lo importante es que lo hagas con cariño, con interés, haciéndolo bien, como si fuera lo último que vas a hacer en la vida.
El blog MasticadoresFEM publica hoy mi artículo La Igualdad entre hombres y mujeres / y II.
Puedes leerlo pulsando aquí.
Quiero manifestar mi apoyo y defensa de la sanidad pública.
Mis argumentos son:
La salud es un derecho humano (art. 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos), tanto en su aspecto físico como mental.
Por tanto, todos, no solo quienes puedan financiarse una atención sanitaria privada, tienen derecho a que el Estado cuide de su salud.
La salud es un derecho universal y, en un mundo dominado por la desigualdad económica, debe ser gratuito. Por eso hay que pagar impuestos, y que paguen más quienes más tienen.
Si alguien, autoridad o profesional, le niega la atención sanitaria pública a algún ciudadano, debería ser perseguido por la justicia.
No se puede confundir un derecho humano con un negocio.
Sí a la sanidad pública, universal y gratuita.
Vivimos el triunfo del corto plazo, de lo inmediato, de lo que causa placer y lo causa ya. Lo demás puede que exista, pero como si no. Se le ningunea y ni se le mira. Está de moda la chatez mental y nadie se atreve a mirar más allá de sus narices, no sea que vea algo que le altere su equilibrio plano.
Miro a la gente por la calle. Unos centrados en lo que oyen por los auriculares que llevan en las orejas. Otros concentrados en la pantalla del móvil, como si de un momento a otro fuera a aparecer en ella el secreto más buscado. Otros atienden a los dos reclamos a la vez. Da igual que pasen por un árbol sumido en la belleza del otoño, por un jardín pleno de flores primaverales o por un pobre hombre que duerme aterido por el frío de la noche. Lo que vale es lo que sale por el móvil, lo último, lo que reclama la atención con urgencia.
Invitas a comer a casa a unos amigos. Se sientan en donde hay cuadros, algunos de una belleza reconocida. Da igual: no los miran. Hay libros en diversos lugares. Es lo mismo: no les interesan. No preguntan qué estás leyendo. Tampoco ellos leen nada. Se preocupan por el placer, por la diversión, por lo que tienen entre manos en esos momentos. Más allá no hay nada. El arte está más allá, pero en el lugar en el que no se mira. El pensamiento está más allá, pero en el sitio al que no se sabe ir. El sentido está más allá, pero lo que les importa está más acá, en la superficie de una pizza, en el interior de una hamburguesa o en alguna pantalla. Y nada más.
Conviene que cada uno tengamos nuestras propias ideas, racionalmente argumentadas, dialogadas y confrontadas con quienes no piensan como nosotros. Pero nuestras ideas, por ser nuestras, no deben ser consideradas las únicas posibles, ni las que todo el mundo debe tener, ni, mucho menos, las definitivas. Estas peligrosas aspiraciones se derivan de esa educación cercana al fascismo que se nos coló en la escuela y en la familia por muchos resquicios. Tan importante como tener ideas argumentadas y debatidas es mantenerse abierto a lo nuevo, a lo diferente. Estas son las mayores fuentes de riqueza que nos propone la vida, pero también las ocasiones de recobrar la frescura, la alegría y la esperanza. Solo hay que tomar una precaución: lo nuevo, por ser nuevo, no vale nada. Mientras no lo pasemos por el filtro de la razón y sepamos descubrir en ello la nueva idea válida, que mejora las que ya teníamos, lo nuevo no será nada más que algo nuevo, pero no necesariamente bueno.
Pasaron los años. Un día se dio cuenta de que había estado siendo engañado desde el principio. El partido que le interesaba -porque le habían enseñado a odiar a los otros- le había estado ocultando la realidad y, en su lugar, le había mostrado unas milongas inventadas, unas mentiras fabricadas en beneficio exclusivo de los dirigentes del propio partido. Le habían estado utilizando a través de la televisión, de casi toda la prensa y de casi toda la radio, como quien utiliza una herramienta o adoctrina a un esclavo. Él había aceptado porque, en su ignorancia, se había creído que los adversarios -que el veía como enemigos-, en lugar de mejorar sus condiciones de vida, que era lo que hacían, le iban a traer todas las desgracias posibles. Cuando cayó en la cuenta de que había sido un don nadie en manos de los ricos que dirigían la operación, entró en escena su orgullo y se negó a reconocerlo. En lugar de buscar información sana y ajustada a los hechos, comenzó a mirar para otro lado y a decir que total todos eran iguales, aunque él ya sabía que no era así. La tristeza se apoderó de sus días y la soledad lo encerró en su propia cárcel.
Me gusta vivir cada suceso, cada acontecimiento, cada pequeña o gran ocasión, con toda la intensidad que pueda poner en el presente, pero también imaginando cómo lo recordaré en un futuro, cuando ya no estén algunas de las personas que ahora forman parte de la situación.