sábado, 15 de abril de 2017

Se acaba la Semana Santa


Se acaba la Semana Santa. Yo recuerdo, de pequeño, que la gente, el pueblo, con fe religiosa o sin ella, se tomaba la Semana Santa en serio.Tenían una noción de respeto que, con fundamento o sin él, aplicaban a las procesiones y a lo que discurría por la calle. Seguramente aquello era la mera vivencia de una tradición, como lo es ahora, pero se notaba el respeto, el valor de las cosas bien hechas, aunque no tuvieran mucho sentido o éste no se les viera. La persona tradicional, la que repite una y otra vez lo mismo sin saber lo que hace, puede que viva sus tradiciones con un cierto estilo con el que consigue hacer las cosas bien. Ahora el mundo se ha desacralizado, pero la gente sigue en la calle viendo imágenes de arte, escuchando piezas musicales y cantos flamencos de saetas y siendo testigos del mecido de los pasos y del colorido de las túnicas y de las dificultades de un trayecto y de la belleza de todo este espectáculo, pero ha perdido el respeto. Yo no soy religioso, ni en el sentido popular ni en el sentido filosófico, pero no me gusta que no se respete lo que hacen otros. Hoy he visto situaciones deprimentes y reveladoras de la situación moral de los ciudadanos. Músicos que se salen de la banda para fumar compulsivamente el cigarro que se han hecho mientras que sus compañeros tocaban, o para tomarse un bocadillo o una cerveza; penitentes o nazarenos, o como se les quiera llamar, ligando en la fila de la procesión o saliendo y entrando a su gusto; gente hablando de fútbol mientras la banda tocaba ‘La madrugá’, esa joya musical de Abel Moreno, que habría que disfrutar siempre. Estas situaciones me parece que son simbólicas y representativas de cómo está el ser humano de hoy. Mucha modernez, mucha apariencia, mucha altanería, pero también mucha mediocridad, mucha bobada, mucha ausencia de valores, mucho vacío. Lo digo de la Semana Santa, pero lo podría decir del Carnaval o de cualquier cosa. Son tiempos de refugios. Buenas noches. Besos y abrazos.