Este año se cumplen diez desde que murió Concha Casado Lobato y no puedo evitar hacer una semblanza de ella en un tono quizá demasiado personal porque su ingente trabajo es, por fortuna, bien conocido, pero quizá no tanto lo excepcional de su personalidad. La conocí someramente cuando yo trabajaba en Radio Nacional y ella había vuelto a León, su ciudad natal, después de jubilarse, pero de forma más personal en 1990, cuando fui elegida Leonesa del Año. Era la segunda vez que organizaciones de lo más variopinto se habían unido para otorgar ese galardón; la primera, el año anterior, habían elegido a Concha, de modo que coincidimos, codo con codo, en la cena-homenaje...
Puedes leer el artículo de Esther Bajo pulsando aquí.
.webp)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes expresar aquí tu opinión.