jueves, 22 de abril de 2021

Buleros

 



Las derechas han descubierto la eficacia del marketing político. No suelen tener argumentos, y los que tienen son, en la mayoría de los casos, impresentables, porque se basan en la explotación, el afán por conseguir dinero como sea, el mantenimiento de las desigualdades y la expresión de una realidad deformada y tergiversada de acuerdo con sus intereses privados.

Como no pueden basarse en contenidos atractivos y eficaces para la mayoría de ciudadanos, recurren a técnicas de comunicación para estar presentes en la sociedad. Saben que en política el odio es muy rentable, que la mentira siempre deja un poso útil, que si difaman, algo queda, y que lo importante es que se hable de ellos, aunque sea mal. Por eso usan las técnicas fascistas de Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler (técnicas que deberíamos conocer todos, para no caer en sus maniobras), y el bulo como mensaje.

Se trata de lanzar un bulo llamativo que, por definición, sea falso. Por ejemplo, que la Comunidad de Madrid paga 4.700 euros al mes por cada menor extranjero no acompañado que tutela, lanzado por Vox. O el que decía que las Comunidades Autónomas “pueden ocupar viviendas privadas. El 'exprópiese' ya ha comenzado. El régimen chavista empieza a instaurarse en nuestro país. ¡Gravísimo!”, emitido por el PP. O aquél que lanzó la señora Ayuso, que decía que el Ejecutivo de Sánchez “bloqueaba” el material de protección sanitario destinado a la Comunidad de Madrid. O uno de los últimos de esta señora, llamando “mantenidos subvencionados” a las personas que acuden a las colas del hambre.

Los bulos no responden a la realidad. Son burdas mentiras lanzadas a sabiendas de que lo son. Al lanzarlas, se habla ya de quien las lanza -se logra la propaganda- y con ellas se hace daño al adversario. Luego terminan desmintiéndose, pero de ello no siempre se entera quien se ha creído el bulo. Y, al desmentirlo, se vuelve a hablar de quien lo lanzó. Se trata de estar en boca de los ciudadanos y que estos, al hablar del bulo como si fuera verdadero, hagan la propaganda a quien lo lanzó. Y gratis.

Muchos de quienes se tragan un bulo no sabrán jamás que era falso, porque tampoco han tenido nunca interés en comprobarlo. Y hay periódicos que solo buscan el negocio, para lo cual se han especializado en lanzar bulos. No tienen profesionalidad ni ética, solo afán por conseguir dinero como sea. Es el triunfo del lema neoliberal: “Vale todo”.

Lo malo de las mentiras es que es muy difícil volver a creer en quien ha mentido ya una vez. Sin embargo, hay ciudadanos que poseen una enorme y extraña facilidad para no perder la confianza en los mentirosos. En su despiste, creen ingenuamente que los mentirosos los van a defender, por lo que no les importa tragar todas las barbaridades que les pongan delante. Así andamos. Así van algunos, tragando bulo tras bulo, hacia la ruina.


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