Tal día como hoy de 1895 nació Susanne Langer.
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El problema fundamental de la vida es un problema ético. ¿Cómo actuar hoy para crear un mundo más humano? ¿Cómo actuar de manera humana para crear un mundo mejor?
Un nuevo día. Otro regalo de la vida. Ahora solo falta no quedarse parado viendo pasar el tiempo, sino montárselo de la mejor manera posible para que resulte un día bueno y agradable para uno mismo y para quienes nos rodean. Estar acostumbrado a saber hacer eso no es otra cosa que tener cultura. Suerte.
Siempre consideré al médico como una persona respetable, como un trabajador importante porque era depositario de un saber que no solo te podía curar una enfermedad, sino que te podía salvar la vida. De hecho, ambas situaciones las he vivido en mi propia existencia.
Sé que no todas las personas piensan así. Pronto empecé a oír casos de agresiones a médicos a manos de gente que se creía poseedora de toda la verdad y de toda la razón. Incluso conocí el caso de un paciente con un peso tan excesivo que le estaba dañando su salud, al que un médico, también grueso, le recomendó adelgazar. El paciente se lo tomó como una afrenta personal. Su orgullo no le permitió admitir que un médico grueso le mandara adelgazar y reaccionó insultándole y pegándole.
Creo que el maltrato a los médicos es un comportamiento propio de personas incultas, que aman poco a la humanidad, que no tienen clara la idea de respeto y que muestran poca consideración con el que sabe. De personas que deberían pasar por un nuevo proceso de educación, porque el que tuvieron no les produjo los efectos deseados. Hay que tener cuidado, como de hecho lo tienen los médicos, con estas personas.
Lo que ha contribuido a bajarme aún más la moral, lo que me ha indignado sobremanera y me ha hecho perder la esperanza en un mundo mejor es comprobar que personas de este estilo, incultas e indeseables, han llegado al gobierno de la Comunidad de Madrid y se han instalado allí para hacer fundamentalmente sus negocios con cualquier asunto y maltratar a médicos, a ciudadanos y a todo el que se interponga en sus planes sin el menor cargo de conciencia.
Hay médicos encerrados, en protesta por su situación, en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Al parecer no les permiten ni que les lleven comida. Me parece un trato similar al que recibieron los ancianos de las residencias durante la Covid.
La situación exige una solidaridad que no puede acabar en las palabras.
Un símbolo es una realidad, normalmente física, cuya presencia nos remite a otra realidad, que puede ser de un orden distinto. Por ejemplo, una bandera es el símbolo de un Estado, de un club deportivo o de una hermandad de feligreses. O el color morado, que es el símbolo del movimiento feminista.
Tengo la impresión de que actualmente los símbolos están cobrando más importancia que aquello que simbolizan.
Por ejemplo, como símbolo de un Estado, una bandera representa a los ciudadanos, al territorio en el que viven y a las instituciones que existen en él. Lo que me parece es que hay personas que no se emocionan demasiado con los ciudadanos ni con las instituciones. Quizás algo más con el territorio, pero lo que les hace sentir de verdad “algo” es la bandera.
Con la Navidad ocurre algo parecido. Aquí los símbolos son las luces, el nacimiento o belén, el árbol, las comidas y cenas, las fiestas, papá Noel, los Reyes Magos y los regalos. Todos ellos nos remiten, desde el punto de vista religioso cristiano, al nacimiento de un niño que era dios y que vino a traer un mensaje. Pero ¿qué parece hoy más importante, el mensaje o las luces y los regalos, es decir, los símbolos?
Hubo un tiempo en el que el cristianismo le dotó de un carácter religioso a las fiestas paganas. Las Saturnales romanas, días de exceso y desenfreno, que habían sucedido a las fiestas de fin de año que se celebraban desde unos dos mil años a.C., fueron sustituidas por las celebraciones de la Navidad, también con fiestas, aunque de menor intensidad que las anteriores. Hoy posiblemente hayan vuelto a prevalecer las fiestas -los símbolos- por encima de lo que provoca esas fiestas -el mensaje.
Los símbolos se han hecho fuertes en la actualidad, pero se han quedado algo vacíos, desligados de lo que en un momento dado originó que surgiera el propio símbolo. Las banderas se han separado de la vida concreta de los ciudadanos y de las instituciones. Las luces se han apoderado de las ciudades y se han olvidado del mensaje de la Navidad, hasta en su diseño. Me parece un poco raro, un poco desasosegante todo esto, no porque no se tenga en cuenta el mensaje religioso, que me da igual, sino porque me parece que se ha perdido la costumbre de preguntarse el porqué, la causa de lo que ocurre.
Para aprender hay que desaprender mucho de lo aprendido antes. La tarea de desaprender dura toda la vida. La de aprender, también. La vida de una persona seria es un continuo y razonado quitar y poner. La de una persona poco seria es la de limitarse a reproducir lo recibido.
Berna González Harbour le hacía ayer una entrevista en El País al filósofo José Antonio Marina y la titulaban con una frase del propio filósofo: Que se haya puesto de moda la felicidad es catastrófico.
Creo que es un tema que duele, porque en este mundo tan hostil que estamos creando entre todos, aunque unos sean más activos que otros, nos vemos obligados a sobrevivir, a buscar un refugio, a caer en las esclavitudes que nos presentan o a intentar liberarnos de ellas, según la sensibilidad de cada cual. Dicho con otras palabras, la vida parece que nos empuja a encontrar la felicidad por encima de cualquier otro objetivo y sin que importe demasiado la manera según la cual se consiga. La felicidad no me parece que sea exactamente una moda, como dice Marina, sino, más bien, una necesidad vital que la sociedad neoliberal en la que deambulamos nos impone.
Si observamos lo que hacen y dicen los ciudadanos de hoy, podríamos estar de acuerdo en que la felicidad es la meta que quieren conseguir. Pero podríamos preguntarnos si esto “debe” ser así, si hemos venido a este mundo para ser felices y si este es el objetivo más importante que debemos conseguir.
Muchas personas contestarán, sin duda, que sí, pero me gustaría dejar algunas preguntas abiertas para que quien quiera intente contestárselas. Por ejemplo, ¿esto no desembocaría en una actitud de violencia, en la que regiría la ley del más fuerte? Por ejemplo, el rico quiere ser feliz teniendo mucho dinero, cuanto más, mejor; para ello tiene que explotar al pobre, que también quiere ser rico y quiere tener dinero, pero el rico le deja tener muy poco, con lo que tiene que conformarse con ser solo “un poco” feliz. ¿Es esto lo justo y lo que realmente queremos: la guerra permanente para conseguir la felicidad?
Le preguntaron al exfutbolista Jorge Valdano qué había experimentado cuando, en el campeonato mundial de fútbol de México, en 1986, marcó el gol que le dio el triunfo en la final a Argentina. Valdano dijo que la felicidad venía de la satisfacción del deber cumplido. Veo, por otra parte, que hay personas que buscan ansiosamente la felicidad y no logran encontrarla. ¿No será que lo que hay que buscar no es la felicidad, sino el cumplimiento de nuestro deber, y que cuando lo conseguimos, la felicidad nos viene dada por añadidura, como un regalo no buscado?
El blog internacional Masticadores FEM publica hoy mi artículo La igualdad entre hombres y mujeres en el mundo, en el que se ofrecen datos sobre esta situación. puedes leerlo aquí.
La violencia es la acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo.
No sé a ti, pero a mí me parece algo más propio de animales que de seres humanos. Entiendo la violencia como lo más lejano al respeto, a la racionalidad, al diálogo, a la buena voluntad, a la falta de libertad, al acoso, a la agresión, a la paz, a la igualdad y al buen sentido de lo humano.
Una de las peores violencias es la que los hombres ejercen contra las mujeres. ¿Por qué? Porque la ejercen entre seres humanos, entre iguales, entre seres que tienen diferente sexo, pero los mismos derechos. Esta es una de las mayores torpezas que un ser humano puede hoy desarrollar: creer que, así como el león es superior a una gacela, los hombres -y, concretamente él- son superiores a quienes tienen otro color de piel, a los extranjeros, a los pobres y, sobre todo, a las mujeres.
No hay ser éticamente más atrasado que el machista. Su interés malsano en mantener los privilegios masculinos lo hace creerse superior a cualquier mujer, particularmente a la que ha convencido para que viva con él. Su supuesta e interesada superioridad le hace justificarse la violencia contra ella, cualquier tipo de violencia: psicológica, económica, afectiva, sexual, física y vital.
Hay que descubrir al violento. Hay que denunciarlo. Hay que descubrirlo antes de que sea demasiado tarde. Hay que aislarlo. Hay que huir de él.
Todos debemos luchar, cada cual desde su situación, contra los machistas que ejercen violencia contra las mujeres.
Ojalá consiguiéramos la paz y la igualdad de derechos de todos y de todas.
Puedes leer aquí un resumen del Nuevo Informe de la UNODC y de ONU Mujeres sobre feminicidios.
Si te fijas bien, casi todo está cubierto por una densa capa de cinismo que puede adentrarse en nuestras mentes.