domingo, 1 de agosto de 2021

El saber y la ignorancia




El saber ayuda a conseguir una vida buena.

Saber bien lo relacionado con tu profesión, saber cocinar, saber divertirte sin dañarte, saber cómo funciona el mundo, saber qué es lo bueno y qué es lo malo, saber cómo hay que actuar en cada momento, saber disfrutar con las artes, saber qué es lo que hace daño y qué lo que no lo hace, saber sin engaños cómo funciona la sociedad, saber cuáles son los valores que nos hacen más humanos, saber por dónde van las ciencias para no caer en las supersticiones, saber lo interesante que ofrece la vida, saber lo más posible de todo hace que tu vida se llene de progreso, de alegría y de madurez.
La ignorancia conduce a la mala vida, al peligro, a las desavenencias, a los errores, a hacer daño a los demás y a uno mismo, a convertirte en un reaccionario, a la falta de ilusión, a la vuelta a lo viejo, a la inmadurez y a la tristeza.
Ya Rabelais dejó dicho, en el siglo XV, que la ignorancia era la madre de todos los males. Y antes, Sócrates había afirmado que “Solo hay un bien: el conocimiento. Solo hay un mal: la ignorancia”.
No hay más que ponerse a saber y no reaccionar en contra de quien te dice algo razonable.

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